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El hastío por los políticos 

Reflexiones

“La gente detesta el pasado político inmediato y ansía la llegada de un nuevo orden de cosas”.
Eduard Punset

Dice José Luis González Quirós: “que los prestidigitadores suelen tener la sana costumbre de espaciar sus actuaciones ante el mismo público porque sus números acabarían aburriendo si se pudiesen ver varias veces por semana. Lo mismo cabría decir de cualquier otro artista o personaje público, no hay nada más fácil que cansarse viendo que las cosas se repiten”.

En política ese criterio no se respeta con la debida prudencia. Por ejemplo, nuestros diputados, alcaldes y precandidatos a la presidencia parecen disfrutar repitiendo cada cuatro años su narrativa en procura por el control del poder político, como lo indicó Maquiavelo: “el poder por el poder mismo”, con el único fin del bienestar particular por sobre el bienestar general de la población.

El hastío por los políticos surge también por soportar durante muchas décadas, nefastas administraciones, saturadas de corrupción e impunidad; así también, por la débil representatividad (legitimidad), como es el caso del actual mandatario Bernardo Arévalo, quien obtuvo el 15.51% de los votos válidos  en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2023 -de 9 millones de ciudadanos aptos para votar-; el discurso vacío (demagogia), promesas de campaña incumplidas (frustración en el elector); el clientelismo político (intercambio de bienes por votos); manipulación emocional en las campañas (control del comportamiento del electorado). 

Todo ello lleva a la desconfianza, el escepticismo, la abstención y al nihilismo político, ya que los ciudadanos perciben que los políticos no solucionan sus problemas ni representan sus intereses, cayendo en un ciclo de promesas incumplidas, desesperanza y desilusión. 

Al realizar el análisis situacional en el escenario político se obtienen datos duros que suman en ese hastío hacia la política institucional (partidos políticos), entre los que podemos citar el lawfare y la politización de la justicia, el abuso de poder por parte de funcionarios (la discrecionalidad en la toma de decisiones), las falacias (ad populum, ad hominem) y la falta de integridad (ausencia de principios morales y éticos), los que generan desconfianza en las instituciones políticas.

Otro elemento a tomar en consideración en el análisis de las instituciones políticas es la crisis de representación. Cuando los ciudadanos sienten que los líderes están desconectados con la realidad que ellos y ellas viven y sus discursos y decisiones no reflejan sus intereses, necesidades y problemas reales.

Actualmente existe abundancia de politiquería barata y exceso de propaganda disimulada en las redes sociales. Hoy día vemos con preocupación una sustitución de ideas con viabilidad financiera, técnica y política, por una retórica vacía, eslóganes de márquetin y chistes de mal gusto, agotando la paciencia del ciudadano.

En este contexto vemos cada cuatro años a gobiernos que no cumplen sus promesas, provocando desilusión e inmediatamente el deseo de promover un nuevo sistema de gobierno, sin encontrar alternativas claras. Ante ese dilema debemos recordar el pensamiento de Winston Churchill: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”.

En ese orden de ideas, la incapacidad de los dirigentes políticos para abordar problemas reales (el precio de la canasta básica, la desnutrición, etc.), presentando mensajes vacuos que no resuelven la complejidad y en consecuencia generan frustración. La falta de transparencia y rendición de cuentas, junto con la promesa de soluciones mágicas (remozamiento = calidad educativa), abona el terreno para el hartazgo provocando ingobernabilidad y el hastió correspondiente en la población.

Podemos concluir que existe una pérdida de interés real en la participación política, la apatía y el desgano son solo algunas respuestas conductuales, lo que incide en una menor ciudadanía activa, sumado a esto la tendencia en alza por el voto nulo (17,33 %) y el voto en blanco (6,98 %) -elecciones 2023-.

En el escenario actual, se puede observar el surgimiento de nuevos movimientos o partidos políticos de corte populista, que tratan de capitalizar el voto flotante, consecuencia del evidente hastío por los mismos. Un círculo vicioso donde la desilusión alimenta más desilusión y la casta política, en lugar de ser la solución, se convierte en el problema. 

Existe en el ciudadano, el anhelo por un proyecto político que, de respuesta a la necesidad de cambios profundos en Guatemala, un proyecto que revolucione las estructuras sociales, económicas y políticas en pro de un estado de bienestar. Un modelo disruptivo que transforme la cultura política y provoque el equilibrio propicio para la gobernabilidad (grupos de poder y de presión), superando la inercia de la gestión gubernamental, que cierre la brecha de desigualdad combatiendo la corrupción, que estimule el desarrollo sustentable y corte de tajo con la impunidad de la que gozan ciertos actores sociales, económicos y políticos.

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