
La advertencia que los políticos no quieren escuchar
Una Guatemala Diferente es Posible
La reciente encuesta de CID Gallup para la Fundación Libertad y Desarrollo no es simplemente un estudio de opinión, es un espejo que refleja la profundidad de la crisis que atraviesa Guatemala. Los datos son duros, casi insoportables de leer, pero más grave aun es lo que significan, revelan que el gobierno del presidente Bernardo Arévalo en apenas su segundo año, ya se ubica entre los peores evaluados de nuestra era democrática. Una caída vertiginosa que no solo desnuda la debilidad de su gestión, sino también la descomposición de un Estado capturado por mafias político-económicas, incapaz de dar respuestas a los problemas mas urgentes de la población.
Las cifras hablan por si solas, el 44% de los hogares señala el costo de la vida como su principal preocupación y un alarmante 40% admite que no tuvo dinero para comprar comida en el último mes, a esto se suma un 58% que percibe un aumento de la violencia y criminalidad en sus comunidades; así mismo, un 30% señala a la corrupción como el mal de las instituciones de gobierno, el 72% de los encuestados reconoce que le importa poco o nada la política nacional y el 47% asegura no interesarle si el régimen que gobierna es democrático o no, siempre que resuelva la crisis.
Estos datos deberían hacer temblar a quienes ocupan un cargo público porque detrás de cada uno de estos porcentajes hay rostros, familias enteras, jóvenes que ven como su futuro se reduce a migrar, madres que deben decidir entre darles de comer a sus hijos o pagar el pasaje para ir a trabajar, comunidades enteras que sobreviven bajo el terror que imponen los criminales, esa es la Guatemala real, la que sufre las consecuencias de la indiferencia, la corrupción y la ineptitud de quienes deberían servir al país.
La encuesta deja claro algo que debería preocuparnos a todos: La gente esta dispuesta a renunciar a la democracia si eso significa tener comida en la mesa y seguridad en las calles. El 74% de los encuestados apoya que se decrete un Estado de Sitio para enfrentar la delincuencia y más del 70% aceptaría un gobierno no democrático si este resolviera los problemas de economía y seguridad. Peor aún, un 45% mira con admiración el modelo Bukele de El Salvador, aunque esto signifique sacrificar libertades. No se trata de un capricho ideológico, sino de la desesperación de un pueblo que siente que la democracia, en manos de quienes la han administrado, ya no le resuelve nada; el 91 % de los guatemaltecos asegura no sentirse representados por ningún partido político, esta cifra no solo desnuda la desconfianza a la clase política, sino que también, muestra el vacío de liderazgo y credibilidad en el que se encuentra la democracia guatemalteca, un vacío que, si no se atiende con urgencia, será ocupado por proyectos autoritarios que prometen orden a cualquier costo.
En este punto, es importante decirlo con claridad, Bernardo Arévalo no es la causa de este desastre, es apenas el síntoma más reciente de una enfermedad profunda y estructural que se ha gestado durante décadas, los corresponsables son muchos y tienen nombre institucional, el Congreso de la República, que ha convertido la política en un mercado de intereses oscuros; el Sistema de Justicia, que ha tolerado la impunidad como norma; los órganos de control, que no realizan su trabajo con profesionalismo y objetividad; los alcaldes, muchos de ellos atrapados y cuando no, aliados con estructuras de corrupción; y, el crimen organizado, que domina territorios amplios del país.
La encuesta de CID Gallup debe interpretarse como una ultima advertencia, los políticos, funcionarios, jueces, contralores y alcaldes deberían de poner sus barbas en remojo, la ciudadanía esta harta de discursos, promesas incumplidas, de ver como se dilapidan los recursos públicos mientras la pobreza y la inseguridad crecen sin freno por lo que, o se gobierna con honestidad, transparencia y resultados reales, o el pueblo, cansado de tanto engaño, terminará buscando salidas radicales que pondrán en riesgo lo poco que nos queda de institucionalidad.
Este es un llamado a la reflexión, pero también a la acción, Guatemala no aguanta mas improvisaciones y excusas, es hora que, quienes ostentan el poder, entiendan que no están ahí para servirse, sino para servir; la gente ya no quiere discursos vacíos, quiere respuestas concretas: un salario que alcance, calles seguras y oportunidades para sus hijos. Si los políticos y funcionarios siguen ignorando este clamor, no será la democracia como sistema la que fracase, serán ellos quienes quedarán en el lado oscuro de la historia, responsables directos de haber condenado a un país al fracaso.
AL RESCATE DE GUATEMALA.
GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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