
Las ideologías han muerto, ¡Larga vida a la ciencia!
Idealis Mundi
En una columna –Brasilia se hace amiga de Pekín– publicada nada menos que en una de las más tradicionales e históricas usinas de pensamiento promercado libre del mundo, la Foundation For Economic Education, Jake Scott, cuenta que, a finales de julio, Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil, y Xi Jinping, de China, hablaron durante más de una hora.
Luego, ambos gobiernos difundieron su intención de acelerar un acuerdo comercial China–Mercosur, que lleva mucho tiempo estancado. Paralelamente, hay planes para profundizar la cooperación en el procesamiento de satélites y minerales críticos, y eximir los requisitos de visados de corta estancia. China ya es el mayor socio comercial de Brasil, con un comercio bilateral valorado en USD 188.000 millones, y un acuerdo podría satisfacer otros intereses estratégicos de Brasil, como ampliar el acceso agrícola.
Por cierto, el libre comercio debería ser establecido unilateralmente por cada país sin necesidad de acuerdos burocráticos, aun así, esto supone un cambio importante para Brasil. Durante años, fue Brasilia quien encabezó toda resistencia dentro del Mercosur a este tipo de acuerdo que liberaba parcialmente el intercambio comercial. La reversión fue impactante y repentina, solo dos semanas después de la entrada en vigor de un nuevo arancel estadounidense.
La guerra comercial internacional iniciada por Trump en curso y en escalada, realimentada por aranceles de represalia, ha sido el principal catalizador. A finales de julio, entró en vigor un arancel del 25% que cubre una amplia gama de productos brasileños; según el cálculo de la Confederación Nacional Brasileña de Industria, casi la mitad de las exportaciones brasileñas a los EE.UU. están ahora sujetas a algún tipo de arancel adicional.
Además, los EE.UU. introdujeron un impuesto al «trabajo forzado» del 12,5% para hacer cumplir las prohibiciones de importar bienes supuestamente fabricados bajo estas condiciones en el extranjero, lo que representa una globalización de la prohibición estadounidense existente sobre productos chinos que utilizarían “trabajo forzado”. Así, los productos más afectados llevan un arancel combinado del 37,5%.
Simultáneamente, el bloque Mercosur está trabajando activamente acuerdos paralelos con India, Japón y Canadá, con Brasil en el centro de esta estrategia. Lula ha promulgado el acuerdo Mercosur–Singapur, el primero del bloque con una economía del sudeste asiático, bajo el cual las exportaciones brasileñas entrarán progresivamente en el sistema libre de aranceles.
Este cambio de estrategia la ha dado sus frutos a Lula que ve aumentar a más del 40% la intención de voto, mientras que Flávio Bolsonaro—el principal opositor—ha visto su popularidad disminuir de forma constante desde abril de 2026, lo que significa que la ventaja de Lula se ha ido ampliando. Dice Scott que no lo ayuda a Bolsonaro que su candidatura presidencial sea apoyada por Javier Milei y Benjamin Netenyahu. Y cuánta razón tiene, Milei no solo está perdiendo mucha fuerza en Argentina, sino que el mundo ya advierte el inocultable fracaso de su administración.
En enero de 2023, Lula viajó a Montevideo para sostener que el Mercosur debería asegurar primero un acuerdo con la UE y solo después negociar con China. Ahora, con este acuerdo firmado con la UE en Asunción en enero de 2026—tras 26 años de negociaciones—y entrando en vigor en Brasil en abril, el obstáculo había sido superado.
Resta ver la actitud del presidente argentino, Javier Milei, que está ideológicamente en contra de China -aunque en la práctica no puede desentenderse a pesar de la presión de su socio Trump- y quizás amenace con vetar cualquier acuerdo que persiga el Mercosur.
Por cierto, el régimen comunista chino, tiránico e inhumano, es indefendible, pero un error grave sería atribuir el notorio crecimiento económico del Dragón Rojo durante las últimas décadas al comunismo, este crecimiento es claramente explicado por la ciencia, no por su ideología.
Con Deng Xiaoping, China inició a partir de 1978 el Gaige Kaifang, o Reforma y Apertura, proceso que emprendió para recusar al maoísmo y abrirse al mundo y al sector privado, y creció espectacularmente siendo hoy la segunda economía más grande del mundo por PIB nominal, superando a Alemania en 2007 y a Japón en 2010.
«No importa si el gato es blanco o negro, sino que cace ratones», fue la famosa frase de Deng marcando que lo que impacta es la realidad, lo que la ciencia propone, las acciones que realmente ejecutan los gobiernos, no las ideologías que dicen representar.
La explicación filosófica, científica, es simple. El Estado, con su monopolio de la violencia -violencia que necesariamente destruye siempre- impone sus “leyes”, ergo, cuanto menos intervenga en la sociedad, menos destrucción ocurrirá. Así de simple, así de directo sin que importe el discurso político, el “color del gato”.
Algo similar ha ocurrido en Irlanda, que se convirtió desde uno de los países más pobres de Europa a uno de los más ricos y todo este proceso realizado con los mismos partidos políticos populistas que, más allá de sus discursos ideológicos, revirtieron sus acciones y encararon políticas de fuerte reducción del peso del Estado.
Como contraejemplo están los EE.UU. que, con Trump, han encarado un proceso de aumento de la injerencia estatal. Y, en el colmo de la ideologización, Milei que a pesar de su discurso “ultraliberal”, “libertario” ha aumentado el tamaño del Estado ya que, si bien lo redujo en términos absolutos, a raíz precisamente del aumento del peso estatal -la presión fiscal- el sector productivo, el privado ha caído aún más, con lo que el tamaño relativo -que es lo que cuenta- del Estado en relación con el sector productivo es más grande.
De modo que, así como es un grave error científico atribuir el fuerte desarrollo económico chino e irlandés a ideologías comunistas o populistas, también es un grave error científico atribuir la destrucción de la economía argentina al libre mercado, error que está propagando Milei con su discurso ideológico al punto que hasta el Financial Times cae en el equívoco de atribuir el récord histórico de deuda familiar incobrable a las “reformas pro mercado” de Milei lo que es falso, es contrario al sentido común y a la ciencia.
De paso, todo este proceso viene bien para decantar el mundo académico, y diferenciar aquellos que son verdaderos científicos -y por tanto ven claramente la situación- y los que son meros propagandistas -con muy poco si algún carácter científico- y se han dejado engañar por el discurso de Milei, sin considerar seriamente los hechos reales.
Corolario: las ideologías hoy más que nunca son solo discursos inútiles y engañosos de políticos que, generalmente, no cumplen lo que dicen y que nada tienen que ver con la realidad, con la ciencia. Lamentablemente, al manejar al Estado con el enorme poder que esto supone, tienen una amplia difusión y, aun cuando una mayoría no les cree, todavía muchas personas confían ingenuamente en el discurso de algún político que les parece “veraz y honesto”.




