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Cosas de la lengua

Ventana Cultural

Hace poco, escribí una reseña del libro Historia de la Lengua Española de Rafael Lapesa, donde se hace un recorrido por la fusión de lenguas que dio origen al castellano que ahora conocemos. Esta lengua tiene una historia de más de cinco mil años y cuenta con más de 500 millones de hablantes en todo el mundo. El español, o castellano, es la segunda lengua más hablada a nivel mundial.

Desde la fusión de lenguas celtas, íberas, tartesias, fenicias y griegas, hasta la influencia del latín, que prevaleció por varios siglos—particularmente el latín vulgar durante las guerras púnicas—el español ha evolucionado continuamente. Este es solo un resumen, ya que la evolución de la lengua ha ido de la mano con la evolución de la humanidad entera.

Las lenguas son seres vivos, y como tales, nacen, se desarrollan y mueren. No cabe duda de que, en el futuro, el español podría desaparecer paulatinamente a medida que otra lengua crezca. ¿Quiénes modifican la lengua? Los mismos hablantes.

Como docentes, una de las asignaturas que enseñamos es la ortografía y la gramática. Pero ¿realmente sabemos por qué impartimos estas materias? La verdad, no creo que tengamos plena conciencia de ello; aunque como docente, siempre tengo la inclinación de dar un poco más de lo que se espera. A pesar de ser una materia difícil o frustrante para algunos, es fascinante conocer a fondo su contexto.

El español que se habla en Hispanoamérica tiene su origen en el estilo andaluz. Todos los navegantes y comerciantes que llegaron a estas tierras debían zarpar desde Sevilla y salir del Puerto de Cádiz, donde se preparaban. Muchos de ellos eran sevillanos o habían vivido mucho tiempo en esas tierras antes de partir. Luego, se abastecían en las Islas Canarias antes de comenzar la travesía.

Durante todo este proceso, el español continuó sufriendo muchos cambios, entre ellos la adopción de palabras nuevas de las tierras que exploraban, como aguacate o palta, maíz, mazorca, hamaca, llama, chirís, güiro y cipote, entre otras expresiones y localismos.

Algunas personas que adoptan una postura americanista afirman que «los europeos impusieron su lengua». Sin embargo, tengo mis reservas sobre esta idea, ya que es un tema complejo. No parece plausible que 300 «caras pálidas», como los nativos de Norteamérica llamaban a los europeos, pudieran imponer una cultura de manera unilateral. En realidad, la cultura se ha ido renovando y avanzando a lo largo del tiempo. La necesidad de comunicarse llevó a los nativos a aprender la lengua española, que era la lengua de los nobles y de la aristocracia; los plebeyos, o el pueblo, continuaron hablando sus propias lenguas.

La cultura europea no fue impuesta como se nos ha querido hacer creer; más bien, se fusionó con las tradiciones nativas. Un ejemplo de esto es la tradición del «Día de la Cruz» en El Salvador. Muchos nativos abrazaron la nueva religión traída por los europeos porque la encontraron más atractiva que la suya propia y les proporcionaba una sensación de paz; otros no lo hicieron. En cuanto a los esclavos, estos ya existían desde antes de la llegada de los europeos, y algunos nativos se congraciaron con los recién llegados entregando a los esclavos.

Hay lenguas que ya no existen o se han fusionado con la lengua de «los conquistadores». Un ejemplo de ello es la lengua hitita, que evolucionó junto con las lenguas árabes, las cuales, a su vez, ejercieron una gran influencia en el español durante la ocupación árabe en la península ibérica por casi siete siglos.

Todo esto nos lleva a la conclusión de que el español no fue impuesto; fue una necesidad de los locales para comunicarse, comerciar y satisfacer otras necesidades. Por su parte, los peninsulares aprendieron las lenguas nativas también con el fin de comunicarse, conocerlas, evangelizar y fusionar creencias.

El español es producto de una rica interacción de culturas, un testimonio vivo de como la cultura y la identidad se entrelazan y cambian. El español es una lengua que sigue cambiando y somos los hablantes quienes hacemos esa labor. Ha sido una herramienta de conexión y comprender su desarrollo es esencial para valorar su impacto en nuestras vidas. El papel del maestro va más allá de enseñar sus reglas y su uso, sino, transmitir su profundo legado cultural.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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