
Regresar a los diálogos multiactores
Punto De Vista
Luego de los Acuerdos de Paz de 1996, comenzaron procesos de democratización y apertura para discutir los grandes temas nacionales y construir un nuevo Estado sobre bases democráticas.
Uno de los temas que no había tenido avances hasta 1999, era el de seguridad, no existiendo un esfuerzo institucional para desarrollar las orientaciones políticas y marcos normativos acorde a un estado democrático. Ante esta situación, es que nace el proyecto Hacia una política de seguridad para la democracia (POLSEDE), un esfuerzo para realizar el abordaje constructivo en torno a la problemática de las relaciones entre sociedad, Estado y fuerzas armadas en Guatemala. POLSEDE, fue desarrollado entre octubre de 1999 y febrero de 2002. Dicha experiencia fue construida en base al diálogo sincero, la negociación y el consenso; guatemaltecos pertenecientes a distintos sectores participaron en este esfuerzo a lo largo de 30 meses, sustentado sobre la base de un proceso de investigación académica, cuyos documentos y recomendaciones se caracterizaron por su calidad técnica y sobre todo por su legitimidad política.
Producto del gran trabajo anterior, nace otro esfuerzo de diálogo multiactor, llamado Red Guatemalteca para la Seguridad Democrática (REDGUA) y la Comunidad de Defensa, espacios de intercambio de conocimientos y opiniones, en un marco de respeto y consenso.
Para el caso de la REDGUA, inició sus actividades el 15 de abril del 2002, sus primeros integrantes provienen del proyecto POLSEDE, siendo su interés fundamental, difundir, incidir y aplicar el paradigma de la Seguridad Democrática. De dicho espacio surge la discusión y propuesta de la Ley Marco del Sistema Nacional de Seguridad, creando así el marco conceptual e institucional para el sistema de seguridad del Estado. Por su parte, la Comunidad de Defensa se fue consolidando hacia el año 2003, como un espacio de diálogo que amplió y validó documentos como el Libro Blanco de la Defensa Nacional y la Doctrina Militar, que por cierto habría que revisar y actualizar nuevamente.
Si bien los anteriores son algunos ejemplos de espacios multiactores, lo cierto es que comenzaron a desaparecer hacia el año 2009 aproximadamente, cuyas causas las explicaré en otra columna. La pérdida de estos espacios de disenso y consenso, de respeto mutuo, de debates técnicos entre Estado y Sociedad, vuelven a cambiar los términos en que los sectores sociales se vinculan con los gobiernos.
Los diálogos mutiactores juegan un rol sumamente importante en la consolidación de la democracia, en la definición y monitoreo de las políticas públicas y fundamentalmente en aumentar la participación ciudadana y disminuir los términos tradicionalmente verticales de relación con las instituciones del Estado.
Los diálogos multiactores pueden definirse como procesos inclusivos que son abiertos, sostenidos y que son lo suficientemente flexibles como para adaptarse a contextos cambiantes… (y) pueden utilizarse para lograr el consenso o prevenir conflictos -un complemento a y no un reemplazo para las instituciones democráticas como las legislaturas, partidos políticos y órganos de gobierno (Pruitt, B., Thomas, P. 2007). La última parte de esta definición creo que es muy importante, estos diálogos no son un reemplazo de las instituciones democráticas, pero si un gran complemento, fortaleciendo las prácticas democráticas, generando iniciativas de políticas públicas que surgen de la amplia participación de diversos actores, lo cual brinda una mayor legitimidad a las agendas políticas y establece canales de comunicación con el objetivo de lograr cambios más duraderos para el país.
Los diálogos mulitactores cambian los términos a través de los cuales se debaten temas específicos, teniendo el rol fundamental de prevenir la confrontación, de verse cara a cara con las personas que no piensan igual, que tienen diferentes perspectivas y de las cuales nos separan prejuicios en muchas ocasiones. Como decía el antropólogo Solares, lo cierto es que somos diferentes pero equivalentes.
Finalizando, es necesario regresar a los diálogos multiactores, volver a la mesa de negociación y vernos a la cara, llegar a consensos en temas trascendentales del país que son innumerables y urgentes, limitando y evitando el uso de los espacios para agendas personales o intereses políticos espurios.
Si una sociedad está dividida y enfrentada, el Estado será incapaz de articular efectivas políticas que persigan intereses nacionales legítimos. Salir de las trincheras, entender los orígenes de los problemas y trascender nuestra experiencia subjetiva o ideológica, para encontrar los rasgos objetivos, construir una sociedad con nuevos contenidos y mecanismos que correspondan a las necesidades e intereses de una comunidad política democrática (POLSEDE, 1999).

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