
Ideología o pragmatismo
Reflexiones
«El que aprende y aprende y no practica lo que sabe es como el que ara y ara y no siembra».
Platón
El concepto de, fin de las ideologías en el siglo XXI, se refiere a la creencia, especialmente popular en los años 90 tras la caída del muro en Berlín, de que la historia había culminado y que la democracia liberal triunfaría definitivamente. Si bien el triunfo de la democracia se pensaba como un cese de los grandes antagonismos ideológicos, en el siglo XXI esta idea se ha desmentido con el auge de gobiernos autocráticos (Bukele, Ortega) y la reaparición de viejos y nuevos conflictos (fachos y chairos), que demuestran la persistencia y vigencia de las ideologías como marcos de pensamiento y acción política.
Una ideología es un sistema de ideas, creencias y valores que caracteriza la visión del mundo de una persona, un grupo social o una época, y que influye en su forma de entender y actuar sobre la realidad social, política, cultural o económica. Estas ideas se comparten y estructuran el discurso y las prácticas de los grupos, proporcionando una guía para la acción y la justificación de las acciones.
En las ciencias sociales, una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus subsistemas específicos, como el económico, social, científico, tecnológico, político, cultural, medioambiental, religioso y otros relacionados con la persona humana.
El historiador español José Luis Rodríguez Jiménez ha definido la ideología como “un universo de valores o conjunto de ideas que reflejan una concepción del mundo, codificados en un cuerpo doctrinal, con el objetivo de establecer canales de influencia y de justificación de sus intereses [del grupo social o político que la sostiene]”.
El pragmatismo es una corriente filosófica que establece que el valor y la verdad de un concepto o idea se determinan por sus consecuencias prácticas y su utilidad para la vida. Prioriza la experiencia y la acción sobre la especulación abstracta, y considera que el conocimiento es un conjunto de hábitos de acción. Sus raíces se encuentran en el empirismo y sus principales exponentes incluyen a Charles S. Peirce (El Pragmatismo), William James y John Dewey (Democracia y Educación), quienes promovieron la idea de que el pensamiento debe estar al servicio de la adaptación y la resolución de problemas en el mundo real.
La relación entre el pragmatismo y el fin de las ideologías, es que el pragmatismo, al centrarse en la experiencia y las consecuencias prácticas, desafía las ideologías por su naturaleza dogmática, abstracta y poco conectada con la realidad cotidiana, promoviendo en su lugar la flexibilidad, la adaptación y la resolución de problemas basada en la evidencia empírica y los resultados concretos. El pragmatismo es una corriente filosófica centrada en la vinculación de la práctica y la teoría. Describe un proceso en el que la teoría se extrae de la práctica y se aplica de nuevo a la práctica para formar lo que se denomina <práctica inteligente>.
Las ideologías tienden a ser sistemas de creencias y valores que buscan explicar y organizar la sociedad de una manera coherente y completa. El pragmatismo, en cambio, cuestiona la pretensión de estas ideologías de ofrecer una verdad absoluta o un camino definitivo, argumentando que la verdad se construye a través de la experiencia y la acción, y que las teorías deben ser evaluadas por su utilidad y eficacia en situaciones reales. Por lo tanto, el auge de una mentalidad pragmática puede contribuir al fin de las ideologías al privilegiar la resolución de problemas concretos sobre la adhesión a marcos ideológicos.
Se dice que en el posmodernismo ya no hay ideologías sino intereses, porque cuestiona teorías filosófico-políticas y las verdades universales que sostenían las ideologías modernas, argumentando que estas narrativas son en realidad construcciones de poder que representan intereses específicos, especialmente de los grupos dominantes (Foucault), “el poder no es algo que se posee, sino una red de relaciones de fuerza que permea la sociedad y moldea la subjetividad, las identidades y los comportamientos”.
En su lugar, el posmodernismo enfatiza el pluralismo, la diversidad y la búsqueda de los intereses de los grupos marginados, al considerar que la realidad es un conjunto de discursos influenciados por el poder y el conocimiento. El posmodernismo, un movimiento filosófico occidental de finales del siglo XX, se caracteriza por el escepticismo, el subjetivismo y el relativismo. Generalmente, desconfía de la razón y reconoce profundamente el papel de la ideología en el mantenimiento del poder político y económico.
En el posmodernismo, la ideología es vista críticamente como una construcción social, no una verdad universal, y el pragmatismo se enfoca en la aplicación práctica y contextual de las ideas para abordar los problemas, sin la necesidad de verdades abstractas. El pragmatismo posmoderno se caracteriza por un escepticismo hacia los grandes relatos ideológicos y se centra en la diversidad de saberes y la flexibilidad para adaptarse a un mundo cambiante (multipolar), aceptando que la efectividad de una idea se mide por su resultado en la experiencia humana.
En este contexto es pertinente preguntarnos: ¿siguen vigentes las ideologías en Guatemala?, ¿es viable que continúen ciertos grupúsculos sociales con el relato de la guerra fría?, ¿los jóvenes guatemaltecos son mas proclives al pragmatismo?, ¿es una realidad qué lo que se privilegia en los escenarios políticos, económicos y sociales son los intereses particulares y de grupo?, ¿ya no existen grupos ideológicos sino grupos de fanáticos necios y oportunistas?, ¿es el pragmatismo político, social y económico el que prevalecerá por sobre las ideologías en este siglo?
Usted tiene la palabra estimado lector.

Le invitamos a leer más del autor:



