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Descanse en paz, Coronel Dehesa, Héroe de la Patria

Zoon Politikón

El Coronel Raúl Dehesa Oliva falleció irónicamente en prisión preventiva después de casi una década de cautiverio, justo un día después de que tres magistrados liberaran al terrorista César Montes, condenado a 175 años de prisión por el asesinato de tres miembros del Ejército. Esta trágica coincidencia resalta una profunda injusticia en nuestro sistema judicial.

El Coronel Dehesa fue un verdadero héroe de Guatemala, un militar veterano que se mantuvo firme en sus valores y principios. Durante casi nueve años, sufrió cautiverio, pero nunca claudicó en su lealtad a la Patria. Su vida estuvo marcada por un amor profundo por Guatemala, lo que lo llevó a luchar incansablemente por un país libre del totalitarismo. Su rectitud, fortaleza y valentía forjaron la esperanza de un futuro en el que su gente pudiera vivir en libertad. Es una tragedia que un hombre de su valía haya partido sin el reconocimiento que merecía, lejos de su hogar y su familia. Debió haber dejado este mundo rodeado de sus seres queridos, honrado por su abnegación y amor a Guatemala.

Sin embargo, el desdén con el que se trata a quienes han defendido la libertad y la dignidad de la nación, mientras se perdona a quienes han causado sufrimiento, resalta la injusticia que permea nuestro sistema. La memoria del Coronel Dehesa debe ser honrada con verdadera justicia y dignidad para nuestros héroes.

El beneficio otorgado a Montes no solo evidencia una extralimitación de funciones y una violación del debido proceso, sino que también plantea un cuestionamiento fundamental sobre la equidad de nuestro sistema judicial. Es ilógico proporcionar medidas sustitutivas a condenados por asesinato, a menos que se sospeche de sobornos a los magistrados. En un giro irónico, la Corte de Constitucionalidad, máximo tribunal de Guatemala, dejó firme el 20 de febrero el fallo que cierra el caso contra un grupo de militares retirados. Sin embargo, el Coronel Dehesa continuaba retenido, muriendo en condiciones de privación de libertad.

En Guatemala, la situación actual revela un preocupante sesgo en el tratamiento de los actores involucrados en el enfrentamiento armado. Por un lado, se observa la persecución incesante de militares ancianos, cuya vida ha sido marcada por años de servicio a la patria. Por otro, se otorgan beneficios a exguerrilleros que han sido condenados por actos de terrorismo, dejando en evidencia una doble moral que no solo es injusta, sino que también amenaza con socavar las bases de una verdadera reconciliación.

La justicia, en su forma más pura, debe ser ciega. Sin embargo, la realidad que enfrentamos revela un sistema que parece tener ojos selectivos. La persecución de militares, a menudo basada en acusaciones vagas y generales, contrasta drásticamente con el tratamiento benevolente que reciben aquellos que, en nombre de una ideología radical, sembraron el terror, asesinaron a inocentes y destruyeron infraestructuras vitales para el desarrollo del país. Esta discrepancia no solo es una falta de justicia, sino un acto de venganza que perpetúa el ciclo de odio y división.

Debemos entender que la justicia no debe ser un instrumento de revancha. La criminalización de un solo sector, mientras se exculpa a otro, no es solo un error, sino una injusticia que no contribuye al tejido social que tanto necesitamos reconstruir. La verdadera reconciliación implica reconocer las faltas de todas las partes involucradas, en lugar de erigir un relato simplista que favorece a un grupo sobre otro.

La situación actual, donde los militares enfrentan largos procesos judiciales sin pruebas concluyentes, resuena con eco en la conciencia colectiva de una nación que clama por justicia. A medida que los años pasan y los acusados se convierten en ancianos en prisión preventiva, la pregunta se vuelve inevitable: ¿dónde queda la justicia para quienes han servido a la patria?

El tratamiento desigual de militares y exguerrilleros en Guatemala puede tener efectos sociales sumamente negativos que repercutirán en múltiples aspectos de la vida nacional. Una justicia sesgada erosiona la confianza en las instituciones. Además, las consecuencias sociales de esta injusticia selectiva son profundas. En primer lugar, la polarización de la sociedad se convierte en una realidad palpable. Cuando un grupo se siente perseguido y otro se siente exonerado, se genera un ambiente de confrontación en lugar de diálogo. Así, la reconciliación se convierte en una ilusión, y las heridas del pasado permanecen abiertas, impidiendo una verdadera unión nacional.

Por último, debemos de tomar en cuenta que la injusticia persistente imposibilita alcanzar la paz tan anhelada. Sin un reconocimiento equitativo de las faltas de todos los actores, el país no podrá avanzar hacia un futuro en el que todos se sientan incluidos y valorados.

A todos nuestros veteranos: gracias. Gracias por responder al llamado del deber, por su coraje y por los extraordinarios sacrificios que ustedes y sus familias han hecho en nombre de la libertad y la paz. La memoria del Coronel Dehesa debe ser un llamado para restaurar la justicia y el respeto en nuestro sistema, asegurando que nunca se olvide el sacrificio de quienes han defendido nuestra nación. Por todo lo anterior, es fundamental recuperar la dignidad y el honor de aquellos que, como el Coronel Dehesa, han dado todo por Guatemala.

En honor a un héroe caído, recordemos que la verdadera reconciliación implica reconocer y valorar el sacrificio de aquellos que defendieron la libertad de nuestra nación.

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Edgar Wellmann

Profesional de las Ciencias Militares, de la Informática, de la Administración y de las Ciencias Políticas; Analista, Asesor, Consultor y Catedrático universitario.

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