
¿Un reglamento vigente?
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Hurgar o indagar en la historia siempre ha sido una interrogante, una curiosidad personal para aprender, conocer y no simplemente una sucesión de fechas y eventos lejanos sin relevancia en tu vida diaria, resulta la clave para entender quiénes somos, cómo hemos llegado hasta aquí y hacia dónde podríamos ir.
A través del estudio de los eventos pasados, podemos conocer los procesos que han dado forma a la humanidad y a las diferentes sociedades a lo largo del tiempo, que no solo se limita a los acontecimientos políticos y militares, sino que abarca todos los aspectos de la vida humana, como la economía, la cultura, el arte y la ciencia.
Al analizar documentos y fuentes históricas, podemos reconstruir los hechos y obtener una visión más precisa del pasado. La historia también nos ayuda a desarrollar una conciencia histórica, alimentando la capacidad crítica y el diálogo constante para comprender nuestro propio contexto e identidad; de igual forma, al debatir sobre estos temas, prácticas y mejoras tu habilidad para comunicarte y escuchar a los demás con empatía y respeto.
Aprendido o recordado lo anterior pasemos al meollo de nuestro artículo; recientemente un excelente amigo, educador, me compartió la nota de un periódico (imagen) del siglo pasado – exactamente unos 101 años – donde se mostraba un reglamento o normas para damas, para poder ejercer la profesión como docentes, siendo estas las siguientes:
- No casarse. Este contrato queda automáticamente anulado y sin efecto si la maestra se casa.
- No andar en compañía de hombres.
- Estar en su casa entre las 8:00 de la tarde y las 6:00 de la mañana a menos que sea para atender función escolar.
- No pasearse por heladerías del centro de la ciudad.
- No abandonar la ciudad bajo ningún concepto sin permiso del presidente del Consejo de delegados.
- No fumar cigarrillos. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encontrara a la maestra fumando.
- No beber cerveza, vino ni whisky. Este contrato quedará automáticamente anulado y sin efecto si se encuentra a la maestra bebiendo cerveza, vino y whisky.
- No viajar en coche o automóvil con ningún hombre excepto su hermano o su padre.
- No vestir ropas de colores brillantes.
- 10.No teñirse el pelo.
- 11.Usar al menos 2 enaguas.
- 12.No usar vestidos que queden a más de cinco centímetros por encima de los tobillos.
- 13.No usar polvos faciales, no maquillarse ni pintarse los labios.
Es posible que en este momento usted asuma o responda con gestiones de asombro, sonrisas o risas en tono de burlas, en base a un sinnúmero de limitantes que, si bien respondieron a una época, tratando de ¿magnificar? el magisterio como una muestra de ‘pulcritud’, dignidad, el propósito central era evidenciar como parte del claustro un personal idóneo para la formación y educación de los estudiantes.
No queda dudas que ser docente resulta una profesión excepcional en cuanto a los deberes legales, morales y sociales que las mismas sociedades nos exigen, eso es un hecho real, indiscutible: ser ejemplo, un buen ejemplo a seguir.
Ser docente no contradice el correcto vestir – muchas escuelas, colegios, instituciones – hacen uso de uniformes, que se apoyan en normas – aparte, pero no excluyente es su vida personal y sobre todo (nos los exigen las sociedades) el saber evidenciar un comportamiento dentro del marco del RESPETO, relaciones cordiales, disciplinado, honesto, etc.; pero que además se les garanticen sus derechos, por ejemplo:
- Acceder a oportunidades de capacitación y actualización profesional, lo que les permite mejorar sus habilidades pedagógicas y mantenerse al día con las últimas tendencias educativas.
- Ser incluidos en los procesos de toma de decisiones que afecten a la institución educativa. Esto implica la colaboración en la planificación curricular, la selección de materiales didácticos y la implementación de políticas educativas.
- Ser evaluados de manera justa y objetiva, utilizando criterios transparentes y relevantes.
En fin, una profesión compleja, muy exigente con quienes asumimos dicho rol, pero también una bendición.




