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Sonidos últimos presentes

Anotaciones

Al amigo eterno Angel Caballero Gentil

Dejad de rezar y de darse  golpes en el pecho, lo que quiero, que hagáis es salir al mundo a disfrutar de vuestra vida.
Baruch Spinoza.

¿Cuáles son los sonidos de la última noche?

Los gatos maúllan y corretean en los techos vecinos y, siempre viene uno, a aruñar la ventana todas las madrugadas.

Ese ritual se corta por la bulla humana, lamentos, sollozos y, en vano voy a la ventana de mi cuarto; las despedidas finales no se parecen al cine, porque, hasta; se agradece la partida en sana paz…

Es cierto, que desde que nacemos morimos un poquito todos los días y, eso me recuerda al reclamo de mi hija, al decir:  “no te apegues al perro, mamá; porque se mueren antes que nosotras , ya está mayor y, yo estoy joven. No te preocupes al viajar, saca una foto y !listo!”.  Me trajo a tierra su reclamo y pude reflexionar en torno a la muerte, la vejez, la muerte “temprana”, “esperada”, “voluntaria”… 

Nunca abracé la fe católica, un poco la oriental; quizás el chamanismo con el humanismo, pero, si viene la Parca, será bienvenida y, que absurda soy, al decir esto, ¿si al fallecer, no me voy a dar cuenta o sí?.

 Decía el filósofo Spinoza que todo está vivo, que dios es el orden mismo de la naturaleza, en la fuente de los ríos, lluvia, viento, árbol, piedra, estrellas… amaba el disfrute de la vida en todo momento, una especie de Panteísmo que me recuerda a las culturas prehispánicas como la ciudad sagrada  Caral que visité, en medio del desierto al sur de Lima a casi cuatro horas, de calor “cáustico” y ese aire divino del Océano Pacífico, abrió un poco mi “sensi pensar” y llorar en ese tremendo paraje en medio de piedras, huellas y respiros ancestrales, tocar la quincha, las pirámides, las bolsas de shicras milenarias encendieron la maravilla del milagro, en  esa soledad con el universo… moría, nacía…

El temor condicionado, las enfermedades percibidas como castigos, sufrimientos y, golpes de pecho  por “n” culpas imaginadas nos corroen, y la realidad es que sí hay dolor, pero el sufrir no puede condicionar la vida, cuando la vitalidad está en todas las fases del ser, al estar y no estar, la muerte nos acompaña o como manifiesta Derridá, la vida no es solo estar vivo, sino sobrevivir, cuando “vida-muerte” son caras de la misma moneda; todos los días nacemos y morimos y no nos damos cuenta…

 En la mañana, me busca el señor del Uber, de soslayo vi algo, que tenía en la mano izquierda, la apretaba, noto que es un crucifijo; ayer fue miércoles de ceniza y, trata de ocultar y, me cercioro del color morado. Me enternece, un hombre mayor de cabello blanquísimo, en silencio maneja y, por una  encrucijada, para llegar a Santo Domingo aparece un carro de frente y el tipo, insulta al señor…  me dice “por poco nos choca y seguro está drogado” sí le respondo y, vea tan de mañana, por una ñinguita nos salvamos, y ¿cómo se llama este río, el puente?, y, yo estrenando mis zapatos rojos en  honor al nuevo año chino, del Caballo de fuego; me echo a reír.

Este señor es una biblioteca de medicinas, porque fue visitador médico rural por 25 años y conoce palmo a palmo Costa Rica; dejó de trabajar en la pandemia y conoce las conductas de motociclistas y choferes, y se aferra a “solo la calma y la fe”.  Hablamos sobre la muerte, accidentes por falta de prevención y, “nunca he tenido un choque… por mas que uno respete su canal, distancias, semáforos, salen gente trastornada que causan desgracias y casi nadie está preparado para la muerte, pero el apoyo espiritual, la aceptación del proceso natural,  hace sufrir menos, claro; hay mucho dolor, y, aceptar, comprender, que eso pasa, el dolor y más bien, esa persona fue llamada para compartir la magna presencia de dios, el paraíso…» 

Le respondo, que sin profesar credos y religiones, soy creyente de la divinidad humana, con cielos e infiernos y que sé yo,  pienso en los gusanos  gordos que nutren la tierra a la pachamama  y, así nos  vamos de viajes…

En la cultura incaica, la muerte es un viaje y, les preparan con sus respectivos equipajes y, tampoco existe la palabra adiós, siempre decimos nos estamos viendo, nos vamos a topar “tupananchiskama”. Muchas viudas esperan en las puertas de sus casas al esposo y ya, en la tardecita noche, se guardan en su cuarto, para luego, seguir en esa espera del viaje, otras no aceptan la pérdida y caen en duelos profundos, crónicos y depresión.

Un hombre libre en nada piensa menos que en la muere, y su sabiduría o es una meditación de la muerte, sino de la vida
 Spinoza

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Ana Anka

Ana Anka (Lima, Perú, 1955), residente en Venezuela. Soy escritora, poeta, articulista, promotora cultural, editora, Psicóloga, locutora, he sido profesora de psicología de la Universidad de Oriente, Núcleo Monagas y Psicóloga en Educación Especial de la Zona Educativa del estado Monagas. Desde 1992 vivo en Maturín, Monagas, Venezuela. Entre mis libros publicados figuran: Ensayos y compilaciones (1987) Mimetismo Pendular. Huídos de Saturno, (1999). Eros y pedagogía (2005), Batería de poetas Avanzadoras (2014), Anacópula, (2017). Desde el mismo punto, (2018). Mis libros los he presentado en ferias internacionales de libros de Venezuela, Costa Rica, Panamá, Cuba y Perú.

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