
Coyotes de la misma loma
Una Guatemala Diferente Es Posible
En Guatemala, hablar de partidos políticos es hablar de un sistema quebrado desde sus cimientos, la debilidad de las organizaciones partidarias no es solo un síntoma; es la esencia misma del modelo político que hemos permitido que se consolide durante casi cuatro décadas, fragmentados, efímeros, sin cohesión ideológica y sin vida interna real, los partidos no funcionan como instrumentos de representación ciudadana, sino como vehículos para capturar el Estado y repartírselo.
La política en Guatemala es profundamente personalista, no gira alrededor de ideas ni de plataformas programáticas, sino alrededor de figuras, caudillos que usan al partido como trampolín y que, una vez agotado su ciclo , lo abandonas para fundar otro o saltar al que ofrezca mejores condiciones, a nivel local, esta lógica se reproduce con los caciques territoriales, alcaldes , empresarios, operadores políticos e incluso estructuras ilícitas que controlan votos, financiamiento y territorios, los partidos no compiten por convencer, negocian por controlar.
De esta combinación tóxica han surgido los llamados “Partidos S. A.” organizaciones que funcionan como sociedades anónimas donde lo fundamental no es la ideología, sino la capacidad de acceder a recursos públicos, del Estado, especialmente el presupuesto de obras que se convierte en la gran piñata de cada elección, por eso es imposible mantener bancadas unidas, cada diputado responde mas a su bolsillo y a sus financistas que al partido que lo llevo ahí.
Frente a esa realidad, resulta humorístico, sino fuera tan trágico, escuchar la confrontación permanente entre dirigentes partidarios, las acusaciones cruzadas sobre corrupción, clientelismo o vínculos con estructuras criminales funcionan mas como espejos que como denuncias, cada vez que un partido señala a otro, parece estar describiéndose así mismo, las izquierdas acusan a las derechas, las derechas acusan a las izquierdas, los autoproclamados “limpios” señalan a los “corruptos”, los progresistas acusan a los tradicionales, pero en el recuento final en el Congreso, en las alcaldías y en los periodos presidenciales, la constante ha sido lo mismo, corrupción, clientelismo y vínculos con el narcotráfico o con redes criminales.
Cambian las caras, cambian los logos, cambian los discursos, pero el sistema permanece intacto, no importa quien llegue al poder, el modelo les exige sumarse al mismo entramado de favores, financiamiento ilícito, negociaciones oscuras y acuerdos territoriales, esa es la verdadera razón por la que en Guatemala resulta tan difícil distinguir buenos de malos, porque el sistema esta diseñado para que todos caminen por el mismo lodo.
Los partidos se presentan como adversarios irreconciliables, pero la realidad es mucho mas cruda, son coyotes de la misma loma, gritan distinto, visten distinto, se acusan sin descanso, pero cuando se apagan las cámaras y se cierran las puertas, se negocian con las mismas redes, se financian de las mismas fuentes, practican las mismas estrategias y defienden los mismos intereses que han mantenido al país estancado y capturado.
Hasta que Guatemala no logre romper este circulo y construir partidos que respondan a ciudadanos y no a financistas, caciques o estructuras ilícitas, la confrontación seguirá siendo pura puesta en escena, un teatro político donde los actores cambian, pero la obra es siempre la misma, una democracia capturada y un país obligado a escoger, elección tras elección, entre coyotes que vienen de la misma loma. Al final no hay diferencias entre los partidos, la búsqueda de los recursos para expoliar al país, es el objetivo.
AL RESCATE DE GUATEMALA.
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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