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El asesinato del Coronel Arana, el gobierno de Árbenz y sus secuelas (Tercera Parte)

LA OTRA CARA

Manuel Cobos Batres era un ciudadano que había contribuido a derrocar la dictadura de Manuel Estrada Cabrera en el año 1919 y estando Indignado por la forma en que se había asesinado al Coronel Arana, tras meses de absurdas explicaciones o largos periodos de silencio de Arévalo, manifestó su repudio y el de muchos ciudadanos mediante la difusión de lo acaecido en el puente La Gloria utilizando las declaraciones de Chico Palacios (chofer de Arana) volantes y pancartas se distribuyeron y colocaron por toda la ciudad denunciando la participación de funcionarios de gobierno y proponiendo que se efectuaran minutos de silencio todos los días a las 6 de la tarde, llamando a todos los hombres y mujeres que estuvieran de acuerdo a que detuvieran su marcha o sus actividades y guardaran silencio durante un minuto. La convocatoria orientaba a que en forma pacífica, pero con firmeza y constancia se exigiera con mayor fuerza que Arévalo presentara su renuncia al cumplirse el primer año del vil asesinato.

A pesar de la debilidad inicial de la concurrencia pronto fueron tomando fuerza, y ansiedad en el gobierno. Con la llegada de las seis de la tarde desde todas direcciones confluían grupos de manifestantes al Parque Central haciendo un plantón frente al Palacio Nacional. En una clara manipulación del Gobierno se formaron grupos de choque que enfrentaron durante varios días a los silenciosos manifestantes provocando enfrentamientos que lejos de asustarlos servían como acicate para que aumentara su fuerza y poder de convocatoria.

Ante la agresión a la ciudadanía participante, los empresarios, comerciantes y colegios profesionales se fueron a la huelga fortaleciendo el movimiento. Como una medida desesperada el 25 de Julio de 1950 el gobierno de Arévalo decretó Estado de Sitio delegando en el Jefe de las Fuerzas Armadas Mayor Carlos Paz Tejada el control militar y policial de la república. De esta manera el gobierno reconoció que había perdido el control de la situación y entregó la seguridad y estabilidad del país a las Fuerzas Armadas. La campaña política que se desarrollaba ese año con Árbenz como candidato favoreció al candidato oficial; otros candidatos como el General Miguel Ydigoras Fuentes sufrieron persecución y otro candidato, Jorge García Granados, y Cobos Batres fueron acusados de conspiración y llevados a la cárcel.

INTENTO DE TOMAR LA BASE MILITAR LA AURORA POR EL CORONEL CARLOS CASTILLO ARMAS

Luego de las detenciones de García Granados y Cobos Batres, Ydigoras permaneció escondido apoyado por sus seguidores durante los meses que faltaban para las elecciones generales. Varios partidos perdieron estatus como partidos legalmente vigentes debido a la manipulación de su situación legal por parte de los funcionarios electorales servidores de Arévalo, y sus sedes fueron allanadas y destruidas. Con estas “democráticas medidas” se aseguraba que el candidato oficial tuviera expedita la ruta hacia las elecciones y por lo tanto al poder. Las elecciones estaban fijadas para los días 10, 11 y 12 de noviembre de 1950.

Una semana antes de las elecciones, el domingo 5 de noviembre, un grupo armado comandado por el Coronel Carlos Castillo Armas realizo un intento por tomar la base militar La Aurora.  Esta acción formaba parte de un intento para iniciar una rebelión que depusiera al régimen y evitar con ello que se consumaran las elecciones que estaban diseñadas a la medida para que Árbenz y los comunistas tomaran el poder con la complicidad de Arévalo. Castillo Armas era desde que formaba parte del Consejo Superior de la Defensa, un Aranista convencido y una de las principales figuras que le apoyaban y desde el asesinato de Arana un año antes, se había convertido en un fuerte adversario de Árbenz y de Arévalo; esta conjura estaba apoyada por algunas importantes figuras políticas y sociales como Juan Córdova Cerna, simpatizante Aranista que había sido Ministro de Gobernación de la Junta Revolucionaria de Gobierno en 1944.

