Platón, o la metamorfosis del Estado
Logos
El filósofo, matemático y físico Platón nació en Atenas (o quizás en la isla de Egina), aproximadamente en el año 427, y murió en el año 347, antes de la Era Cristiana. Su nombre original era Aristocles. Tenía 23 años de edad cuando Atenas fue gobernada por treinta tiranos, que asesinaron a no menos de mil atenienses y confiscaron los bienes de sus enemigos políticos, algunos de los cuales tuvieron que exiliarse. Esa tiranía duró solamente varios meses. Tenía 28 años de edad cuando su maestro Sócrates. sometido a proceso judicial, acusado de corromper a la juventud ateniense y adorar dioses extraños, fue objeto de sentencia de muerte.
Platón es el primer gran filósofo de la política; y el primero que, en su obra Πολιτεία, o Politeia, o De la Polis, o Del Estado, clasificó las formas de gobierno del Estado. También es el primero que se ocupó de la metamorfosis de las formas de gobierno del Estado, o transformación de una forma de gobierno en otra; y el primero que intentó explicar el origen del Estado. El segundo gran filósofo de la política que clasificó esas formas, y se ocupó de la metamorfosis de esas mismas formas, e intentó explicar el origen del Estado, fue Aristóteles, discípulo de Platón, en su obra Πολιτικα, o La Política.
Platón distingue cinco formas de gobierno: aristocracia, timocracia, oligarquía, democracia y tiranía. Son formas de constitución del Estado, en el supuesto de que, como afirma Aristóteles en La Política, la constitución de un Estado consiste en su forma de gobierno. Podemos afirmar, entonces, que, en la filosofía política de Platón, la metamorfosis de las formas del Estado es metamorfosis constitucional.
Platón afirma que el Estado aristocrático se transforma en timocrático; el timocrático, en oligárquico; el oligárquico, en democrático; y el democrático, en tiránico. Examinemos las clases de formas de gobierno y su metamorfosis o transformación, a partir de la aristocracia.
Estado aristocrático. Es el Estado justo; aquel en el cual cada quien se dedica a cumplir solamente la función para la cual es más apto. Gobierna, entonces, aquel que es más apto para gobernar, y no aquel que es electo por la mayoría de los ciudadanos, o aquel que es el más rico, o aquel que tiene más poder militar, o aquel que es agricultor, albañil o escultor. Es el gobierno de los mejores; pero de los mejores para gobernar.
La finalidad del Estado aristocrático es la felicidad de todos los ciudadanos, y no solamente la de algunos, como ocurre en otras formas de gobierno, como la timocracia y la oligarquía.
Los ancianos deben gobernar; pero entre ellos se debe elegir a los mejores, mediante tres pruebas.
Primera. Haber conservado, durante su vida, el interés por procurar el bien de todos los ciudadanos. Desde la infancia, tienen que haber sido expuestos a circunstancias en las que podían ser seducidos y engañados, y no actuar para procurar el bien de todos.
Segunda. Haber tenido la mayor resistencia en el trabajo fatigoso, la guerra y el dolor.
Tercera. Haber soportado circunstancias dolorosas y haber resistido tentaciones placenteras.
Afirma Platón: “Y elegiremos para gobernar el Estado a quien, en la infancia, en la juventud y en la edad adulta, haya pasado por estas pruebas y persistido en estado puro.”
“Le colmaremos de honores durante su vida y, después de su muerte, le erigiremos… monumentos destinados a recordarlo. Quienes no hayan pasado exitosamente esas pruebas no podrán gobernar. Tal es la manera como debemos actuar en la elección de gobernantes y guardianes del Estado.”
