
LA VIEJA POLÍTICA (Parte Uno)
Barataria
A un año de las próximas elecciones generales de 2027 que se desarrollarán en Guatemala ya ha iniciado la efervescencia del quehacer electoral. Se apresura la consolidación de partidos políticos, se están perfilando ya algunos posibles candidatos y empieza la oferta electoral. En Guatemala es muy común que desde ahora inicien algunos posibles candidatos a mostrarse como los salvadores del país. Desde alcaldes, diputados y funcionarios públicos en activo, hasta eternos candidatos que han perdido elección, tras elección, o aquellos nóveles políticos que empiezan a descollar en el panorama electoral.
La carrera por los puestos de elección popular inicia precisamente durante este mes y se prolonga hasta la elección. Hay dos aspectos que quisiera tratar en este artículo: El primero tiene que ver con la autoridad electoral, el Tribunal Supremo Electoral y las normas jurídicas que regulan las elecciones y el segundo tiene relación con los políticos, aquellos aspirantes a cargos de elección.
En cuanto al Tribunal Supremo Electoral, desde el momento en que se promueve la elección a magistrados inicia un verdadero choque de fuerzas, para que queden aquellos aspirantes que van a responder a determinados grupos de poder, así, la designación de estos magistrados puede marcar la senda por el que se encarrilará la elección. Muchos magistrados que han presidido este órgano electoral han sido promovidos y favorecidos por un poder fáctico, pero en el devenir de la elección se “han volteado” y dado la espalda a ese grupo porque recibe otras fuertes presiones de algún otro poder más poderoso como sucedió en la ultima elección con la presidenta de ese órgano electoral.
Tenemos una Ley Electoral muy parchada, cada cierto tiempo se le hacen arreglos para que se acomode a los candidatos de turno que tienen peso político como la ultima reforma a la ley electoral de 2016 realizada por la mayoría del congreso dominado por la UNE en contubernio con la CICIG que pretendía favorecer a la candidatura de Sandra Torres y que al final tampoco se ganó.
Así, por ejemplo, se plantearon reformas poco más que estúpidas avaladas por la siempre servil Corte de Constitucionalidad. Reformas como la exigencia de un finiquito que otorga la Contraloría General de Cuentas para que el candidato pueda ser inscrito, hace que si el candidato tiene una denuncia por muy espuria que sea, simplemente no podrá participar, o sea que le dejan la decisión de permitir o no la participación ni siquiera al Tribunal Electoral, sino que a un ente que debe fiscalizar el buen uso de los recursos públicos como es la Contraloría y que, de todas maneras, no lo hace.
Otra de esas novedosas reformas se refiere a acortar los tiempos de campaña electoral y sancionar hasta con la no participación de un candidato si se comprueba que hace “campaña anticipada”. Lo ridículo de esta reforma hecha a la medida de los transeros es que, mientras que funcionarios públicos, léase alcaldes, ministros, diputados y otros están desde que toman posesión haciendo campaña electoral con fondos públicos, publicitando obras y pagando netcenters y prensa a granel, aquellos que quieren participar se tendrán que conformar con poco más de tres meses para que los conozcan en todo el territorio y eso no solo es una ventaja manifiesta, sino que es una vergüenza del sistema hecho para facilitar las reelecciones. El origen de esta reforma hecha por la UNE, CICIG Y CC era que personas como Sandra Torres, Zury Rios y otros que llevan más de cinco elecciones y cuyo nombre es bien conocido necesiten menos publicidad para conocerlos que algún otro político novel.
Limitaciones de este tipo en lugar de mejorar la oferta electoral la monopolizan porque siempre habrá quienes lleven la delantera. Considero que no debe limitarse el hacer política durante todo el tiempo que se quiera, lo que sí debería controlarse y llevarse un estricto control es el rubro de gastos de campaña porque hay quienes destinan millones de quetzales en campañas electorales con dinero de procedencia oscura en muchos casos sin embargo estos controles son casi inexistentes. De igual manera en lugar de limitar el hacer política, lo que debería controlarse son los gastos en que incurren los funcionarios públicos en promocionar sus obras y salir en los medios todo el tiempo cuando lo están financiando con el dinero de todos los guatemaltecos.
