OpiniónColumnas

¿Qué hay de nuevo?

Punto de vista

Todavía no empieza oficialmente el proceso electoral de 2027 y Guatemala ya está en campaña.

Los nombres empiezan a circular, las fotografías reaparecen, las giras se multiplican y las redes sociales se llenan de mensajes preparados. La campaña anticipada vuelve a estar frente al Tribunal Supremo Electoral, mientras los ciudadanos observamos, una vez más, cómo las reglas parecen ir detrás de la política.

Pero esta vez tengo otra pregunta. ¿Qué hay de nuevo? Porque llevamos años escuchando los mismos temas: corrupción, transparencia, seguridad, desarrollo. La promesa de que ahora sí las cosas serán diferentes.

La anticorrupción se convirtió hace mucho tiempo en una de las grandes banderas electorales del país. La hemos escuchado tantas veces que ya no debería bastarnos que alguien diga que viene a combatirla. Lo que deberíamos preguntar es cómo y, sobre todo, qué resultados puede mostrar.

El gobierno de Bernardo Arévalo llegó precisamente con una enorme expectativa de cambio. Representó para muchos la posibilidad de hacer política de otra manera, de recuperar instituciones y de romper con prácticas que durante años habían generado rechazo ciudadano. Sin embargo, una cosa es llegar al poder como símbolo de renovación y otra muy distinta es ejercerlo, porque después de casi tres años de gobierno, la pregunta es inevitable: ¿qué cambió realmente?

¿Qué institución funciona hoy sustancialmente mejor? ¿Qué problema estructural comenzó a resolverse? ¿Qué reforma profunda puede señalarse como resultado de esa promesa de renovación?

Las respuestas importan porque en 2027 volveremos a escuchar exactamente las mismas palabras y probablemente veremos también a algunos de los mismos protagonistas.

La política guatemalteca tiene una extraordinaria capacidad para reciclar candidatos. Cambian de partido, de discurso, de colores o de aliados, pero no cambia la manera de hacer política: clientelar, coyuntural y, en demasiados casos, basada en la compra de votos.

Las redes sociales aparecerán nuevamente en las elecciones de 2027. Los candidatos entendieron que tienen que estar allí. Un video puede hacerse viral, una fotografía puede convertirse en símbolo, una frase puede circular durante días, un candidato puede acumular miles de seguidores y construir una comunidad digital en poco tiempo, pero hay que tener cuidado en no confundir popularidad digital con liderazgo político. La viralidad no es liderazgo.

Asimismo, los jóvenes que votarán en 2027 han crecido dentro del ecosistema digital. No necesariamente esperan los discursos tradicionales, ni tienen paciencia para escuchar durante horas las mismas promesas y tampoco significa que puedan ser conquistados simplemente hablando como ellos en redes sociales. También quieren respuestas.

Buena parte del discurso político parece seguir hablando del país de hace veinte años o más. Seguimos escuchando las mismas soluciones para problemas que ya no son los mismos y las acciones nunca llegan. Quizá por eso existe tanto hartazgo.

No necesariamente porque los ciudadanos hayan dejado de interesarse por la política. Tal vez, estamos cansados de que la política vuelva siempre al mismo lugar: cansados de los mismos nombres, caras, promesas, fotografías y discursos. También, de mentiras.

Por eso creo que esta elección debería comenzar con una pregunta mucho más incómoda que quién va adelante en las encuestas: ¿Qué van a hacer diferente? Lamentablemente, no encuentro la respuesta.

Quizá ese sea precisamente el problema. No estamos ante una ciudadanía que ya no quiera participar, sino ante una ciudadanía que vuelve a exigir algo distinto. Si quienes aspiran a gobernar no son capaces de ofrecerlo, no deberían sorprenderse cuando el hartazgo termine convirtiéndose en indiferencia. 

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Grisel Capó

Candidata al doctorado de Liderazgo Organizacional de la Universidad San Pablo de Guatemala. Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de la República Oriental del Uruguay. Magister en Relaciones Internacionales por la Universidad Rafael Landívar. Pos- Grado en Estrategia Nacional del Centro de Altos Estudios Nacionales de Uruguay y egresada del Centro de Estudios Hemisféricos de la Defensa, Estados Unidos. Diplomado en Antropología de las ciudades por la Universidad Rafael Landívar y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social de México, entre otros cursos.

Avatar de Grisel Capó

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.