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Crecer y morir: El dilema de las economías nacionales

Sueños…

A todos nos preocupa la tendencia del cambio climático que amenaza la vida en la Tierra. Al mismo tiempo nos desvela el aumentar el crecimiento de la economía y el aumento del PIB per cápita, que muestra la capacidad de consumo en aumento de nuestra sociedad.

Por un lado, se clasifica a los países según su PIB por habitante, por otro nos preocupa que el aumento de la población humana y su capacidad de producción deterioren las condiciones de vida en el planeta.

El Banco Mundial, clasifica a todos los países miembros que son 189, algunas otras economías con poblaciones de más de 30.000 habitantes. Así las economías se dividen entre grupos de ingresos según el ingreso nacional bruto (INB) per cápita de 2023. Los grupos son: bajos ingresos, $1,145 o menos; ingresos medios bajos, de $1,146 a $4,515; ingresos medios altos, de $4,516 a $14,005; y altos ingresos, más de $14,005.

Por supuesto, esta clasificación es de lo más importante, más que la de la FIFA, pues los países de ingresos bajos, de $1,300 a menos pueden recibir préstamos en condiciones de ayuda, y los países de ingresos más solventes, pueden recibir créditos no subsidiados pero si abundantes para la inversión.

Clasificación de los países de Centroamérica
INB per cápita, 2023

  1. Panamá, ingresos altos
  2. Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Dominicana, ingresos medios altos
  3. Nicaragua, ingresos medios bajos

Fuente: Banco Mundial, 2024.

El crecimiento poblacional y el crecimiento económico provocado por el humano son impresionantes en los últimos 300 años.

El crecimiento del ingreso per cápita es alucinante:

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Fuente: https://core-econ.org

Y el crecimiento de la población humana va en la misma galopante tendencia. Ambos, que son el mismo y son contradictorios perjudican al resto de seres vivos del planeta y son la principal causa del deterioro ambiental. Ambos, crecen simultáneamente, desde el año 1700, siglo XVIII, conforme aumenta la producción mejora la tecnología y empuja más rápido el crecimiento económico, y el crecimiento económico acelera el crecimiento de la cantidad de humanos.

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Fuente: tomado de crecimiento población mundial gráfico varios años – (bing.com)

Retomando las palabras del notable investigador, Luis Zurita Tablada, existe una segunda ola de civilización, cuyo centro gira en torno a la producción masiva basada en un rápido cambio tecnológico. Que en esencia favorece a las élites del capital que acumulan enormes masas de recursos y conocimientos, que aseguran el consumo masivo para las grandes masas humanas de todos los continentes. El tema es que este maravilloso sistema productivo que aumenta sin fin la producción de bienes y servicios, no tiene alternativa. Y su maravilloso desempeño es como una máquina que viaja a miles de kilómetros por hora, y tiene enfrente un paredón de hormigón con el que terminará estrellándose y desapareciendo. Pero ese suicidio humano lo celebramos con algarabía y felicidad como el logro máximo del progreso.

Le rendimos tributo a un sistema económico eficiente y productivo. Que aumenta sin fin la demanda de materias primas, recursos naturales y provoca un consumismo masivo en todas las clases sociales. Explica Zurita, que el consumismo masivo como pivote del crecimiento económico incrementa la degradación de todos los ecosistemas naturales. “Paralelamente, la ciencia y la tecnología alcanzaron niveles de desarrollo inusitados, alimentando con ello la potestad antropocéntrica y las ansias de gloria, fama y poder.”

Ciencia y población

Los avances de la ciencia, la mejora mundial en los servicios de agua potable, el uso de mejores vacunas, las mejoras constantes en los antibióticos y la mejora en la atención de enfermedades han puesto en jaque los mecanismos de selección natural, generan un mayor poder y control del ser humano sobre la vida natural, poniéndola en peligro. Mientras el ser humano posea el pensamiento de que es el dueño, de que tiene propiedad sobre la Tierra y sus recursos, la vida en el planeta está condenada.

