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El Señor Arévalo, o la no aprobación de su gobierno en cifras estadísticas

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Una investigación estadística patrocinada por la Fundación Libertad y Desarrollo muestra que, en general, el 62% de los ciudadanos no aprueba el gobierno del Señor Bernardo Arévalo. En particular, muestra que el 56% opina que ejerce mal o muy mal la Presidencia de la República; y que el 78% opina que conduce a la nación por el “rumbo” incorrecto. El 17% opina que no la ejerce bien ni mal, o se abstiene de opinar. Solamente el 35% lo aprueba y el 18% opina que conduce a la nación por el “rumbo” correcto.

Con respecto a los presidentes anteriores, hasta el presidente Marco Vinicio Cerezo Arévalo,  el 63% de los ciudadanos opina que el Señor Arévalo ejerce mal o muy mal la Presidencia de la República. Es uno de los tres presidentes que peor la han ejercido. Los otros son Alejandro Giammattei Falla y Alfonso Portillo Cabrera. Los tres presidentes que mejor la han ejercido son Álvaro Arzú Irigoyen, Óscar Berger Perdomo y Ramiro de León Carpio. Lo presidentes que no han sido los mejores ni los peores son Marco Vinicio Cerezo Arévalo, Álvaro Colom Caballeros, James Ernesto Morales Cabrera. Otto Pérez Molina y Jorge Serrano Elías.

En el año 2024 la preocupación principal del 46% de los ciudadanos era el costo de vida. La cesantía laboral era la preocupación principal del 15%, y la inseguridad, la principal preocupación del 9%. En enero del presente año, la inseguridad era la preocupación principal del 32%. El costo de vida, la del 28%. La cesantía laboral, la del 15%. 

El 32% opina que el problema principal del país es la corrupción. El 25% opina que es la criminalidad. El 21%, opina que el problema principal es la cesantía laboral y el costo de vida. El 57%, opina que la criminalidad ha aumentado.

El gobierno del Señor Arévalo no ha contribuido a que un mayor número de ciudadanos prefiera la democracia. Efectivamente, el 48% prefiere la democracia; pero el 37% opina que “es lo mismo” una democracia que una no democracia, o no expresan preferencia o no preferencia por la democracia. El 15% opina que, según las circunstancias, un gobierno no democrático puede ser mejor que uno democrático. Se colige que más del 50% de los ciudadanos no le concede importancia a esa democracia (que realmente es pseudo democracia) de la cual el Señor Arévalo cree ser un providencial salvador. 

La muestra estadística de la investigación estuvo constituida por 1,232 ciudadanos. Fue una investigación que comenzó en el día 9 de del pasado mes de enero y finalizó en el día 17 de ese mismo mes. Finalizó, pues, en el día en que había comenzado una rebelión de reos en tres presidios. Conjeturo que haber finalizado antes de que se conociera públicamente la magnitud de la rebelión, evitó registrar, en general, una mayor proporción de ciudadanos que no aprueban el gobierno del Señor Arévalo; y en particular, una mayor proporción de ciudadanos preocupados por la inseguridad pública, o de ciudadanos que opinan que el principal problema del país es esa inseguridad.

La dominante no aprobación del gobierno del Señor Arévalo es un hecho cotidianamente comprobado. Es un presidente que ha posibilitado la prosperidad del robo, la extorsión, el secuestro y el asesinato. Que por negligencia, o por irresponsabilidad, o por estulticia, no ha podido ni aun detener la destrucción de las principales vías terrestres, y ni aun detener el empeoramiento del estado de los puertos aéreos y marítimos. Es un presidente que, precisamente por esa negligencia, irresponsabilidad o estulticia, ha provocado un aumento del costo de producción, intercambio y consumo de bienes. Es un presidente que ha promovido un absurdo aumento del presupuesto financiero general del Estado. Que ha incrementado demencialmente la deuda pública y ha expandido licenciosamente la burocracia gubernamental.

Por ser la dominante no aprobación del gobierno del Señor Arévalo, un hecho cotidianamente comprobado, la investigación estadística patrocinada por la Fundación Libertad y Desarrollo no ha descubierto esa no aprobación, sino que la ha confirmado y, por supuesto, la ha cuantificado. Es una confirmación importante, por la cual él, el Señor Arévalo, ya no es estadísticamente anónimo, sino es nónimo. Es un nonimato estadístico que denuncia un pésimo ejercicio de la Presidencia de la República.

En el reciente Foro Internacional de América Latina y el Caribe, que se celebró en Panamá, el Señor Arévalo pronunció el discurso inaugural. Fue un discurso dedicado a disertar sobre maravillosos sucesos económicos, sociales y políticos que han ocurrido en nuestro país, por obra de su gobierno. Empero, la dominante no aprobación de él convierte a ese discurso en una ridícula patraña, o en una tosca obra de insoportable  charlatanería, propia de un inelegante demagogo.

 Psicológicamente ese discurso mostró que el Señor Arévalo carece de sentido de la realidad. Reveló que él reside en un mundo engendrado por una rara fantasía, que brinda un ejemplo de que el poder puede corromper; pero también puede idiotizar. En ese fantasioso mundo, su ineptitud es rica aptitud. Su ignorancia de la economía es magna sabiduría. Su irresponsabilidad es moralidad. Su gobierno otoñal es resplandor primaveral. En ese fantasioso mundo, él  es heroico vencedor de un ejército de conspiradores enemigos de la democracia. Él es sujeto y  objeto de una santa aprobación, que es un tesoro que la profana investigación estadística no puede comprobar, sino solo difamar. 

Post scriptum. Conjeturo que, según el Señor Arévalo, la investigación estadística patrocinada por la Fundación Libertad y Desarrollo ignoró a los millares de ciudadanos que duermen en torno al Palacio Nacional y la Casa Presidencial, con la esperanza de verlo y luego jurarle a los nietos y bisnietos que alguna vez vieron al Gran Benefactor de la patria, al Sacro Creador del inmenso bien del que disfrutan. O aquella misma investigación ignoró que,  en las aldeas, los pueblos o las ciudades que él visita,  los hombres se inclinan, y las mujeres se hincan, y los niños besan su manos, y los ancianos lo bendicen.

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