En el Estado aristocrático los gobernantes deben ser filósofos, porque en los filósofos logra excelencia la facultad racional, que es la requerida para gobernar. Platón se expresa en estos términos: Si gobierno y filosofía no residen en un mismo ciudadano “no es posible eliminar los males que destruyen el Estado, ni los males del género humano…”
El filósofo es amante de la sabiduría; y la sabiduría consiste en el conocimiento de la esencia de las cosas, es decir, conocimiento de aquello que realmente las cosas son. El conocimiento del filósofo es ciencia; y el objeto de la ciencia es el ser. El objeto de la ignorancia es el no-ser. Entre la ciencia y la ignorancia está la opinión, que es conocimiento de la apariencia.
El hombre aristocrático es racional; lo cual significa que en él gobierna la parte del alma llamada logistikon, que es la razón, y no la parte llamada thymoeides en la que reside la ira, ni la parte llamada epithymetikon en la que reside el deseo de placeres. In summa: el hombre aristocrático se gobierna por la razón, y no por las emociones o por los apetitos.
El Estado aristocrático se transforma en timocrático. La timocracia es la forma de gobierno en la cual los hombres no aptos para gobernar, que son los hombres que Platón llama hombres de hierro y bronce, se enriquecen y adquieren poder. Los hombres más aptos para gobernar, que son los hombres que Platón llama hombres de oro y plata, intentan conservar el poder; pero finalmente se alían con los no aptos que han adquirido irresistible poder, para repartirse la riqueza.
Con esa clasificación metálica de los hombres, Platón alude a una historia fenicia. Según esa historia, la divinidad creó con oro a aquellos que estaban destinados a gobernar. El ser humano de oro era el más valioso. La divinidad creó con plata a aquellos que estaban destinados a auxiliar a los hombres de oro; y creó con hierro y bronce a aquellos que estaban destinados a ser labradores y artesanos.
El Estado timocrático es una forma intermedia de gobierno. Es una transición desde la aristocracia hacia la oligarquía. Los mejores, aquellos que son más aptos para gobernar, ya no gobiernan. Gobiernan aquellos “nacidos más para la guerra que para la paz.” La guerra adquiere más importancia y hay que estar siempre dispuesto al combate. El hombre timocrático está “ansioso de riqueza.” Es “adorador del oro y de la plata”; y oculta su riqueza, con el fin de no ser obligado a restituirla, o de no ser despojado de ella.
Afirma Platón: “Será, pues, avaro con su dinero, al cual ama y lo posee clandestinamente, y será dadivosos con los bienes de los demás a causa del propósito que tiene de satisfacer sus pasiones. Entregado en secreto a todos los placeres, se oculta de la ley, como un hijo licencioso se oculta de su padre…”
El Estado timocrático se transforma en oligárquico. La oligarquía es la forma constitucional del Estado en la que gobiernan plena y exclusivamente los ricos. Los pobres no pueden gobernar, aunque sean los más aptos para tal función. Domina de manera creciente “la pasión por acumular riqueza”; y cuanto más prestigio tiene la riqueza, menos prestigio tiene la virtud. “La virtud y el hombre de bien tienen menos valor en un Estado en el que se valora más al rico y la riqueza.”
Afirma Platón: “Por consiguiente, los ciudadanos ambiciosos y amantes de honores se convierten en codiciosos y avaros. Todo elogio y toda admiración es para los ricos. Solamente ellos pueden ejercer funciones públicas, y es suficiente ser pobre para ser despreciado.” El Estado oligárquico realmente es un doble Estado: uno de los ricos y otro de los pobres. Y surge el conflicto entre ricos y pobres.
Agrega Platón: “Los gobernantes, que ejercen el poder por la inmensa riqueza que poseen, no reprimen, mediante la aplicación severa de las leyes, el libertinaje de los jóvenes corrompidos, ni impiden que se perjudiquen con su despilfarro, porque su propósito es comprar sus bienes y otorgarles préstamos con altos intereses, y así aumentar su riqueza y su prestigio.” Los ciudadanos víctimas de los oligarcas se vuelven enemigos de ellos, y ansían derribarlos con una revolución.
El hombre oligárquico concede supremo valor a la riqueza. “En todo busca ganancia. No piensa más que en acumular riqueza, y en suscitar la admiración del vulgo.”
