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La Farsa del Genocidio en Guatemala (Tercera Parte)

¡El mundo merece, conocer la verdad!

¡NO ME CALLARÁN!

Para ampliar el contexto en que se está desarrollando el sesgado debate en contra del “General de Generales” Manuel Benedicto Lucas García por parte de los coludidos integrantes del tribunal, (que como antecedente ya sentenciaron a una grotesca cantidad de años de prisión a distinguidos y valientes guatemaltecos por el montaje conocido como Caso Sepur Zarco), la fiscalía roja del MP, y los izquierdistas querellantes adhesivos; presentaré el marco histórico de referencia en que, el Estado de Guatemala a través de sus Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad debieron luchar.

Pocas veces en la historia de la humanidad se ha orquestado con tanta enjundia y bajeza una campaña de desinformación y mentiras repetidas con tanta frecuencia y en forma tan sistemática que ante la complacencia, contubernio, complicidad y financiamiento por parte de la izquierda de los países europeos y estadounidense han terminado por aparecer “como verdad”. En la década de los años 30s del Siglo XX, dos de los ideólogos del Partido Comunista Italiano, Palmiro Togliati y Antonio Gramsci, diseñaron una estrategia de comunicación convertida en una verdadera arma destinada a ser utilizada para manipular la mente de las masas occidentales. Para lo cual, los marxistas infiltrados en los diferentes sectores políticos sociales deberían enfocar su esfuerzo en adueñarse de la iniciativa de tres importantes sectores:

1. La religión (para obtener el control de sus principales congregaciones)

2. La educación (copamiento de sus liderazgos gremiales) y,

3. Los medios de comunicación (haciéndose del control de las columnas de opinión y de la línea editorial).

Siguiendo los enunciados del Concilio Vaticano Segundo y las Conferencias Episcopales de Medellín (1968), y Puebla (1979) y precedidos por las acciones de los curas marxistas Gustavo Gutiérrez Merino (peruano) recientemente fallecido; Leonardo Boff (brasileño) y Camilo Torres Restrepo (Colombiano), y otros más; muchos curas españoles y guatemaltecos se involucraron como dirigentes en las organizaciones terroristas guatemaltecas. Según el cura español Luis Gurriarán (Guatemala. El silencio del gallo): ¡Toda la iglesia de América Latina vivía días de ebullición, de debate y de tránsito entre un pasado que no servía y un futuro que no acababa de llegar! Según él, con la Teología de la Liberación, que en Guatemala alcanzaba sus máximas expresiones, por todo el continente numerosos católicos participaron en la Revolución y la Guerra.

A mediados del año 1981 la Inteligencia del Estado de Guatemala propino un severo golpe a la estructura logística de los terroristas en el área urbana y suburbana y tras dos meses de combates los marxistas habían perdido todos los equipos, armamento pesado y muchos expertos entrenados en Cuba, Vietnam, y Libia; y para mediados de 1982 la ofensiva militar lanzada en contra de los Frentes Guerrilleros rurales no disminuía su ímpetu y la correlación de fuerzas se inclinaba aceleradamente a favor del Estado con la conformación de los Comités Voluntarios de Auto Defensa Civil –CVDC-.

Cada día que pasaba los terroristas estaban claros que la derrota sufrida era de carácter estratégico y que el curso del Enfrentamiento Armado Interno –EAI- se había volteado para siempre en su contra; por lo tanto, decidieron volcar su esfuerzo hacia el área internacional con la intención de obtener una condena en contra del Estado de Guatemala por supuestas atrocidades cometidas en contra de sus bases de apoyo e intentar posesionar el tema de un supuesto genocidio. Dentro de esa estrategia, conformaron grupos lobistas especializados apoyados por la Izquierda Internacional. El Frente de New York, y el Comité Guatemalteco de Unidad Patriótica -CGUP-, fueron presentados como grupos de intelectuales y exiliados que difundirían su versión sobre los problemas del País.

Sus mentores marxistas les indicaron en septiembre de 1982: “El objetivo es conseguir a toda costa una resolución en contra del Gobierno, por genocidio” (Guatemala. El silencio del gallo, página 270), la farsa estaba montada solo era cuestión de tiempo para revertir en el campo político diplomático la derrota militar que habían sufrido sus huestes en el campo de batalla. Con la intención de hacer más creíble su actividad este grupo de conspiradores nacionales e internacionales se dieron a conocer como Representación Unitaria de Oposición Guatemalteca –RUOG-.

Maquiavélicamente utilizaron a Rigoberta Menchú Tum, ya que el Congreso Internacional de Tratados Indios de los EU había sido reconocido como una ONG con sede permanente en las Naciones Unidas y luego que se victimizara como indígena, le proporcionaron una credencial para operar desde la ONU. Poco a poco la conspiración iba avanzando. Ya con una marcada correlación de votos a su favor los terroristas guatemaltecos obtuvieron el apoyo de otro aliado estratégico: WOLA -Washington Office For Latin América-, fogueada oficina lobista con múltiples contactos a nivel del Gobierno, Congreso y Senado de los Estados Unidos. Con estas alianzas el cerco se iba cerrando alrededor del Estado de Guatemala.

Para terminar de inclinar la balanza a favor de la campaña de desinformación, un viejo aliado, el exembajador Máximo Cajal responsable al igual que Gustavo Meoño Brenner –Comandante Manolo- de la quema de la Embajada de España en nuestro País el 31 de enero de 1980, fue nombrado como Cónsul de España en New York y el embajador de España en la ONU Jaime de Piniés inmediatamente les ofreció un respaldo “total, sin matices, ni condiciones”. La suerte estaba echada, la consigna era que el Estado de Guatemala debía ser condenado a toda costa.  El embajador de Suecia se ofreció para presentar y defender la resolución de condena en contra del Estado de Guatemala.

Como consecuencia se sumaron los gobiernos de España, Holanda, y Bélgica, y Rigoberta Menchú a quien ya había seleccionado la insurgencia guatemalteca para impulsarla como candidata al Premio Nobel de la Paz, fue enviada a intensificar el trabajo político diplomático a Ginebra a la Comisión permanente sobre los derechos humanos. Frank Larrué y Luis Gurriarán fueron enviados a Washington.

Al cabo de dos años -1984-, el perverso trabajo de los grupos de lobby y el ala izquierda de la Iglesia Católica guatemalteca obtuvo el resultado deseado. Lograron que el Congreso de los Estados Unidos emitiera una moción basada en un documento de la Conferencia Episcopal en donde se utilizaba por vez primera el término de “genocidio” ¡La farsa, lograba su objetivo estratégico! Desde entonces mediante consecutivas acciones judiciales espurias de Rigoberta Menchú, Ricardo Falla Sánchez, y otros marxistas infiltrados en la cancillería guatemalteca, los inconstitucionales tribunales de fuero especial denominados de Mayor Riesgo; el Ministerio Publico desde que llegó Claudia Paz y Paz a formar su Fiscalía Roja (Derechos humanos para casos del Enfrentamiento Armado Interno), la Secretaria Presidencial para la Paz, etc., los antiguos lobistas de la URNG dirigen una ominosa campaña de mentiras, propaganda y desinformación cambiando de escenarios y mutando sus métodos pero aferrada a sus fines y objetivos, pues la lucha armada fue solo una de sus facetas.

Durante los últimos años, la ideología y la desinformación se han introducido en la educación, la cultura, la economía, y el sector justicia. El reciente fraude electoral apoyado por el Embajador de Biden, USAID, los procónsules del G-7, en síntesis, por la izquierda internacional y sus títeres locales se han empecinado en apoyar una condena en contra del Estado de Guatemala por un supuesto genocidio. Pero muchos representantes de diferentes sectores no terminan de comprender que sería una sentencia en contra de todos los guatemaltecos. Empresarios, militares, trabajadores del campo y de la ciudad, jóvenes, y jubilados. Un estigma para el futuro de nuestra Guatemala.

La psicopolítica trajo consigo la persecución de militares mediante la judicialización resultante de obscuros manejos mediáticos y vericuetos legales destinados a provocar indebidos sentimientos de culpa por supuestas acciones de lesa humanidad. La existencia de un supuesto genocidio para burlar una Ley de Reconciliación Nacional y amnistías reconocidas para los dos bandos es utilizada por ONGs neo marxistas para manipular la mente de la juventud y la sociedad que ignora en gran parte la verdad histórica de lo sucedido. La utilización por la fiscalía roja del Ministerio Publico de seudo peritos en su mayoría extranjeros ligados en forma evidente y descarada a la izquierda internacional y la presencia de extranjeros abusivos en los debates en contra de los Veteranos militares es cada vez más descarada.

A partir del artículo que será publicado el día de mañana ofreceré pruebas concretas y verificables, como siempre, de cómo se armó esta trama perversa y como se ha deconstruido y manipulado nuestra historia nacional: Esta vez, con evidencias surgidas de los integrantes de la organización terrorista que planifico y echó a andar “LA FARSA DEL GENOCIDIO EN GUATEMALA.

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Oscar Platero

Historiador y escritor, Analista y docente de Inteligencia. Geopolítica, Seguridad y Defensa. Director del Instituto de Estudios Estratégicos IEE

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