Por la cercanía de las elecciones el mando militar en forma preventiva había trasladado desde algunas bases del interior del país algunos contingentes de soldados y uno de estos grupos provenientes de la base militar de Zacapa había reforzado La Aurora, cuyo Comandante era el Teniente Coronel José Ángel Sánchez y el Segundo Comandante el Teniente Coronel José Barzanallana. A cargo del contingente de tropa llegado de Zacapa se encontraba el Capitán Pedroza, quien supuestamente era parte de la conspiración de Castillo Armas y se había comprometido a colaborar con los sediciosos para tomar la base La Aurora.

El plan fracasó al haberse fugado información y ante los preparativos para repeler a los atacantes Pedroza fue enterado de los mismos y desertó. Cuando el grupo comandado por Castillo Armas, que estaba compuesto por aproximadamente 40 hombres quiso ingresar a la base militar luego de haber desembarcado de varios vehículos, fueron cercados por personal militar quiénes los detuvieron y encerraron en calabozos mientras Arévalo y Árbenz decidían su destino. Luego de que el Coronel Barzanallana recibió la orden de asesinarlos, fueron sacados de los calabozos y ejecutados mediante fuego de ametralladora con un saldo mortal de entre 16 y 20 muertos,

El resto de los atacantes que no entraron a la emboscada habían huido en todas direcciones, especialmente por los barrancos circundantes. Dentro de los caídos se encontraba un hijo de Córdova Cerna, quien había llegado a avisarles a los alzados que el plan debería de detenerse pues había existido fuga de información, habían sido traicionados y los jefes de la base estaban esperándolos. Entre los detenidos se encontraban Castillo Armas, el coronel Aguilar Peláez y el mayor Leopoldo Pimentel. Según referencias de la época fue el propio Árbenz quien se encontraba en el Palacio Nacional ese día, luego de ser alertado por los jefes militares, quien dio la orden de asesinar a los detenidos.

Árbenz se encontraba ya de baja por haber renunciado a su cargo como Ministro de la Defensa para participar en las elecciones, sin embargo como lo demostraron los hechos seguía mandando tras bambalinas con el apoyo y consentimiento de Arévalo. La orden la ejecuto personal bajo el mando del Teniente Coronel Barzanallana, y posteriormente los cadáveres fueron trasladados hacia el Hospital Militar. Castillo Armas salvó la vida cuando su cuerpo herido calló bajo los otros ejecutados y sin ser descubierto, fue trasladado con los cadáveres.

En el hospital militar fue detectado por un médico de apellido Labbé que entre los cadáveres se movía uno de ellos y descubrió que Castillo Armas estaba vivo. Informado Árbenz que el jefe de la conjura se encontraba con vida ordenó que fuera trasladado a la base La Aurora y dio instrucciones a Barzanallana de que lo eliminara, sin embargo, el Mayor Paz Tejada se había hecho cargo de la situación como Jefe de las Fuerzas Armadas y lo impidió. Árbenz nunca perdonó a Paz Tejada no haber cumplido esta orden. Según Carlos Manuel Pellecer, a quien el autor de la serie tuvo la oportunidad de entrevistar en su casa de habitación en la Antigua Guatemala, Árbenz estaba furioso con Paz Tejada y le dijo “por el estúpido de Paz Tejada que no quiso autorizar que lo remataran, por su cobardía, Castillo Armas está vivo”.

A pesar de la fallida intentona y la posterior masacre ejecutada por órdenes de Árbenz y Arévalo, las elecciones programadas para la semana siguiente se realizaron sin mayores contratiempos. Cabe resaltar que las votaciones en las áreas rurales en donde el Partido de Acción Revolucionaria PAR y la Coordinadora Nacional Campesina de Guatemala CNCG contaban con fuerte organización, contaron con el apoyo incondicional del Gobierno de Arévalo, y se efectuaron traslados masivos de campesinos analfabetos hacia los centros de votación en donde los campesinos acarreados votaron a viva voz. Por ello según Carlos Manuel Pellecer, quien fue uno de los principales dirigentes agrarios de la época, hubo fuerte intervención del gobierno en las elecciones, el espacio político de la oposición fue prácticamente inexistente, y el planificado triunfo impuesto por los comunistas para que Árbenz asumiera la Presidencia de Guatemala con todo lo que significaba geopolíticamente, se hizo realidad.

Continuará…

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Le invirtamos a leer más del autor:

Oscar Platero

Historiador y escritor, Analista y docente de Inteligencia. Geopolítica, Seguridad y Defensa. Director del Instituto de Estudios Estratégicos IEE

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