Como se ha establecido el sistema electoral guatemalteco existen muchas argucias que no establecen claramente la democracia e institucionalidad de los partidos políticos. Por lo general “son propiedad” de una persona o un grupo de personas quienes deciden quienes encabezan los listados, a quienes se les asigna casilla y quienes pueden participar. En otras palabras, en las asambleas municipales, departamentales y nacional no hay democracia, hay caciquismo y todo se decide a dedo. De manera que, quienes llegan al Congreso o a los Consejos Municipales en muchos casos es la gente menos apta, la menos capaz y la más ineficiente. Muchos llegan a estos cargos más por transeros y mafiosos que por lo que pueden aportar a la causa. Este forma de manejo de los partidos políticos promovida desde la misma ley electoral le ha hecho un grave daño a la democracia y por ello, resulta muy difícil que los partidos sobrevivan largo tiempo, los que así lo han hecho como UNE, UNIONISTA, VALOR, CREO no es porque sean instituciones fuertes sino que son partidos que tienen propietarios, al desaparecer o apartarse ellos los partidos languidecen, por ello de todos los partidos que han gobernado sobreviven muy pocos a lo largo del tiempo. Ya nadie recuerda a la Democracia Cristiana, el Partido Socialista, PAN, Unión del Centro Nacional y otros que ya no fueron y cuyos integrantes reciclados se colaron en otro partido.
Del acto de elección se pueden escribir muchas columnas, porque sencillamente el sistema este hecho para que el guatemalteco “regale” su voto sin poder elegir realmente nada. Hay listados cerrados para elección de diputados, por lo tanto, si el partido ya decidió que un “mañoso” vaya de primer lugar en la lista, este tendrá muchas más posibilidades de llegar al poder, que alguien que ocupa el quinto lugar, aunque sea una persona valiosa. El sistema de lista cerrada atenta contra la democracia y por lo tanto debería ser modificada a un sistema de listas abiertas en donde el elector puede elegir votando por el primero o bien si le parece mejor opción por el quinto, dentro del partido al que elige. Ese mismo vicio eleccionario se repite en las elecciones municipales. Además del famoso “listado nacional” que ingresa un sinfín de diputados que es un “cajón de sastre” y premia a muchas personas que ni siquiera conocemos. Que es el vicio: sencillamente que el país no es un distrito electoral, por lo tanto ¿A qué distrito representan los diputados electos por listado nacional? Pues no representan a un distrito, mejor fuera redefinir los distritos electorales y así distribuir diputados, en zonas como el distrito metropolitano que, siendo tan extenso deberían ser las zonas de la capital distritos electorales por la población que poseen.
Al final si la trampa está hecha en la ley electoral y de partidos políticos, entonces resulta fácil entender ¿Porqué tenemos los funcionarios que tenemos? ¿Por qué los menos aptos ocupan cargos públicos y son electos no por la voluntad de las personas sino por la voluntad del dueño del partido? ¿Porqué no hay democracia en los partidos? En fin, muchos de los males en Guatemala devienen específicamente de la forma en que estamos siendo sometidos para elegir a las autoridades que nos imponen no a quienes queremos. En Guatemala elegir autoridades es como cuando contrato un pintor para pintar mi casa. El pintor muy simpático no me pregunta qué color quiero para pintar, sino que me dice: “Tengo pintura blanca y pintura color blanco; me gustaría que se decida ¿Con qué color quiere pintar su casa?” Naturalmente el pintor, no me deja elegir entre un abanico de colores, sino que me pone a decidir entre los que ya eligió él que tampoco ofrecen ni siquiera un contraste de colores.
En Guatemala el chiste se cuenta solo porque no hay opciones electorales, todo el diseño electoral tiene defecto de nacimiento y los parches que le han hecho no son correctivos sino agravantes en el diseño. Es un sistema electoral que se encuentra muy desajustado y muy agotado que no va a permitir sino más de lo mismo: autoridades corruptas, que se eternizan en el poder y que hablan de democracia porque para ellos la democracia es una palabra que debe repetirse una vez cada cuatro años, el restante tiempo prevalece un silencio cómplice de aquellos que, por mandato constitucional, debería hacer las reformas en beneficio del pueblo ( los diputados pues).




