
El racismo esencialista en la crítica a Torres Rivas
Fue solo asumir una posición de destaque político para que con furor los incansables juzgadores de la conducta humana se le tiraran como sabuesos. A sus 86 años ha dispuesto hacer lo que muchos jóvenes temen y hasta rechazan por no ser políticamente correcto con lo que se pregona en las redes sociales y universidades neoliberales: promover la creación de un nuevo partido político y asumir su dirección temporal. No busca posición de destaque, pues ya ha más que destacado en la vida académica latinoamericana. Busca ofrecer hasta la última gota de sus fuerzas para promover organizaciones políticas que oxigenen el quehacer político del país. Sus propósitos son laudables, las dificultades enormes.
Profesional de las ciencias sociales, ha sido siempre polémico en sus escritos pues no se ha plegado a ninguna ortodoxia. Pero Edelberto Torres Rivas lleva también la política en las venas -que es un decir, pues como veremos adelante eso de la herencia de “sangre” en las prácticas sociales no existe- se educó en los exilios de su padre, y él mismo ha sufrido más de dos largos extrañamientos.
La entrevista radial que dio lugar a los ataques surgió por ello, porque dispuso asumir la secretaría de un comité pro partido político, con todas las dificultades que esto conlleva. Y fue al final de la entrevista cuando, ya para despedirse, se le preguntó por qué los guatemaltecos somos desconfiados, a lo que afirmó que “los indígenas son muy desconfiados (…) hemos heredado de ellos dos cosas: la desconfianza y la tristeza, yo creo que hay que combatir eso”. No hay en la afirmación menosprecio al otro, sino la constatación de una desconfianza y tristeza inveterada. Puede acaso un pueblo sojuzgado, sometido, explotado por más de cinco siglos morirse de la risa y confiar en los demás, ¡claro que no!, y combatir esa tristeza y desconfianza implica modificar esas formas de explotación, considerar que el mestizaje del que somos producto no perpetúe, como hasta ahora, que unos pocos se queden con todo, y que los otros muchos que sudan, trabajan y se desvelan no obtengan siquiera lo mínimo para subsistir.
Torres Rivas agregó, “la mitad, o talvez el 80 por ciento de los guatemaltecos somos mestizos, todos tenemos algo de sangre indígena y algo de sangre española” y, para provocar al criollo que se siente castellano y madrileño, sarcásticamente cerró la frase con un “ojalá nos hubiera tocado sangre barcelonesa, catalana”. Fueron estas frases las que incendiaron a las redes sociales. La acusación gratuita de racista no se hizo esperar, viendo en la constatación del mestizaje un delito de lesa patria. Los esencialistas raciales se sintieron ofendidos, pues tristeza y mestizaje no va con ellos. Estimándose puros e inmaculados hicieron uso de las mestizas redes sociales para execrar al académico que se arriesga a hacer de nuevo política.
Es evidente que en el actual estadio de las ciencias sociales lo étnico no puede ser entendido por “la sangre”. Ese biologisismo solo tiene sentido para los esencialistas, para quienes la herencia genética es lo único y fundamental, para los que en el fondo sí son racistas. Las prácticas y sentimientos sociales, como la desconfianza y la tristeza no se heredan, se aprenden y desarrollan en contextos sociales concretos. La violenta conquista española destruyó las bases más íntimas de la estructura social indígena, por lo que a estas alturas de nuestra historia es al menos ingenuo imaginar grupos sociales que conserven puras sus ancestrales prácticas sociales. Si más del 90 por ciento de los guatemaltecos se dicen firmemente cristianos, incluidos los que se identifican como indígenas, esa creencia, matizada por cualquier proporción de sincretismo es, en sí, la más firme y clara muestra de mestizaje.
Las prácticas sociales y culturales del indígena de hoy ya no son las del maya de hace 500 años, aunque el abandono y la explotación hayan permitido que sobrevivan valiosas prácticas y conceptualizaciones, reivindicarlas en una activa y dinámica interculturalidad (mestiza) nos hará nación. Buscar racismo donde simplemente hubo reflexión rápida es confundir al contrincante, o simplemente comenzar a hacerle favores al explotador de siempre para que premie con medallas o becas al extranjero.



