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La verdadera amenaza para Guatemala, es la debilidad institucional

Una Guatemala Diferente Es Posible

Cuando se habla de amenazas a la Seguridad Nacional la mayoría de las personas piensa inmediatamente en el narcotráfico, las pandillas, el crimen organizado, la corrupción o la violencia y no dejan de tener razón; sin embargo, existe una amenaza aún mas peligrosa y menos visible que ha permitido el crecimiento de todas las amenazas anteriores, la debilidad institucional del Estado, y la fragilidad de sus instituciones.

Durante décadas Guatemala ha sido gobernada por administraciones de distintas corrientes políticas, ideológicas y proyectos de gobierno, más allá de las diferencias partidarias, existe una realidad que se ha mantenido constante, el progresivo debilitamiento y deterioro de las instituciones publicas encargadas de garantizar el orden, la justicia, la seguridad y el desarrollo nacional.  

Las amenazas criminales no surgen ni se fortalecen por casualidad, lo hacen cuando encuentran un entorno favorable para operar; ese entorno se construye cuando el Estado es débil, cuando las instituciones son frágiles, cuando la corrupción se vuelve tolerable, cuando la impunidad prevalece y cuando los funcionarios responsables carecen de la capacidad, el liderazgo o la voluntad política necesaria para cumplir con sus obligaciones.

En Guatemala, el daño institucional no ha sido provocado únicamente por funcionarios corruptos, también ha sido consecuencia de funcionarios incompetentes, improvisados, temerosos de tomar decisiones, carentes de visión estratégica o incapaces de comprender la responsabilidad histórica que implica dirigir una institución del Estado.

Las consecuencias han sido profundas, mientras las instituciones se debilitan, las organizaciones criminales se fortalecen, el narcotráfico amplió su capacidad operativa, las estructuras de lavado de dinero encontraron espacios para operar sin tropiezo alguno, la corrupción penetro distintos niveles de la administración pública y las pandillas consolidaron su presencia en numerosos territorios del país. La debilidad institucional también ha permitido que estructuras criminales puedan influir en procesos políticos, económicos y sociales, generando riesgos que trascienden la seguridad ciudadana y alcanzan directamente la Seguridad Nacional.

Un Estado fuerte no se mide únicamente por el tamaño de su presupuesto o por la cantidad de leyes que se aprueban, se mide por la capacidad real de sus instituciones para hacer cumplir la ley, proteger a la población y defender los intereses nacionales frente a cualquier amenaza que se le presente.

Cuando los organismos encargados de la seguridad, la justicia, el control fronterizo, la inteligencia estratégica o el sistema penitenciario carecen de recursos, liderazgo o integridad, las organizaciones criminales encuentran oportunidad para expandirse y hoy, el resultado es visible para todos los guatemaltecos, miles de ciudadanos viven bajo amenazas constantes de violencia, extorsión e inseguridad; la inversión, de igual forma, enfrenta obstáculos derivados de la violencia y la criminalidad, la confianza ciudadana en las instituciones continúa deteriorándose y el desarrollo económico encuentra barreras difíciles de superar.

 La Seguridad Nacional no depende únicamente de policías, soldados, fiscales, o jueces, depende, sobre todo, de la fortaleza de las instituciones que sostienen al Estado, ninguna estrategia de combate al crimen organizado tendrá éxito si las instituciones continúan siendo vulnerables a la corrupción, a la infiltración criminal o a la incapacidad administrativa, ningún plan de desarrollo podrá consolidarse si el Estado carece de funcionarios competentes y comprometidos con el interés nacional.

Por ello, la discusión sobre el futuro de Guatemala debe trascender los nombres de los gobiernos sin dejar de investigar y hacer justicia, pero debe enfocarse en un tema mucho más importante, la reconstrucción nacional. El país necesita instituciones profesionales, transparentes y capaces de resistir presiones de intereses criminales o ilegales, necesita funcionarios seleccionados por méritos y capacidad, no por compromisos políticos, necesita fortalecer sus sistemas de control, inteligencia, investigación criminal, administración de justicia y seguridad pública.

La experiencia nacional demuestra que cuando las instituciones son débiles, el crimen organizado avanza, cuando las instituciones son fuertes, el Estado recupera el control de su territorio, protege a sus ciudadanos y genera condiciones para el desarrollo.

La principal amenaza para Guatemala no es únicamente el narcotráfico, las pandillas o la corrupción, la verdadera amenaza radica en tener instituciones frágiles, un Estado débil hasta el punto de no estar en capacidad para defender a la nación de todas las amenazas que se ciernen sobre esta.

La recuperación de Guatemala comienza por comprender una realidad fundamental; sin instituciones fuertes no hay seguridad, sin seguridad no hay inversión ni paz, sin inversión y paz no hay desarrollo y sin desarrollo no existe un futuro sostenible para las próximas generaciones.

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