4 historias que nos pueden enseñar a ser mejores seres humanos
Debemos Saber La Verdad
Primera Historia
En cierta ocasión se le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su maíz, que cada año ganaba el concurso al mejor producto.
El agricultor confesó que únicamente se debía a que compartía su semilla con los vecinos.
¿Por qué comparte su mejor semilla de maíz con sus vecinos, si usted también entra al mismo concurso año tras año? Se le preguntó al agricultor.
Verán ustedes, dijo el agricultor. El viento lleva el polen del maíz maduro de un sembradío a otro, si mis vecinos cultivaran un maíz de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad del mío. Si voy a sembrar buen maíz debo ayudar a que mi vecino también lo haga.
Lo mismo es con otras situaciones de nuestra vida. Quienes quieran lograr el éxito, deben ayudar a que sus vecinos también tengan éxito.
Quienes decidan vivir bien, deben ayudar a que los demás vivan bien, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se halla unido al bienestar de todos.
Segunda Historia
Durante la era glacial, muchos animales morían por causa del frío. Los puerco espines, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Por eso se separaron unos de otros.
Nuevamente volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos. Aprendieron así a vivir con las pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo que realmente era importante era el calor del otro. FUE ASí COMO SOBREVIVIERON.
Tercera Historia
Una verdad que a lo mejor duele a los jóvenes: Durante una conferencia un estudiante se tomó la molestia de explicarle a unos profersores mayores por qué le es imposible a la vieja generación comprender a su generación y les dijo en voz alta, para que lo escucharan alrededor:
Ustedes crecieron en un mundo diferente, realmente casi primitivo. Los jóvenes de hoy crecimos con televisión, internet, teléfonos celulares, aviones jet, viajes al espacio. Nuestras sondas espaciales han visitado y estudiado Marte. Tenemos naves con energía nuclear y autos eléctricos y de hidrógeno, computadoras con procesos de velocidad de la luz y muchas cosas más.
Luego de un breve silencio un profesor mayor respondió diciendo:
Tienes razón, nosotros no tuvimos esas cosas cuando éramos jóvenes, así que las inventamos. Ahora dime tú ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO TÚ PARA LA PRÓXIMA GENERACIÓN?
Cuarta Historia
La sabiduría de un Viejo mendigo que deambulaba por las calles y a su lado un perro callejero que entendía por el nombre de LUPE.
El Viejo no pedía dinero, aceptaba lo que le daban aunque fueran sobras de comida. Cuando su ropa ya no era más que hilachos, era socorrido por algún alma caritativa. Cambiaba su apariencia y era burla y bromas. El Viejo era conocido como un hombre bueno, pero había perdido la razón, la familia, los amigos e incluso la identidad.
No tomaba bebidas alcohólicas, estaba siempre tranquilo, incluso cuando no había recibido un poco de comida. Decía que Dios le daría un poco a la hora precisa. Agradecía con reverencia y oraba a Dios por las personas que lo ayudaban.
De todo lo que le daban o encontraba, le daba primero a LUPE que paciente comía y se quedaba esperando un poquito más. No tenían donde dormir y donde anocheciera se quedaban. Cuando llovía buscaban abrigo bajo un puente o marquesina.
El Viejo se quedaba meditando con mirada perdida en el horizonte. Aquella situación lo dejaba siempre pensando, pues no entendía aquella vida vegetativa, sin progreso, sin esperanza y sin futuro.
El Viejo pensó que había conocido a LUPE cuando ambos se encontraban por las calles, el Viejo tenía un pedazo de pan y se lo dio a LUPE, quien lo agradecio moviendo la cola. Desde entonces no lo ha abandonado y se ayudan mutuamente. LUPE vigila a el Viejo cuando está durmiendo y nadie puede acercarse porque ladra y ataca. El Viejo vigila a LUPE para que otro perro no lo ataque.
El Viejo tenía deseo de comer un hotdog – perro caliente – y un día le regalaron uno. Lo primero que hizo fue agradecer el regalo con una sonrisa y en seguida saco la salchicha y se la dio a LUPE y el Viejo se comió el pan con aderezo.
La lección del Viejo es que para el mejor amigo el mejor pedazo. La historia nos dice que hay que tener un amigo en quien podamos coinfiar y por otro lado, es bueno ser amigo de alguien y tener la satisfacción de ser reconocido como tal.

Le invitamos a leer más del autor:


