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LA EDUCACION CÍVICA, UN ARMA PODEROSA

Una Guatemala Diferente es Posible

Mi educación cívica transcurrió en Guatemala, en un tiempo en que los lunes cívicos eran parte de la vida escolar, en todas las escuelas públicas y los colegios privados, sin excepción,  se juraba lealtad a la Bandera, se entonaba el Himno Nacional con respeto y se enseñaba el significado profundo de los símbolos patrios, era una práctica sencilla pero poderosa que sembraba en cada niño el sentido de pertenencia, el amor por el país que lo vio nacer y la conciencia de que la patria se construye desde el compromiso individual de cada ciudadano; sin embargo, a partir de los años 80 estas prácticas comenzaron a desaparecer bajo argumentos de modernización, influencia ideológica extranjera, principalmente europea y una supuesta neutralidad pedagógica en donde el civismo fue relegado a un segundo plano; hoy difícilmente las nuevas generaciones conocen la letra completa del Himno Nacional, no comprenden el significado de la Bandera y su Escudo y jamás han participado en un Juramento a la Bandera, muchos incluso desprecian o ridiculizan estos actos como “anticuados” o “irrelevantes”.

Pero ¿Qué tipo de sociedad puede construirse si ésta no ama ni respeta lo que representa su identidad nacional? ¿Cómo se puede defender un país, trabajar por él, luchar por su bienestar, si no se siente ninguna conexión emocional ni moral con sus símbolos patrios, su historia y su destino colectivo? No se trata de un nacionalismo fanático o vacío, se trata de formar ciudadanos conscientes, arraigados, que comprendan que el amor a la patria no es incompatible con la crítica, sino con la indiferencia, una nación no sólo es una geografía o un gobierno de turno, es un proyecto colectivo que exige mayor compromiso y sentido de pertenencia.

En muchos países desarrollados, como Estados Unidos o China, el respeto a los símbolos patrios es una parte viva del tejido social, nadie discute en esos países que cantar el Himno Nacional o izar la Bandera es una muestra legitima de civismo, entonces, ¿Por qué en Guatemala hemos perdido ese patriotismo? Parte de la respuesta está en el desprestigio de las instituciones públicas, en la corrupción que ha carcomido al Estado y en la violencia que ha enlutado tantos hogares, pero abandonar el civismo no ha solucionado nada, al contrario, ha profundizado la descomposición social, tenemos jóvenes sin ningún referente, sin orgullo de ser guatemaltecos, más conectados con culturas foráneas que con la realidad de su propio país. 

Es urgente recuperar la educación cívica, no como una obligación vacía, sino como un pilar de formación integral, se trata de volver a enseñar con pasión la historia nacional, el significado de nuestros símbolos patrios, nuestro Himno Nacional, el significado de ser guatemaltecos, el valor del servicio público, el respeto por el prójimo y por  nuestra constitución y leyes, hay que reinstaurar los lunes cívicos, no por nostalgia, sino porque son una herramienta pedagógica poderosa para sembrar identidad, valores, disciplina y conciencia ciudadana. No se puede defender lo que no se ama, ni se puede amar lo que no se conoce, una sociedad que deja de enseñar a sus hijos el valor de su Bandera, el significado de su Himno Nacional y la historia de su nación es una sociedad que se va apagando por dentro; Guatemala no necesita jóvenes que huyan de ella, sino generaciones que se levanten por ella, necesitamos volver a sentir orgullo por lo que somos, por nuestra cultura, por nuestra gente; el civismo no es una costumbre antigua, es una simiente de ciudadanía y si queremos un país distinto, justo y próspero debemos volver a sembrar esa simiente en cada aula, en cada hogar y en cada corazón, porque el verdadero progreso no solo se mide en desarrollo económico, sino también en cuanto amamos, respetamos y cuidamos la tierra que nos dio vida.

La patria no es una idea abstracta, es el suelo que pisamos, la lengua que hablamos, la memoria de nuestros abuelos y el futuro de nuestros hijos, si no enseñamos a las nuevas generaciones a amarla, a cuidarla y a respetarla, estamos condenados a ser un país sin rumbo, habitado por ciudadanos sin alma.

AL RESCATE DE GUATEMALA.

GUATEMALA NECESITA DE SUS MEJORES HOMBRES Y MUJERES.

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