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Si te vienen a contar, cositas malas de mi…

Barataria

La popular canción viene como anillo al dedo, al actual gobierno guatemalteco.  El estribillo sigue con frases como “Manda a todos a volar diles que yo no fui… Yo te aseguro que yo no fui, Son puros cuentos de por ahí, tú me tienes que creer a mí, Yo te lo juro que yo no fui…”

El gobierno guatemalteco, se empeña en presentarse como un grupo de honestos, éticos y honorables guatemaltecos que ganaron las elecciones libremente y fueron votados por todo el pueblo guatemalteco, que les vio como la opción más viable para salir de tantos otros gobiernos corruptos que esquilmaron al Estado y sometieron al pueblo a las peores condiciones de vida desde el inicio de la era democrática.  Por ello, con un séquito de “netcenter” ya institucionalizados y con un grupo de partidarios que aún se creen las patrañas que repiten como loros desde el presidente hasta los funcionarios de cuadros medios y la “¿bancada? Del malogrado partido Semilla en el Congreso, continúan argumentando que son lo mejor que le pudo pasar a Guatemala y representan el cambio.

Lo que no se da cuenta el señor Arévalo, su vicepresidente, ministros, funcionarios públicos y diputados es que no basta con llamarse honesto, ético y honorable, sino que hay que serlo.  Además, deben tener muy claro que la política no es un partido de futbol, en donde la fanaticada, la afición o la hinchada de un esquipo le sigue ciegamente criticando al rival, al árbitro, al VAR y hasta las mismas reglas del juego en favor de su equipo, así muchos aficionados ven un penalti, ven injustificada una expulsión o infracciones inexistentes.  En realidad, la política se parece más a cuentos como el de la Cenicienta, en donde el encanto, la belleza y la pulcritud tienen hora determinada y después de medianoche, el coche se vuelve calabaza, los cocheros ratones, el vestido elegante en harapos y la princesa una empleada del hogar.  En otras palabras, muchos de los que confiaron en el actual gobierno van a esperar cuatro años escuchando la cantaleta de que “heredamos estos problemas del anterior gobierno”, porque esa estúpida excusa solo sirve para demostrar lo incapaz y cínico que puede ser un gobierno.

No me puedo cansar de exponer que el señor Arévalo empezó mal su gobierno, se rodeó de un séquito de amiguetes que lo han llevado hasta donde está, son sus consejeros, los que le hablan al oído, los que le asesoran y, probablemente los que quieren verle defenestrado al final.  Después de tantas crisis gubernamentales de las que solo ha habido excusas y falsa desinformación.

Al final de todo, el actual gobierno y todo su sequito, quiero que se le siga creyendo, como dice la canción, si hay cosas malas, no hay que creer, si no hacen nada no hay que creer, si son corruptos no hay que creer, porque ellos juran que no son así.  Pero la realidad es otra, ya casi va a terminar el primer año de gobierno sin mayores avances, con muchas excusas, pero nada diferente.  La corrupción sigue igual o peor, los negocios en el Estado son lo mismo incluso aquellos contratistas mafiosos de otras épocas siguen consiguiendo contratos con el Estado y nadie va a creer que los contratos no traen su respectiva comisión. La inseguridad ni hablar, pero en la cabeza del ministro de gobernación el guatemalteco ya no sufre de este flagelo y puede caminar en las calles tranquilo.

Lo peor que ha hecho este gobierno fue haber traicionado a sus votantes, en poco tiempo ha perdido popularidad y la legitimidad le esta quedando grande.  Muchos de sus votantes ya ven que han sido engañados, incluso en las redes sociales se puede ver a muchos que los apoyaban ahora los critican abiertamente porque no ven ningún avance en ningún campo, sino ven que la cosa publica no ha cambiado y que los vicios, la corrupción y el desdén continúan sin más.

Estoy seguro que nadie les pidió que cambiaran Guatemala en un año, después de tantos gobiernos corruptos, ladrones y mafiosos, esto lleva tiempo.  Pero también estoy seguro, que todos, especialmente sus votantes que no fueron pocos, esperaban ver a personas éticas, honestas, decentes y honorables en los cargos públicos.  Todos querían ver ministros probos, que no continuaran con los negocios que dejaron los anteriores, que fueran transparentes y no se dejaran corromper.  Todos querían ver que los contratos de los hospitales fluyeran para que hubiera medicinas para los pacientes y, que sus familiares no fueran a las farmacias a comprarla porque el hospital no tenía.  Todos esperaban que el Ministerio de Comunicaciones terminara con la corrupción que lleva años y que tiene a las carreteras en trapos de cucaracha.  Muchos más esperaban un gobierno austero, como siempre lo gritaban en el Congreso cuando eran una bancada de oposición, que no sucumbieran ante el arca llena, para gastar a miles, como lo hace el presidente con sus gustos de mandatario.  En otras palabras, nadie esperaba que cambiara la situación del país de la noche a la mañana, pero lo que sí esperaron todos y aun no ven es que el gobernante y su sequito fueran diferentes a los anteriores, es decir que como personas y funcionarios hicieran diferencia entre los mafiosos, corruptos y ladrones y los honestos, éticos y honorables.  Tal parece que cada día que pasa Arevalo es igual a Giammattei, Morales, Pérez Molina para mencionar algunos, los diputados del cancelado partido Semilla en el Congreso son igual a los anteriores diputados de Vamos, y los corruptos y corruptores de siempre están felices haciendo de las suyas.

Así, este Gobierno te dice: “Si te vienen a contar cositas malas de mí, manda a todos a volar diles que yo no fui… Yo te aseguro que yo no fui, Son puros cuentos de por ahí, tú me tienes que creer a mí, Yo te lo juro que yo no fui…”

Allí usted si les sigue creyendo, pero para mí son lo mismo o un poco peor…

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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