El Estado oligárquico se transforma en democrático. La democracia es, para Platón, la forma de gobierno en la que predomina una licenciosa y hasta ilimitada libertad. Es el reino del libertinaje. Platón la desprecia. Se anticipa al desprecio por ella de algunos de los fundadores de Estados Unidos de América, como Samuel Adams, Alexander Hamilton, James Madison y Fischer Ames.
La oligarquía se transforma en democracia porque “los pobres triunfan sobre los ricos, degüellan a unos, destierran a otros y reparten entre ellos el poder del Estado y la administración de los negocios…”
No se reconoce la autoridad de los magistrados. La libertad se expande hacia todo. Hay anarquía familiar. Hasta los animales disfrutan de libertad y se vuelven anárquicos. Sobre esto, con ironía o con sarcasmo, afirma Platón: “Los animales domésticos son, en la democracia, más libres que en ninguna otra forma del Estado… Los caballos y los asnos, que ahora marchan con la cabeza erguida y con altivez, colisionan con todo lo que obstruye su paso.”
En un Estado democrático la libertad es el más precioso de los bienes. Es un Estado “consumido por una sed ardiente de libertad”, y llega a ser gobernado “por malos escanciadores de libertad, que la derraman pura y es bebida hasta la embriaguez.”
El hombre democrático tiene libertad de hacer lo que quiera. “Cada ciudadano dispone de él mismo y elige el género de vida que más le agrada. Es el régimen con más clases de hombres.” Y “cada uno puede buscar la forma de gobierno que le convenga porque la democracia comprende todas las formas de gobierno, gracias a la licencia que cada cual tiene para vivir como quiera.” La democracia es, así, “un mercado en el cual se venden formas de gobierno de cualquier clase.”
El Estado democrático se transforma en tiranía. La tiranía es la forma de gobierno en la que el poder político es ejercido arbitraria, violenta y despóticamente. Platón expone cinco etapas del proceso de transformación de la democracia en tiranía. Ellas son:
Primera. En la asamblea del pueblo los pobres, que son la mayoría, exigen obtener la riqueza de los ricos.
Segunda. Quienes presiden la asamblea intentan complacer a los pobres. Expropian a los ricos, reparten su riqueza entre el pueblo, aunque conservan para ellos la mejor parte.
Tercera. Los ricos intentan defenderse. Se suscitan conflictos entre facciones o entre partidos.
Cuarta. Surge un político en el cual el pueblo confía. Es el protector del pueblo, que es glorificado y dotado de gran poder. El pueblo se vuelve sumiso.
Quinta. El protector comienza la persecución violenta de sus enemigos; e instituye la tiranía. El pueblo comprueba que la libertad excesiva ha sido sustituida por la esclavitud.
El Estado tiránico es el más desgraciado de todos los Estados. “No hay otro Estado en el que sean más las quejas, las lágrimas, los gemidos y los profundos dolores.”
El hombre tiránico “es el más malo de los hombres.” Es también el más desgraciado porque es víctima de la tiranía de sus propias pasiones. Su alma gime porque “su parte más excelente está sometida a los caprichos de la parte más despreciable, más depravada y más furiosa.”
Post scriptum. La tiranía puede ser derribada; e idealmente se retornaría a la aristocracia y podría repetirse indefinidamente el ciclo de transformación de las formas constitucionales del Estado. ¿Cómo se evitaría esa repetición, a partir de la aristocracia? Implícitamente Platón cree que se evitaría si el Estado aristocrático es gobernado por aquellos que son filósofos y han pasado aquellas tres pruebas: actuar para el bien público, resistir el trabajo fatigoso, el combate bélico y el dolor; y no ceder a maléficas tentaciones placenteras. Es decir, con gobernantes tales, la aristocracia no se transformaría en timocracia y no continuaría la transformación de la timocracia en oligarquía, y de la oligarquía en democracia y, finalmente, de la democracia en tiranía.

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