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Las catástrofes climáticas y la burocracia

Barataria

Recientemente en la Comunidad Valenciana en España aconteció lo que, quizá será la peor catástrofe climática en Europa; desde que se dieron a conocer las noticias el numero de personas fallecidas y desaparecidas ha ido en aumento y, al parecer no ha terminado el conteo.  Al margen de las pérdidas económicas las cuales serán muy cuantiosas, el drama humano contrasta con la inclemencia climatológica que se cierne sobre los municipios valencianos mas afectados.  Ante la magnitud de los desastres climatológicos cualquier infraestructura por muy moderna que sea termina siendo desplazada o destruida como si fueran de cartón o papel, ver unas decenas de coches literalmente amontonados en una calle que fueron arrastrados por el paso de la tormenta es una escena dantesca como lo que se ve en cualquier película de ciencia ficción. Aun así, en un país como España, que difiere mucho de los países en vías de desarrollo y cuyas administraciones públicas funcionan, el desastre humano es inevitable por muchas razones y la ayuda tarda en llegar lo que aumenta la desesperación y el drama humano.

Guatemala resulta ser un país muy expuesto a los desastres climatológicos, somos un país con características geográficas que nos hacen ser vulnerables.  En efecto, el país se encuentra situado en medio de una intersección de placas tectónicas lo cual le hace un candidato particular para terremotos como se ha demostrado a lo largo de varios siglos, además de su situación en el mar caribe le hace parte de todas las tormentas y huracanes de cada temporada.  Pero lo más difícil resulta ser que cada época lluviosa los peligros son eminentes, hay desbordes de ríos, derrumbes de carreteras, hundimientos de carreteras hace que vivir, caminar o conducir por el país resulte ser un “deporte extremo”.

Es claro y evidente que el cambio climático, los desastres naturales, no se pueden controlar, no son parte de la potestad de los Estados y por lo tanto lo sufren grandes naciones como Estados Unidos, España o México pero que también lo podrán sufrir países como los centroamericanos o caribeños.  Es decir, que dado que ya sabemos a qué nos enfrentamos como país año con año, el Gobierno deberá de hacer algo para crear la normativa necesaria que contenga planes, fondos y estrategias de prevención para que no se continúe arriesgando las vidas de tantas y tantas personas.

El Estado guatemalteco no es necesariamente un ejemplo del respeto a la vida, iniciando por el artículo 1 de la Constitución, la primacía de la vida no es parte de la política gubernamental, si así lo fuera los esfuerzos de cada gobierno estarían enfocados en garantizarla, en protegerla y los planes de seguridad del Estado, de Salud estarían por encima de cualquier otra primacía.  Pero ni en el gobierno del señor Arévalo esta es una realidad, ya va a cumplir un año de ejercicio del mismo y continúa con la cantaleta de que el anterior gobierno lo dejó en trapos de cucaracha y que no puede cambiar el país de la noche a la mañana.  Pero nadie le esta pidiendo que transforme el país de un año a otro, pero lo que si se le exige (no se le pide) es que pare de gobernar de la misma forma que han gobernado sus antecesores: permitiendo la corrupción, dejando que el país continúe en una pendiente, sin frenos y acelerando, sino que cambie el rumbo y combata la corrupción como lo ofreció a los cuatro vientos sin apañarla, como lo hace ahora mismo.

Al margen de todo, las catástrofes climáticas de los diferentes países y del nuestro, deben motivar a los Estados a cambiar sus planes de contingencia o crear nuevos con estudios técnicos y dotar de fondos utilizables sin tanta burocracia para que las víctimas no continúen sufriendo.  Es triste y lamentable que los gobiernos reaccionen tarde ante las tragedias cuando ya no hay o no se puede hacer nada por mas que contabilizar las víctimas mortales.  Guatemala ha vivido tragedias que nos deben demostrar que ya es tiempo de cambiar las cosas, no podemos estar esperando otra tragedia para volver a culpar, sino que deberán de revisarse planes para que no solo se establezcan responsabilidades, que al final quedan en nada; sino que se proceda a planes de prevención serios.  En este caso, es necesario acotar que no se puede continuar con le sistema de CONRED creado hace varias décadas y que ha llegado a ser un elefante blanco, que reacciona tarde y consume muchos millones en nada.  Es momento de que se cambie la forma de hacer las cosas.

Tragedias como las que acontecieron en Florida, Estados Unidos, México o Valencia España, debe hacer ver que se necesita una serie de revisión de planes de programas y crear competencias necesarias para que en Guatemala no pasen tragedidas a mayores porque cada año nos enfrentamos a eso, nos enfrentamos ante la vulnerabilidad climatológica y los efectos del cambio climático que hacen que nuestro país en cada verano hayan incendios por doquier y en cada invierno hayan derrumbes, ríos desbordados, carreteras cortadas y puentes destruidos porque la corrupción estatal y la ambigüedad burocrática, nos han tenido así y de seguir la impasividad del señor Arévalo posiblemente en el próximo año vamos a estar lamentando nuevos desastres con la triste pérdida de vidas humanas.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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