Columnas

Un año después del escándalo

En los últimos 365 días, en Guatemala han cambiado varias cosas. El escándalo desatado a mediados de abril de 2015, como fruto de una investigación de un año de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig)  y del Ministerio Público (MP), se dio a conocer a detalle el modus operandi de La Línea, estructura especializada en defraudar al Estado desde los principales puertos aduaneros del país.

Si bien el caso a la fecha apenas va en la etapa intermedia en los tribunales de Justicia, todo parece indicar que las participaciones del expresidente Otto Pérez y de la exvicepresidenta Roxana Baldetti van a quedar demostradas al final del juicio.

En el camino cayeron los integrantes de la mafia de cuello blanco, altos funcionarios y privados, que están brindando detalles de una operación que desnudó la corrupción como la cloaca indeseable que es, y no solo como un fantasma que todos suponían que estaba ahí, pero cuya existencia no podían probar.

¿Qué fue necesario? Primero, el trabajo de un ente al más alto nivel que brindara resultados de una investigación científica; la voz inmediata de una ciudadanía capaz de comunicar por los medios digitales a su disposición; y la influencia de medios de comunicación comprometidos con el ejercicio de informar.

El caso de Guatemala, punta de lanza del Triángulo Norte de Centroamérica, levanta la importancia de que es imprescindible la cultura de la legalidad  para que impere la ley.

Hoy el país atraviesa por un momento atípico, pues la ciudadanía tiene la certeza de vivir en un Estado de Derecho aunque hay clara conciencia de que todavía hay un pendiente en el Congreso, donde se emiten las leyes.

Si bien hay un gobierno que fue electo en rechazo a la vieja forma de hacer política, todavía no hay muestras claras de que el demonio de la corrupción esté dominado, y menos, exterminado.

Hay una exigencia ciudadana y observación permanentes del actuar gubernamental, pero hay  varias materias que siguen pendientes.  Sin embargo, todavía faltan muchas páginas por imprimir, blogs por escribir, o imágenes por transmitir, en las que los periodistas hagan sentir su pluma en estos tiempos de altos índices de violencia, inseguridad y corrupción, enemigos acérrimos de la legalidad y de la transparencia.