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Navidad: efectos sociales permanentes

GuilleRecientemente, se recordaba que estos días, por la Navidad, son días en que la familia y los amigos se reúnen, son de alegría y de compartir lo mejor de uno y que este querer compartir significa el aprecio que les tenemos. Y esto debe mantenerse. Toca el tema de la incidencia en la sociedad del nacimiento que se celebra. Lo plateaba el sociólogo americano Peter Berger en un artículo escrito en su blog de The American Interest, donde explica que también deben valorarse las creencias religiosas por sus efectos en la sociedad. Recogía el tema la entonces ministra de Asuntos Exteriores de Noruega, Janne Haaland, cuando advertía contra la tendencia a considerar la religión como un asunto privado; porque según esta profesora de la Universidad de Oslo, “ello implicaría que uno puede hacerse cristiano como una cosa privada, como un hobby: como unos coleccionan sellos, otros son religiosos. Este modelo no es realista”.

La Dra. Haaland explica que la religión y la política son dos esferas independientes pero que tienen un campo en común: la concepción del ser humano. Y ello es benéfico para la entera sociedad. No se trata de crear Estados cristianos, sino Estados basados en la verdad sobre el ser humano. Según la ministra noruega, hay cuatro áreas en las que los cristianos deben ser especialmente activos: «la promoción de la dignidad humana, el apoyo a la familia, la libertad religiosa y la solidaridad». La sociedad debe tener un patrimonio común; y su fondo es lo que llamamos valores, enraizados en la misma naturaleza humana, y que a su vez dan coherencia a la misma sociedad. Una nación debe poseer este patrimonio común; porque sin valores se haría imposible la convivencia y se destruiría cualquier cultura desarrollada Y ello es lo que se crea y fortalece con el Nacimiento que celebramos estos días.

«Cuando la democracia abandona los principios morales se tiende a disponer de la vida del hombre como un producto.»

Este florecer de esos principios que trae implícitos la Navidad importa mucho a la sociedad como tal, porque se van difundiendo los  valores intangibles de la naturaleza humana -los que no se pueden, no se deben tocar- para que se encarnen en  la sociedad civil. De hecho, el relativismo -el no saber a dónde se va, qué es la persona, la familia, la sociedad- destruye la convivencia social.  Por otra parte es bueno recordar que cuando la democracia abandona los principios morales se tiende a disponer de la vida del hombre como un producto. Una tendencia que desgraciadamente se convierte en una realidad..

Por ello exponía esta idea el escritor norteamericano George Weigel quien afirmaba en una entrevista a ABC de Madrid, que hoy las ideas cristianas son una fuerza liberadora en la sociedad, pues parte de su contribución actual a la defensa del derecho a la vida, verdad que no requiere fe para entenderla. Y que los principios cristianos son una fuente de “las condiciones morales que hacen posible la democracia”: como la conciencia de la dignidad humana o la libertad religiosa. Y así se fortalece la sociedad, sin necesidad de hacer por eso un “estado confesional”. Como se señalaba, estos días pueden ser ocasión de transmitir los valores que entrañan la vida social; y, además… la pasamos bien contentos.