
Año Viejo, Año Nuevo y Decisivo
Barataria
No se necesita ser experto para comprender que el rumbo que ha tomado Guatemala desde hace varios años no pinta nada bien. Desde 2015 se marcó un punto de inflexión en la vida política nacional la forma en que fueron defenestrados el Presidente Otto Pérez Molina y la Vicepresidenta Roxana Baldetti acusados de actos de corrupción por el Ministerio Público de entonces bajo el acompañamiento de la CICIG. En principio pareció que todos los guatemaltecos apoyaban las acciones de la Fiscal General Thelma Aldana bajo la guía y presión de la CICIG quienes abanderando la idea de que echando del poder a los corruptos todo sería un camino de rosas. Luego de una tensión inusitada en el panorama electoral, en el cual se buscó descalificar a cuento candidato tenía probabilidades hasta ver cómo un desconocido en política, bajo el lema “ni corrupto ni ladrón” sorpresivamente ganaba la presidencia.
Lamentablemente, la CICIG de Iván Velásquez tomó como propio el proyecto político que perfilaba a Thelma Aldana al poder para las siguientes elecciones y esto causo una fragmentación en los partidos que se ubicaban ideológicamente en la Izquierda, las presiones a Ninet Montenegro para aceptar la candidatura de Aldana en Encuentro Por Guatemala y la posterior participación de Semilla sin candidata porque no le permitieron dejar participar a Thelma Aldana, fue un antes y después de la vida política nacional.
La polarización ideológica utilizada como arma de división desde tiempos de la CICIG fue también usada bajo el gobierno de Giammattei con mucho éxito, porque la CICIG llegó a demonizar a todo aquel que se opusiera a sus prácticas, todo el que no estaba de acuerdo con las acciones del Ministerio Público de Thelma Aldana era un corrupto o a favor de la corrupción. Con el gobierno de Gimmattei, la polarización subió varios peldaños porque se desató una persecución instrumentalizando la justicia y creando casos sin sustento legal, la persecución y fabricación de casos al puro estilo de la CICIG, con algo de real y algo de fantasía, con presiones y utilización de jueces y allí el coctel estaba servido.
Los gobiernos de Jimmy Morales y Alejandro Giammattei, se presentaron como adalides del buen gobierno, pero sus actos corruptos, desvergonzados y hasta obscenos hicieron ver la corrupción de Otto Pérez y Baldetti como principiantes y sin ambición. La pandemia facilitó las cosas a Giammattei para disponer a granel millones y millones de quetzales, lo demás es historia que todos sabemos y lamentamos.
Al final, luego del triunfo electoral de Bernardo Arévalo pareció que “ahora sí” una persona que traía bajo sus espaldas el legado de su padre y que había enarbolado la bandera de la lucha anticorrupción con la que se granjeó el apoyo de unos, compró el apoyo de otros y causo la paralización del país por casi un mes mediante bloqueos realizados por mercenarios a costa de saber cuántos millones pagados para presionar que el traspaso del poder se lograra el 14 de enero de 2024. Las promesas del señor Arévalo solo se quedaron en palabras, su gobierno es una muestra inequívoca que una cosa es hablar desde las tribunas en la llanura o desde una curul en el congreso haciendo oposición y otra cosa muy diferente es gobernar y tener detrás de sí una retahíla de arribistas y un carácter débil que cede a las presiones de sus allegados han llevado al carajo todas la ilusiones de los guatemaltecos.
