
México y un gran censurador
Conexión México
La democracia en México enfrenta un paulatino desmantelamiento.
Cuando se hace un recuento crudo de lo ocurrido en los últimos tiempos, el análisis es severo y alarmante, pues el gobierno apunta hacia la defensa de un derecho de audiencias, cuando de fondo existe un abierto riesgo de limitar la libertad de expresión.
El gobierno ha quitado varios contrapesos que hoy dejan sin dientes la defensa de varios derechos y garantías. Tenemos un poder judicial cooptado por jueces, magistrados y un tribunal de disciplina con una clara tendencia partidista hacia el partido en el poder.
Árbitros electorales ciegos, sordos y mudos dejando que los aspirantes morenistas a cargos de elección popular, hagan campaña adelantada con o sin recursos, sin responder a un escrutinio de las autoridades electorales.
La desaparición de los organismos de transparencia ha minado un escenario donde se hace cada vez más necesario, revisar con lupa la rendición de cuentas de cientos de morenistas que están ocupando cargos de elección popular.
El país está envuelto en muchas narrativas que son resultado del caos, desinformación y posverdades alentadas desde los gobiernos en turno.
Preocupa de manera especial, los reacomodos que diferentes medios de comunicación en el país enfrentan como resultado de asfixia financiera, acoso judicial o amagues para despedir a conductores y periodistas críticos.
La propuesta de defender los derechos de las audiencias representa un instrumento para coartar las voces de quienes exhiban la corrupción de gobernantes y políticos, más aún, si estos pertenecen al partido en el mandato.
Es una realidad que al actual gobierno liderado por la Presidenta Claudia Sheinbaum le preocupa haber perdido el control de una narrativa que cada vez se confronta más, con las versiones que surgen en redes sociales, donde el desmantelamiento de las verdades gubernamentales es casi a diario.
Establecer nuevos lineamientos para una aparente defensa de los derechos de las audiencias, implica poner en bandeja de plata, el control de la libertad de expresión en manos de un estado ansioso de formalizar la censura “institucionalizada”, que contemple sanciones y multas por parte de un órgano cuyo control esté disfrazado para cubrir las manos del propio gobierno.
La gravedad de lo que se avecina no puede ser concebida como una propuesta menor. Propietarios de medios de comunicación, cámaras de la radio y televisión han mostrado una preocupante tibieza frente a las intenciones del régimen gubernamental.
No es el caso de los periodistas, analistas, usuarios de redes sociales, catedráticos y activistas quienes entienden bien y advierten el grave riesgo que se cocina para el ejercicio de las libertades, en un país donde cada vez se advierten más amenazas para la libertad de expresión en todas sus modalidades.
De nosotros depende dar una batalla que no sea timorata, sino frontal para exhibir los riesgos que ya son una realidad en un México donde las autocracias siguen ganando terreno.




