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Democracia que excluye

Tanmi Tnam

En Guatemala, algunos líderes, politiqueros y teóricos les encanta hablar de democracia y generalmente llaman la atención porque en algunos discursos plantean argumentos y enumeran hechos que solamente se pueden encontrar en los sueños puesto que en el ámbito político no hay algún referente en la vida real del país, especialmente cuando se refiere a la multietnicidad. Es la democracia que defienden pocos sin la participación y representación de la mayoría y especialmente de los pueblos de Guatemala.

En la actualidad el quehacer de los poderes del Estado, el espíritu y práctica de los servicios públicos tienen como cimiento el pensamiento colonial que hasta la fecha sostiene al Estado con argumentos y prácticas de racismo, asimilación e integración. Desde la visión y vivencia de los pueblos originarios, el Estado actual no hace el esfuerzo de visibilizar a dichos pueblos, pero sí ha llegado a la creación de instituciones que fomentan la segregación en la educación, la salud y la justicia. Ante esta práctica, es necesaria la transformación radical del Estado.

Veamos algunas decisiones del pensamiento racista: el Decreto Legislativo No. 14 del 28 del mes de octubre de 1824 que dictó medidas “para procurar extinguir los idiomas indígenas”, está el Decreto Legislativo del 29 de octubre de 1824 que establecía “reducir a uno solo el idioma nacional”, el Decreto Legislativo del 17 de marzo de 1836 que claramente autorizaba al gobierno “incorporar a los indios no civilizados”, el Decreto Gubernativo del 13 de octubre de 1876 que declaró “ladinos a los indígenas de San Pedro Sacatepéquez”, el artículo 110 de la Constitución Política de 1956 que declaró de “interés público el fomento de una política integral para promover el desarrollo de la cultura y el mejoramiento económico y social de los grupos indígenas”, el artículo 110 de la Constitución Política de 1965 que decía “el estado fomentará una política que tienda al mejoramiento socio-económico de los grupos indígenas para su integración a la cultura nacional”.

Llegamos con este pensamiento y práctica política al año 1985 cuando la Constitución Política en el artículo 66 que habla de la protección a grupos étnicos “El Estado reconoce, respeta y promueve sus formas de vida, costumbres, tradiciones, formas de organización social, el uso del traje indígena en hombres y mujeres, idiomas y dialectos”.  En el artículo 70 de la misma Constitución establece que “Una ley regulará lo relativo a las materias de esta sección”.  El caso es que 38 años después ningún partido político ha demostrado interés por posicionar y operar el cumplimiento de este artículo.

Ahora en esta coyuntura, los pueblos de Guatemala estamos pidiendo la palabra para reafirmar que el Estado es excluyente y racista. Pedimos la palabra para expresar nuestras demandas en los idiomas en uso en el territorio nacional. Somos guatemaltecos unidos en la diversidad y debe haber respeto y reconocimiento a cada pueblo para construir la democracia incluyente que deseamos.

Bajo el liderazgo de los 48 Cantones de Totonicapán y de otras autoridades ancestrales de distintas regiones del país, se está enviando un fuerte mensaje a todos los actores políticos del país para que integren a su agenda futura el tema pueblos originarios con el objetivo de reflexionar, decidir y trabajar por una democracia que tome en cuenta a todos los pueblos de Guatemala. Es la democracia que parte de conceptos, estrategias y políticas con apertura al reconocimiento, participación y representación de los pueblos y sectores como la juventud y las mujeres.

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