
Estamos a tiempo de recordar el 2025 como un año más de bosques quemados
Lugar Hermenéutico
Cada año, buena parte de la masa forestal en nuestro país, se ve convertida a cenizas o relegado a un simple dato estadístico de la gravidez de los incendios forestales en Guatemala.
Según el informe técnico “Cuantificación de zonas afectadas por incendios forestales y quemas agrícolas en Guatemala, 2024” elaborado por la Asociación Centroamericana Centro Humboldt (ACCH), en cuanto a la superficie afectada, se estima que el 12.7% del territorio nacional (equivalente a 1 millón 393 mil hectáreas) se encuentra severamente afectado por incendios. De esta área, el 8.8% (equivalente a 960 mil 341 hectáreas) representan incendios forestales y el 3.9% (equivalente a 433 mil 075 hectáreas) restantes son por quemas en zonas agrícolas.
Es fundamental destacar que las áreas afectadas por quemas agrícolas han sido clasificadas en la categoría de severidad más alta en cuanto a incendios, generando impactos ambientales significativos, especialmente en terrenos destinados a la producción, representando una amenaza a largo plazo para la producción agropecuaria.
Por otro lado, las zonas de incendios forestales se encuentran clasificadas en la categoría de severidad media, a pesar de encontrarse en esta categoría, aún están sujetas a impactos ambientales significativos, como la pérdida de biodiversidad y la destrucción de hábitats para la fauna silvestre.
Finalmente, del 87% restante del territorio nacional aproximadamente el 20.5% (alrededor de 2 millones de hectáreas) fue afectado por incendios, con una intensidad baja en algunos casos. Estos incendios pueden pasar desapercibidos o tener impactos menos significativos en los ecosistemas. Por lo general, son más localizados y generan impactos a escala local.
En este mismo informe, se ha determinado que 6 de los 22 departamentos de Guatemala son los más afectados por incendios forestales y quemas agrícolas: Escuintla, Suchitepéquez, Jutiapa, El Progreso, Guatemala y Baja Verapaz.
De estos, Escuintla y Suchitepéquez, se ven fuertemente afectados por la quema de caña de azúcar en temporada de zafra, Jutiapa por otras quemas agrícolas, mientras que El Progreso y Ciudad de Guatemala son mayormente afectados por incendios forestales, sobre estos datos, merece la pena recordar como la selva petenera en 2017 sufrió una pérdida de más de dos mil hectáreas de bosque, perdiendo un 34% de su cobertura vegetal, tras el incendio registrado en el Parque Nacional, Laguna del Tigre.
Un dato importante de acotar es que de los reportes de perdida de masa forestal por incendios forestales, más del 75% de estas, se da en las llamadas áreas protegidas.
Según el CONAP, entre encargado de dichas áreas, para la temporada de incendios forestales 2023 – 2024, se reportaron 429 incendios forestales atendidos en áreas protegidas, afectando 241,568 hectáreas de cobertura forestal y no forestal dentro estas áreas, lo que representa el 43.26% del área reportada o el 2.25% del territorio nacional. Las áreas protegidas más afectadas se encuentran en los departamentos de Petén, Izabal, Zacapa, Santa Rosa y Alta Verapaz tanto en cantidad de incendios como en superficie afectada.
Petén es el departamento con mayor superficie afectada por incendios forestales con 234,559 hectáreas afectadas, las cuales se encuentra dentro de la Reserva de Biosfera Maya (197,795.33 ha) y áreas protegidas del sur de este departamento.
Según el análisis realizado de cicatrices de fuego, la mayoría de los ecosistemas boscosos afectados por incendios forestales se encuentra dentro de la Reserva de Biosfera Maya, tanto dentro del Parque Nacional Laguna del Tigre como del Parque Nacional Sierra del Lacandón, afectando el bosque latifoliado, uno de los ecosistemas más emblemáticos del país y que alberga gran parte de la biodiversidad de Guatemala.
Respecto a las posibles causas que provocaron incendios para la temporada 2023- 2024 reportadas en las boletas de incendios atendidos, es relevante prestar atención a que el 98.82 % de los incendios son provocados por el ser humano, estadística que engloba todas las causas de origen antropogénico o causados por intervención humana y que se deben al mal manejo del fuego y negligencia humana, que afectó de manera negativa y devastadora la biodiversidad de las áreas protegidas.
En los últimos 16 años las áreas protegidas se han visto afectadas anualmente por un promedio de 227 incendios y 27,448.54 hectáreas afectadas. Esta tendencia ha sido progresiva al alza en los últimos años, siendo esta temporada donde se registraron la mayor cantidad de incendios atendidos y hectáreas afectadas en más de 10 años, siendo un año comparable a 1998, donde se afecto más del 17% de la cobertura forestal del país.
Si a lo anterior, sumamos, las grandes pérdidas en materia de bosque, provocados por la incorporación de tierras forestales, a usos agropecuarios, o bien, por la quema de grandes extensiones de pastizales, o los malos manejos en vertederos, la cantidad es mucho mayor, pues muchas de estas pérdidas no se registran.
El bosque, es uno de los grandes proveedores de servicios ambientales, además de proteger y enriquecer la biodiversidad en el planeta, como un elemento fundamental en la lucha contra el fenómeno del cambio climático.
En un país, donde casi el 33% de su territorio, se denominan “áreas protegidas”, la prevención y el fortalecimiento de la capacidad de respuesta, para prevenir los incendios forestales, debe ser una política clara de acción del Estado.
Más allá, de la institución que tenga a su cargo, esta labor de respuesta debe enfocarse el mayor esfuerzo en la prevención de estos, principalmente, con los medios que la tecnología pone hoy al alcance, en lo respectivo a la teledetección, de los puntos de calor en el país, que permita la prevención de estas tragedias a la vida de la flora y de la fauna.
Lo que no se puede, es solo seguirse resignando, a ver el color de las cenizas que quedan, o pedirle a Dios que mande lluvia para que los apague. La sociedad, autoridades municipales y gobierno central, deben sumar esfuerzos, para evitar, que cada año sea recordado en el histórico, como el periodo en que más bosque, más vida, fue convertido en cenizas por la indiferencia para la prevención y atención oportuna de este grave problema.

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