Zurita afirma que aumentó la densidad poblacional hasta alcanzar los 7,500 millones de habitantes en tan solo el último siglo. Es por ello que, incluso, en los organismos financieros internacionales, corresponsables del gran éxito económico y la destrucción del mundo se preocupan. En el último número de Finanzas & desarrollo, revista del FMI[1], el economista Daniel Susskind sugiere que debemos cambiar la naturaleza del crecimiento. Efectivamente, las autoridades, empresarios, políticos y habitantes de todos los países solo coincidimos en la idea de buscar el crecimiento económico como el reino del bienestar, o sea consumo y sin prestar atención a lo que sabemos, que es un gran peligro.

Los que nacimos en los años 50 y 60s del lejano siglo XX, soñábamos que el siglo XXI traería una nueva era para el humano y su relación con la naturaleza. Aquellos sueños son peores que una pesadilla. Las crisis financieras, comerciales, sanitarias se trasponen una tras otra.

El mundo, las economías y la relación entre humanos son una sombra de lo esperado. De manera que los líderes del mundo sitúan el crecimiento del PIB, como el único objetivo que puede salvarlos ante los electores.

El siglo nos ha traído más guerras, el uso de IA para provocar drones que busquen por medio de información genética a líderes y personas que se nos antoje eliminar. Empresas y gobiernos solo piensan en aumentar el PIB. No importa el cambio climático, el aumento de la pobreza, en empobrecimiento de clases medias, el genocidio de pueblos enteros, la concentración de masas gigantescas de riqueza en pocas manos. La lógica del capital es innegable, aumentar la producción y la concentración de la riqueza, con el peor resultado el desastre de la naturaleza.

Una nueva obsesión

Nos dice Susskind, que pese a su aparatosa importancia, velar por el crecimiento es un tema reciente. “Durante la mayor parte de los 300.000 años de historia de la humanidad, la vida estaba estancada. Da igual que fuera usted un cazador-recolector de la Edad de Piedra o un jornalero agrícola del siglo XVIII, habría tenido una vida económica similar, atrapado en una lucha incesante por la subsistencia”. Es un tema tan reciente que las mediciones completas se iniciaron apenas en la década de 1940.

El dilema del crecimiento

Cuando surgieron los Estados modernos, repúblicas democráticas, los grandes objetivos eran la paz, la justicia, la equidad, la convivencia, la igualdad. Con el advenimiento de la realidad, el capital para seguir progresando necesita el conflicto y la redistribución del poder sobre las colonias y semi-colonias, generó grandes guerras devastadoras, que dieron lugar a dos verdades. La búsqueda de estrategias para dominar la mayor parte de regiones del mundo y el uso de la tecnología para producir armas poderosas de destrucción masiva y selectiva. Para mantener el poder, en las democracias, es indispensable el control del votante. El votante responde a pocas motivaciones: tener que consumir, tener ocio (el futbol o soccer) y drogas.

Eso genera la búsqueda de redefinir la prosperidad humana, ya no es disfrutar de la lectura, la música clásica y la cultura. Prosperidad es tener un PIB per cápita de ingresos medios altos, que permita sacara la gente de la pobreza y la subsistencia, prolongar la expectativa de vida del consumidor, convertir el hambre en obesidad.

Podremos cambiar los objetivos del liberalismo democrático

  1. No promover el crecimiento de las variables económicas sinfín.
  2. Garantizar la no extinción de las especies de animales y vegetales que aún quedan en la Tierra.
  3. Eliminar las armas y la tecnología militar en todo el planeta.
  4. Estabilizar la población humana en 5 mil millones.
  5. Generar que todos los países del mundo sean repúblicas democráticas.
  6. Generar un mundo de paz y estabilidad.

[1] https://www.imf.org/es/Publications/fandd/issues/2024/09/we-must-change-the-nature-of-growth-daniel-susskind

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Le invitamos a leer más del autor:

Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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