
Está mal mezclar religión con Estado
Generación de Cristal
Es muy común en nuestro país que se mezcle la religión con Estado. No me refiero a que los pastores y sacerdotes —sobre todo los primeros— se involucren en política. Las religiones católica y protestante son parte importante de nuestra sociedad, y poca razón veo para defender que se les prohíba participar en la arena pública. Sin embargo, aun admitiendo su derecho, creo que hay una responsabilidad que viene consigo al estar en la política: no se gobierna sobre los tuyos, se gobierna sobre todos.
«¿Pero si yo busco el bien de todos?», pensará, seguro, el pastor que me lea. Confío en usted y le creo, pastor, pero no es suficiente. No critico su religión, sino si su política es religiosa. Es decir: si la justificación para, por ejemplo, promover una ley es que «así lo dice mi religión» está siendo inmoral.
«Claro, y los otros pueden hacer sus leyes porque así lo dice Marx o Hayek o quien sea y está bien. ¿Cuál es la diferencia entre hacer una ley religiosa y otra comunista?». Gran apunte. Es cierto que ambos están haciendo leyes desde una cosmovisión específica y es, en efecto, una ley para su grupo específico. No obstante, el problema está en una distinción particular de la religión: es irracional.
Antes de que se alcen las antorchas, no lo digo de forma despectiva. Es una postura que bien podría defender, al menos en parte, buena porción de los teólogos de la historia. Me parece posible llegar de forma racional a la existencia de un creador; incluso, me atrevo a decir, a uno perfecto, eterno, omnisciente, omnipresente y con demás características del Dios cristiano. Y, sin embargo, su doctrina concreta es por definición subordinada a la fe. Se cree en la trinidad por fe y revelación, pero no por razón. Lo mismo se puede decir de obedecer a los distintos versículos de la Biblia, libro escrito por hombres, pero inspirado por la razón divina. ¿Cómo sabemos que así es, y que no están entre algunos libros verdaderos otros falsos? Por fe. ¿Qué hace al cristiano obedecer a las leyes religiosas que ni le gustan ni le parecen lógicas? La fe.
Que se siga a Dios por fe no tiene en absoluto por qué ser un problema. Todos tienen derecho a creer en lo que quieran por las razones que sean. Puedo incluso admitir que tienen razón y que Dios existe y lo conocemos por revelación. Y, aun así, el punto se mantiene: está mal legislar por fe. La diferencia entre la fe del cristiano y los puntos del liberal y el comunista está en que los últimos son criticables. En cambio, en el debate público se cierra toda puerta a la conversación siempre que se justifique cualquier ley por religión. El liberal y el comunista se pueden atacar mutuamente, sus supuestos pueden ser debatidos y son capaces de conversar. Si gana el comunista, este seguirá gobernando por una creencia racional —que no por eso correcta— a la que todos pueden acceder, tanto para defenderla como criticarla. En cambio, si la justificación es la revelación, ¿qué puede hacer el laico, el conservador y el liberal más que obedecer?
De nuevo, los pastores, sacerdotes, rabinos e imanes tienen total derecho de ejercer el poder. Pero sus razones para legislar deben ser accesibles a todos para que exista el debate político necesario para la buena sociedad. Sin él, la sociedad se encuentra gobernada por una dictadura de la religión, donde el acceso a la verdad es exclusivo al líder y sus seguidores. ¿O cómo vería que se le obligue por la fuerza, como hacen los Estados, a actuar conforme a lo que dice la ley de la religión maya? Quizás el punto sea más claro así: los mayas estarían felices de tener quien les gobierne conforme a la, según su visión, ley correcta. Pero, de llegar a gobernar, ¿qué hará el cristiano ahora?

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