
A propósito del ilustre Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala
Barataria
Recibí una llamada de parte del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala para que acudiera el día martes 19 de Septiembre a un evento a celebrarse en el Hotel Intercontinental, en virtud de la conmemoración del Día del Abogado se estaría dando un reconocimiento a todos los Abogados que hayan cumplido sus bodas de oro, es decir cincuenta años de ejercicio profesional y algunos otros como yo, que seriamos reconocidos por nuestros veinticinco años de ejercicio profesional. Veinticinco años de ejercer el derecho no es tan sencillo, ya que desde que un estudiante se gradúa además de adquirir el título profesional adquiere una responsabilidad consigo mismo, con su familia, con la sociedad y con el país.
Decidí no acudir al acto destinado para esta conmemoración a propósito y no llegar a recibir el diploma y la medalla conmemorativa porque no he estado de acuerdo con las diferentes juntas directivas del CANG y me perece un despropósito todo lo que han hecho a lo largo de la historia que tengo de ser colegiado, es decir desde hace 25 años. En efecto, el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala es una agrupación gremial destinada para la superación moral, científica, técnica, cultural, económica y material de las profesiones universitarias y el control de su ejercicio.
Pero la realidad es muy diferente. En el Colegio de Abogados y Notarios se elige cada dos años a miembros de la Junta Directiva, quienes se han convertido a lo largo de la historia en una suerte de Ali Babá y sus secuaces. Llegan con el objeto de renegociar las inversiones que se encuentran depositados en los bancos del sistema con la amenaza de que van a retirar la inversión y trasladarla a otros bancos. Su objetivo final no es obtener mayores réditos para la institución, sino que esperan que los bancos, bondadosos que son, les puedan otorgar prebendas que van desde vehículos a dadivas en metálico bajo la mesa. No es poca cosa, estamos hablando de más de 840 millones de quetzales depositados en diferentes bancos del país, que en teoría servirán para la jubilación de los agremiados, lo cual es un tortuoso camino para muchos colegas, así como prestaciones postmorten para los familiares de colegas fallecidos. A este respecto los familiares de abogados y abogadas fallecidos pasan un verdadero calvario para que les hagan efectivos estos fondos y con un sinfín de requisitos que incluyen tonta y estúpidamente hasta el cumplimiento de obligaciones notariales que los familiares de los fallecidos ni siquiera tienen idea y resulta mucho mas artero y de mal gusto que les exijan a los parientes de los fallecidos que “paguen los timbres notariales dejados de pagar por el colega fallecido para que les otorguen una misera pensión, que muchas veces sobrepasa el monto de las obligaciones notariales”.
Hay historias urbanas de lo que ha sucedido en el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala en relación a los diferentes miembros de Juntas Directivas que han ocupado estos lugares. Historias que van desde supuestos extravíos de timbres notariales que luego aparecen en el mercado negro, hasta parientes de miembros de juntas directivas que literalmente han hecho “gavetazos” de mas de un millón de quetzales sin que prosperen denuncias o de familiares de miembros de juntas directivas que se han “clavado” dinero de caja y, en lugar de despedirles y denunciarles simplemente les cambian de puesto. Es sabido que cada dos años, la Junta Directiva entrante “lleva su gente” y luego aparece nuevos trabajadores muchos de ellos sin las calidades técnicas para el cargo. En fin, el Colegio de Abogados de Guatemala ha sido la caja chica de unos, agencia de empleo de otros y hasta plataforma política de unos que llegaron a la Magistratura de la Corte de Constitucionalidad a costillas de los gastos a granel que les proporcionó los cargos de Directores Académicos del Colegio.
Cuando se trata de capacitaciones de poca monta, no escatiman en gastar a manos llenas. Si es de negociar compras de edificios como la subsede de la Zona diez, no escatimaron en utilizar fondos destinados a las pensiones de los agremiados e incluso dicho edificio todavía fue objeto de reformas por varios millones de quetzales. En ese sentido el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala se ha vuelto la mina de oro de muchos que han ocupado la presidencia y otros cargos de la Junta Directiva y que han llegado a la institución gremial sin tener ni siquiera oficia decente, pero al salir de allí ya cuentan con modernas oficinas en las zonas exclusivas de desarrollo urbano de la capital.
