
Hans Joachim Morgenthau y el poder del Estado
Del Escritorio del General
La historia y la lectura nos permiten considerar escenarios planteados filosófica y políticamente dentro de los criterios del Estado nacional. El filósofo del poder, Hans Joachim Morgenthau, sostenía que el Estado debía ser, constitucionalmente, el depositario legítimo de las armas y del poder, con el fin de garantizar la protección de la ciudadanía. Asimismo, afirmaba que la inteligencia estratégica constituye el conocimiento que permite al Estado nacional anticiparse a sus amenazas y enemigos. Esa capacidad de previsión y de análisis investigativo continuo otorga al Estado los medios necesarios para evaluar de manera constante sus riesgos y desafíos.
El creador de la Realpolitik tenía razón: si un Estado no se anticipa a sus amenazas y desafíos —económicos, políticos, geopolíticos, sociales o medioambientales—, jamás estará preparado para enfrentarlos con eficacia. En el caso de Guatemala, uno de los grandes desafíos radica en el deterioro ambiental, agravado por la insensatez de ciertas autoridades que permiten la construcción de viviendas y aldeas en zonas de riesgo. No existen estudios técnicos ni políticas coherentes que definan las áreas seguras para habitar o edificar, lo cual genera tragedias recurrentes ante los fenómenos naturales que azotan a nuestro país. Esta ausencia de previsión es, en esencia, una falla de responsabilidad política y técnica.
Pero el problema no se limita al ámbito ambiental. El Estado tampoco utiliza su inteligencia estratégica para prever crisis económicas, políticas o sociales. La falta de planificación presupuestaria y de gestión eficiente provoca disturbios y descontento ciudadano. Quiero enfatizar que las necesidades de la población no son amenazas, sino realidades que deben ser enfrentadas con seriedad desde el Ejecutivo, diseñando presupuestos responsables, y desde el Congreso, autorizando recursos con visión de futuro. La ausencia de planificación territorial y ambiental es, sin duda, una forma de negligencia institucional.
Morgenthau iba más allá: afirmaba que la inteligencia estratégica debía ser la herramienta principal para prevenir las crisis económicas, energéticas, de infraestructura y de seguridad. Según su visión, la defensa del pueblo y del Estado eran los pilares esenciales de la gestión gubernamental. Anticipó también que la falta de previsión generaría migraciones masivas producto de crisis sociales y estatales. Hoy, el mundo entero enfrenta un proceso acelerado de migraciones motivadas por conflictos económicos, religiosos y políticos, así como por el colapso de Estados fallidos. Algunas de estas migraciones derivan incluso en invasiones ideológicas y religiosas que buscan imponer una supremacía cultural o doctrinaria, generando tensiones y violencia social, como se observa en Europa y Estados Unidos.
La teoría del poder y la crisis política, formulada por Morgenthau alrededor de 1947, advertía que la ausencia de inteligencia estratégica conduciría inevitablemente a la descomposición estatal. Algunos países adoptaron políticas de previsión y lograron mitigar crisis; sin embargo, la expansión de la pobreza y la desigualdad ha superado, en muchos casos, la capacidad preventiva de los gobiernos.
En Guatemala, este tipo de análisis debería ser la base del trabajo del Consejo Nacional de Seguridad, órgano responsable de evaluar las amenazas y definir estrategias para reducir sus impactos. No obstante, los resultados son prácticamente invisibles. El acecho climático, la deforestación y los desastres naturales muestran la falta de planificación nacional. Resulta absurdo escuchar comentarios oficiales frívolos, como aquel que sugiere “contratar a Harry Potter” para resolver los problemas, demostrando una falta total de profesionalismo y respeto por el sufrimiento del pueblo guatemalteco.
A ello se suma la fuga de reos peligrosos, como la reciente evasión de una de las prisiones supuestamente más seguras del país. Todo apunta a un contubernio entre autoridades penitenciarias, policiales y del propio Ministerio de Gobernación, reflejo de una corrupción que se extiende hasta los niveles más altos del poder. Esta situación exige acciones firmes y ejemplares: no más tolerancia a la ineptitud ni a la impunidad. El pueblo debe exigir que los organismos del Estado que aún conservan un mínimo de dignidad actúen, destituyan y procesen a quienes han convertido la vida nacional en un martirio.
El poder del Estado es la facultad que el pueblo otorga, de forma democrática, a ciertos funcionarios para dirigir los destinos del país: el Ejecutivo, encabezado por el Presidente; el Legislativo, conformado por los diputados; y el Judicial, representado por los jueces. Sin embargo, la disciplina, el orden y la responsabilidad han desaparecido de estos organismos, debilitando la confianza ciudadana. La Constitución nos concede el derecho a protestar y a expresarnos por todos los medios posibles para corregir el rumbo torcido que lleva la nación.
Finalmente, la Carta Magna también confía a la institución armada la defensa constitucional, la protección del pueblo de Guatemala, la preservación de la integridad territorial y, por sobre todo, el mantenimiento de la paz interna y externa.
Caminemos por la derecha.
Adelante, con espíritu de vencedores.

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