No es para más, dos años de un gobierno del que esperábamos honestidad, ética y sobre todo patriotismo para no venderse tan fácil a los corruptores que se encuentran cerca de cada gobernante. Pero Arévalo encontró mucho más fácil poner la cara de idiota y hacer creer que todo está bien, contrató netcenters por doquier y dándoles trabajo a una serie de influencers para “hacerle la upa” en las redes sociales de que su gobierno es el mejor, es honesto y sobre todo incorrupto. Todo lo contrario, los negocios en el Ministerio de Comunicaciones siguen adelante, contratos van, contratos vienen pero las carreteras son un asco y un testigo mudo de la inutilidad y lo fácil que es corromperse. El presupuesto nacional que tanto criticaron año con año en el Congreso en donde, decían, “debería haber austeridad” resultó ser todo lo contrario, incluso el flamante Ministro de Finanzas que se la llevaba de técnico y critico en el gasto público ha sido el más ferviente defensor de que los presupuestos deben subir.
La hipocresía exhibida por el actual gobernante y su séquito es de digna de encomio, ¿Cómo puede ser que aquellos que prometieron hacer una Guatemala floreciente, lo único que ha podido florecer son sus bolsillos? Podemos mencionar muchos casos de aquellos que quisieron ser diputados por el partido semilla y nunca fueron, pero llegando al poder viven a cuerpo de rey con dos contratos en ministerios donde redondean varias decenas de miles de quetzales. Todos ellos defienden el “buen gobierno de Arévalo” y demonizan a todos los demás. Apuesta a que “si el gobierno no lucha contra la corrupción es por el Ministerio Público, que no persigue judicialmente la corrupción” Sin embargo, ¿Es difícil para el gobierno despedir a los ministros y funcionarios corruptos del Ejecutivo? Claro que no, es nada más una suerte de que no quiere por algo. Es difícil comprender como el señor Arévalo no pierde tiempo para despedir a una Ministra de Comunicaciones por no cumplir con sus caprichos, pero le cuesta despedir a una Ministra de Cultura por utilizar recursos del Estado para su hija o un Ministro de Gobernación que demostró ser un inútil en todo. Esto muestra que el Gobierno de Arévalo esta complaciente con los negocios sucios que se hacen en el Ministerio de Comunicaciones, en Desarrollo o en Salud Pública.
Así las cosas, no se puede augurar algo mejor, este año termina y empieza un año 2026 con elecciones decisivas en cuanto al ejercicio y disposición del poder. En 2026 tendremos una nueva Magistratura del Tribunal Supremo Electoral, un nuevo Fiscal General y una nueva Magistratura de la Corte de Constitucionalidad. Estas tres instituciones son clave para el próximo evento electoral porque cada una de ellas representa el ejercicio de acciones que puede avalar el evento electoral, modificarlo o incluso hacer caer a Guatemala en una crisis política sin precedente. En las pasadas elecciones la victoria del señor Arévalo planteó un escenario complicado, con un Tribunal Supremo Electoral que, a regañadientes, mantuvo los resultados. Un Ministerio Público judicializando el proceso al punto que estuvo cerca de tumbar todo el proceso electoral, queriendo incluso revisar las papeletas como si fuera un órgano electoral y, una Corte de Constitucionalidad que, en lugar de garantizar el respeto a la Constitución, se mantuvo muy tímida en cuanto a sus resoluciones de la judicialización a que estuvo sometido el proceso y fue hasta después, quien sabe por qué, cambió de posición apoyando la proclamación electoral.
En el próximo año se juega el futuro de Guatemala y, aunque hay unos más optimistas, me atrevo a decir que Guatemala no tendrá un buen futuro dada la manipulación que desde ya se están dando a la conformación de las comisiones de postulación, hay muchos intereses y es allí en donde se están jugando las decisiones futuras, la elección de una magistratura sólida e independiente en el TSE y en la CC, además de la elección de un Fiscal independiente hará que se reconduzca la democracia guatemalteca, porque la cooptación de uno u otro órgano por distintas vertientes plantea un panorama no solo complicado sino que además puede provocar la crisis política más seria que pueda vivir nuestro país en los últimos 30 años. Ojalá y por el bien de Guatemala, quienes lleguen a ocupar esos cargos sean personas que reflexionen si vale la pena vender el país o entregarlo a uno o hacer prevalecer el patriotismo que no solo debe salir cada 15 de septiembre.

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