La necesaria reforma curricular (1)
Como resultado de la firma de los Acuerdos de Paz, se impulsó una nueva reforma curricular que sustituyó el currículo que inició su aplicación durante el año 1987, el cual continuó su vigencia hasta el año 2005, cuando se inició el desarrollo del actual currículo en el nivel primario. Este nuevo currículo lleva por nombre Currículo Nacional Base, pero es más conocido por sus siglas CNB. Posteriormente se puso en marcha el currículo del nivel preprimario en el año 2006, el ciclo básico y algunas carreras del ciclo diversificado en 2009. En el año 2001 se autoriza la concreción curricular por pueblo y región lingüística.
La temporalidad que requirió el diseño del proyecto educativo guatemalteco en el nivel primario fue de 4 años y 1 año para iniciar su ejecución; es decir, el cambio se inició desde el año 2000. Debido a las dificultades de contar con personal del más alto nivel, el Mineduc contrató consultores para realizar propuestas en las áreas matemáticas, comunicación y lenguaje, educación bilingüe intercultural, ciencias sociales, ciencias naturales, educación física, educación artística y formación ciudadana. Estas propuestas luego fueron revisadas hasta que se llegó a un documento que supuestamente orientaría los aprendizajes de la niñez en los centros educativos del nivel primario. Cuestión que se repitió para los otros niveles educativos.
El CNB siguió fundamentalmente la tendencia mundial en cuanto a la adopción de las aplicaciones de la psicología constructivista, lo que algunos teóricos del currículo denominan modelo cognitivo en sentido amplio. Específicamente se siguieron las aplicaciones que originalmente se llevaron a cabo en España y, luego, en la mayoría de los países de América Latina y Centroamérica. Se definió una estructura curricular compleja a la cual se denominó “enfoque curricular por competencias”.
Después de 16 años de haber iniciado su diseño y 11 años de su ejecución, es racional que surjan preguntas fundamentales, que se hacen en todos los países luego de llevar a cabo reformas de este tipo. Las dudas acerca de los resultados de las reformas se profundizan cuando sistemáticamente se observa que no hay mejoras sustantivas en los aprendizajes de los estudiantes en términos de las pruebas nacionales, como ha sido el caso de Guatemala en las pruebas de evaluación del rendimiento en matemáticas y lectura. Lo que sabemos es que existen factores y procesos que marcan el fracaso del sistema educativo y en buena medida indicar que el CNB no ha tenido los efectos esperados para mejorar la calidad de la educación.
Por tanto, las necesarias preguntas que surgen son: ¿Aprenden los estudiantes que egresan de nuestras escuelas a ser mejores ciudadanos, personas respetuosas de las diferencias culturales, capaces de ofrecer condiciones de equidad étnica y de género? ¿Son las personas que egresan del sistema educativo más competentes en la elección de un campo laboral y, con relación al pasado, son lo suficientemente emprendedores para sacar adelante sus proyectos? ¿Están aprendiendo los estudiantes realmente a ser creativos y capaces de trabajar en equipo? ¿Actúan nuestros estudiantes de acuerdo a los valores éticos fundamentales y son capaces de ser más compasivos de lo que se era antes del conflicto armado? ¿Pueden los niños y jóvenes leer mejor y resolver problemas básicos que demandan de la comprensión lectora, el pensamiento lógico y las matemáticas? … (Continuará).