Resulta sumamente ridículo que pese a que los cargos de Junta Directiva son ad honorem, es decir que no se devenga nada, cuando llegan las elecciones para ocupar estos cargos, surgen una serie de planillas y corre el dinero en campañas políticas a manos llenas, es una total vergüenza ir a votar por elegir a estos y ver colegas haciendo cola en los diferentes lugares que se instalan para recoger su almuerzo. Los candidatos no escatiman gastos, porque quieren ocupar los cargos ad honorem, sin salario y, diligentes abogados que son se las arreglan para atender los asuntos del CANG y sus propias oficinas o sus trabajos. La realidad es otra, hay una mina de oro con los fondos del colegio y literalmente los despilfarran y hacen piñata de ello. Cada cierto tiempo todos los agremiados pagamos una cuota para la organización del Congreso Jurídico que necesariamente cada Junta Directiva organiza, las cuotas son obligatorias para todos los agremiados y el Colegio de Abogados recibe aproximadamente poco más de seis millones de quetzales para la organización del famoso congreso jurídico que ahora se hace regionalmente, sin embargo no solo es de baja calidad académica sino con tan mala organización que ni siquiera libreta de apuntes y lapicero le dan a los participantes, sin embargo se gastan todo el dinero ¿En qué? La verdad no se sabe.
Podría pasar todo el tiempo y escribir ríos de tinta sobre este asunto y el despilfarro e insensatez de los dirigentes que han pasado y los actuales dirigentes del Colegio de Abogados de Guatemala. Sin embargo, quiero manifestar que fue muy duro durante la pandemia ver como un grupo de abogados se organizó en la red social Facebook para solicitar algún tipo de ayuda a manera de financiamiento que pudiera promover el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala. Fue tal la adhesión del grupo que llegó a tener fácilmente más de cinco mil miembros. El entonces presidente y los miembros de la Junta Directiva del Colegio de Abogados, de quienes ni siquiera merecen mencionar sus nombres, evadieron toda solicitud, se “hicieron los locos” y no atendieron el clamor de muchos colegas que se la vieron muy difícil mantener sus oficinas cerradas por mas de seis meses. Claro esta, quienes ocupaban una judicatura, magistratura o están empleados en el sector público no sufrieron lo de muchos colegas que ejercen liberalmente la profesión y tuvieron forzosamente que cerrar. El Ilustre Colegio de Abogados y Notario ni se dio por enterado, no ayudo al agremiado, muchos murieron en la pandemia ya sea porque se contagiaron o porque literalmente se quitaron la vida; pero a los directivos les valió un comino porque aducían que no se podían utilizar fondos depositados, pero tampoco se podían utilizar los intereses devengados; sin embargo, la mañosa compra de la subsede de la zona 10 si se hizo con parte de estos fondos.
Así las cosas, no podemos esperar más de esta agrupación gremial que cada día cae mas bajo, no cumple su función no vela por el agremiado, no hace nada para promover la superación profesional, no busca elevar el nivel académico de los graduados, no busca promover la ética en el ejercicio de la profesión, no busca el bienestar del agremiado en fin es un ente inoperante en todo sentido. Como les encanta el negocio han querido implementar seguros médicos y de vida, a la medida de sus propios negocios y ambiciones, cuando pueden promover la búsqueda de un seguro medico colectivo decente, especialmente porque se cuenta con un grueso numero de agremiados cuyas cuotas fácilmente darían para ello, pero no, no les interesa porque donde no hay negocio no vale la pena esforzarse y por ello es recurrente que la rendición de cuenta la realizan en un día lunes a las 8 de la mañana para que no llegue ningún agremiado y así “tapan la marimba” después de haber hecho una sarta de fechorías.
Tenemos un colegio de abogados con una Junta Directiva que no se pronuncia ante los desmanes que acontecen en la sociedad y el país, plantea su opinión legal ante las dudas eminentemente jurídicas ni critica el actuar de ciertos abogados en el ejercicio de cargos públicos cuando están actuando sin ética. Parece ser que el Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala ha sido dirigido por personas que creen que llegan a los cargos directivos de un negocio en donde, hay que hacer lo que se pueda en dos años porque luego vendrán otros a seguir con el negocio.
Al final, la celebración del día del Abogado viene a ser un circo, en donde se premia el ejercicio de los profesionales que han desarrollado sus actividades por veinticinco o cincuenta años, pero que nadie sabe cómo sobrevivieron a la pandemia, porque de parte del Colegio de Abogados y Notarios no tuvieron ninguna ayuda real ni supuesta, ni ficticia, no tuvieron nada. Luego, para que todo este de maravilla promueven una fiesta para que se vea que el colegio piensa en los agremiados, pan y circo nada más. En resumen, tenemos un Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala que verdaderamente no cumple su función, en realidad es una …

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