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Cómo sobrevivir al caos comercial y militar de Yanquilandia

Sueños…

Diez años después de iniciar el ansiado siglo XXI la humanidad no encuentra el rumbo del desarrollo integral, en paz, con crecimiento económico, estabilidad social, protección de la naturaleza, bienestar colectivo y convivencia pacífica. El mundo real y el intelectual no parecen avanzar en resolver la intrigante pregunta de cómo la humanidad puede enfrentar el reto del desarrollo y convivencia con la naturaleza en términos racionales. Quizá necesitamos que en el mes de marzo aparezca “una familia de gitanos desarrapados” que “con gran alboroto de pitos y timbales” nos den “a conocer los nuevos inventos”, que incluyan como lograr el desarrollo.

El desarrollo continúa siendo objetivo soñado por una gran cantidad de naciones del mundo, las asimetrías del desarrollo generan, entre otros factores, inestabilidad y limitaciones para resolver grandes temas de la humanidad como la pobreza, el atraso, el hambre y la protección del ambiente. Encontrar una explicación del desarrollo y los factores que lo afectan sigue siendo una tarea intelectual y práctica con el propósito de encontrar rutas que permitan cerrar brechas de desarrollo entre las naciones y abrir causes para la negociación de agendas de integración social, económica, cultural y ambiental con el fin de preservar condiciones básicas de paz y bienestar a la humanidad en su conjunto.

En América existen dos o tres países que son un ejemplo de países pequeños que muestran claramente como ser una nación en vías de desarrollo y aun así alcanzar niveles de bienestar social, crecimiento económico, convivencia con la naturaleza y estabilidad política que generan bienestar para la mayoría de sus pobladores.

Aquí estamos de acuerdo con los analistas del Banco Mundial[1]las economías, eternamente en desarrollo, necesitan una nueva visión estratégica para sobrevivir positivamente en un mundo que se hunde en el caos y la desinformación masiva de las redes, manejadas por muy pocos cerebros.

La demagogia u optimismo extremo, de inicios del siglo XXI, llevaron a los organismos internacionales a fijarse una metas ilusorias llenas de euforia de funcionarios del Estado que son fáciles en dar promesas sin sentido, y que al final terminan empeorando el resultado social en lugar de avanzar. 

Los analistas del Banco Mundial resaltan esas ilusiones sin fundamento, los organismos internacionales se propusieron hacer “realidad para todos el derecho al desarrollo” y poner “a toda la especie humana al abrigo de la necesidad”. Animados por su propio entusiasmo “fijaron un plazo ajustado: (i) “Resolvemos, de aquí a 2030, poner fin a la pobreza y al hambre en todo el mundo”.”

En manos de aquellos iluminados “parecía que se avecinaba una era de progreso extraordinario para la humanidad.”

Todo fue una promesa política de las burocracias nacionales e internacionales, al llegar al primer cuarto del siglo, nada se cumplirá, más bien, Yanquilandia se prepara, luego de definir como terroristas a los carteles narco, para realizar operaciones militares ad hoc. El resurgimiento de ideologías conservadoras, la severa crisis internacional del 2007-08, el resurgimiento de los castigos militares a poblaciones civiles son engendros que muestran que los modelos de crecimiento económico de los humanos están en bancarrota.

En esta evaluación negativa, para el 2030, el mundo estará peor en desarrollo, cerca de 622 millones de personas seguirán viviendo en la pobreza extrema. El 44% de la población mundial vive con menos de $7 al día, en los países de ingresos medios altos. El hambre y la malnutrición seguirán siendo el destino de más de la mitad de la población del mundo. Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua están entre los de peor desarrollo. 

733 millones de personas experimentaron desnutrición en el 2023, en el África subsahariana vive el 80% de la población mundial sin acceso a la electricidad, 850 millones no tienen documento de identidad. Es el resultado de los objetivos del milenio, que quisieron ser alcanzados sin resolver los problemas de protección de la naturaleza y fortalecimiento de las libertades de cada individuo de la Tierra.

Algunos países ya no viven de su esfuerzo, viven de caridad internacional. Por ejemplo, Guatemala logra mantenerse funcionando por remesas enviadas por migrantes obligados a salir de su país por el hambre, la violencia, la falta de derechos.

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Fuente: Banco de Guatemala

En los países del tercer mundo, los problemas empeoran, el Banco Mundial nos alarma. Constantemente aparecen fuertes vientos en contra: “débil crecimiento de la inversión y la productividad, envejecimiento de la población en casi todos los países salvo en los más pobres, aumento de las tensiones comerciales y geopolíticas, y los crecientes peligros del cambio climático.”

Yanquilandia, Rusia y China nos muestran el camino, tal vez no al desarrollo, tal vez a la ruina total, quién sabe. Esas tres potencias son las únicas que cuentan con liderazgos convencidos de como alcanzar sus objetivos de dominio mundial, o por lo menos de cómo repartirse los recursos del planeta. El resto de países no contamos con liderazgos claros que nos indiquen los objetivos concretos a buscar en forma colectiva.

Los datos internacionales muestran que con la excepción de China e India, desde el lejano 2014 los ingresos per cápita, medidores de la productividad, son más bajos en todo el mundo comparados con las economías desarrolladas, que pese a mantenerse estancadas le sacan ventaja al tercer mundo. No existen liderazgos capaces de promover reformas internas que superen los problemas estructurales acumulados desde la colonia.

De la mano del FMI, el tercer mundo, y el primero también, aumentaron la deuda pública a niveles máximos históricos para salvar al sistema bancario y financiero, privado y público de la bancarrota, endeudando a las poblaciones ingenuas. Los flujos de inversión extranjera directa destinados a las economías en desarrollo son hoy solo la mitad del nivel de la década de 2000. Las nuevas restricciones al comercio internacional tienden a destrozar toda la economía mundial.

Quienes más sufren las consecuencias son las economías de ingreso bajo, donde viven más del 40% de las personas que sobreviven con menos de USD 2,15 al día. 

Pero, no todo es optimismo. El Banco Mundial advierte “Las economías en desarrollo no deben hacerse ilusiones sobre la lucha que les espera: los próximos 25 años serán más duros que los 25 anteriores. Necesitan un nuevo planteamiento que refuerce su capacidad para valerse por sí mismas y aprovechar las oportunidades de crecimiento allí donde se encuentren.”

En resumen, los países menos avanzados podrán sobrevivir si generan liderazgos patrióticos de unidad nacional, que rediseñen los Estados fallidos hacia democracias con protección del ambiente. Si no se transforman los sistemas educativos para formar ciudadanos con principios, con valores de solidaridad, protección de la vida silvestre y compromiso de avanzar hacia la equidad es poco lo que podremos esperar.

El mundo está en manos de la gente con visión de convivir en paz, armonía y convivencia. Ojalá que el final de la tercera década del siglo nos encuentre en el camino correcto.


[1] https://blogs.worldbank.org/es/voices/why-developing-economies-need-a-new-playbook?intcid=ecr_hp_headerA_es_ext

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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