
La venganza en contra de los militares en Guatemala y Latinoamérica (Segunda parte)
La Otra Cara
Guatemala, luchando en soledad, derrota estratégicamente a las fuerzas terroristas.
Más de 300 masacres cometidas por los terroristas bajo los conceptos y parámetros definidos posteriormente por la Comisión de Esclarecimiento Histórico de la ONU –CEH-, han sido documentadas a la fecha fehacientemente -y el numero sigue creciendo- en mi Compendio Histórico “Las Batallas por Guatemala” y en “La Farsa del Genocidio en Guatemala”. Demostrando la falsedad de la narrativa que ha tratado de imponer a los jóvenes -que no lo vivieron- la derrotada izquierda actualmente “Semillera” y sus titiriteros internacionales.
Tener que trasladar cargados por falta de helicópteros. desde lo profundo de la selva o la montaña los cuerpos desmembrados de nuestros heridos y los cadáveres mutilados con saña por psicópatas como el Terrorista Juan Tuyuc, conocido en el EGP como Capitán Peter, y hermano de Rosalina Tuyuc hoy “defensora de los derechos humanos”, terrorista que al frente de un grupo de degenerados gozaba arrancando el rostro o el cuero cabelludo a nuestros soldados que heridos de gravedad eran capturados en combate al negarse a rendirse, fue la constante en la región en donde operaba este desquiciado.
Sin embargo la finalidad de amedrentarnos no surtió efecto, jamás durante el Enfrentamiento Armado Interno un soldado guatemalteco se rindió en combate, pues con fe cristiana y amor a la Patria nuestros oficiales, especialistas, sargentos mayores, galonistas profesionales, abnegados soldados, valientes patrulleros civiles, y comisionados militares; sufrieron con estoicismo el rigor de enfrentar con fe en la causa durante meses y luego, largos años, a los chilenos, brasileños, cubanos, mexicanos, salvadoreños, españoles, irlandeses, y otros internacionalistas que asesoraban a las organizaciones terroristas.
Combatiendo siempre en desventaja debido a la topografía sumamente quebrada y el desconocimiento del terreno a donde debíamos incursionar hasta llegar a las profundidades de la selva o la sierra (montaña alta) en donde se encontraban al acecho grupos de facciosos protegidos por trampas construidas en fosos con estacas de bambú embarradas con excremento para provocar graves infecciones en nuestros valientes soldados, debíamos intentar evadir para luego desactivar extensos campos minados.
Escondidos en la maleza y atrincherados -algunas veces uniformados y otras vistiendo de civil-, acompañados por milicias de apoyo para multiplicar su fuerza, nos esperaban los terroristas para golpear por sorpresa y retirarse luego de cruentos combates. Sin embargo, logramos derrotar estratégicamente al enemigo del Estado y de la sociedad. Pero nos dimos cuenta muy a pesar nuestro, qué, en las grandes ciudades escasamente se comprendió la dimensión de la amenaza terrorista marxista que en 1982 estuvo a un paso de tomar el poder y acabar con nuestro sistema de vida.
Aunque en la actualidad se desprecie -por quienes no lo vivieron- nuestro esfuerzo y sacrificio realizado. Estas vivencias que paulatinamente absorbieron mi juventud, sumado a tres heridas recibidas -dos de ellas de gravedad- propiciaron luego de vivir en carne propia el drama de la guerra, el anhelo por poder vivir en un auténtico clima de paz entre los guatemaltecos. Realidad que lamentablemente cada vez parece más lejana debido a la polarización post enfrentamiento que azuzan los oenegeros que viven y lucran del mal llamado “resarcimiento”.
Traición a la paz, “El dialogo y la negociación” como forma de lucha y venganza política.
En el mes de noviembre de 1992, fuerzas especiales del Ejército tomaron por asalto las instalaciones del campamento guerrillero denominado “Monimbo “en donde se refugiaba en las inmediaciones a la frontera con México la Dirección Nacional –DN- del autodenominado Ejército Guerrillero de los Pobres –EGP-. (Revista Crónica, Enero de 1993). La sorpresa fue total y luego de un corto combate, en su precipitada fuga hacia territorio mexicano los cabecillas de esta facción terrorista dejaron abandonado gran cantidad de armamento, talleres de reparación de armas, equipo quirúrgico, y lo más importante, preciosa información y documentos sobre la identidad de sus componentes, planes operativos, y estratégicos, que pusieron nuevamente en claro la conjura internacional que enfrentábamos.
El carácter internacionalista de nuestros oponentes develaba la intención de denominar al campamento principal de los terroristas con el nombre del barrio perteneciente a la ciudad de Masaya, ciudad nicaragüense dónde Camilo Ortega Saavedra el hermano menor de los cabecillas de la corriente “Tercerista” del Frente Sandinista de Liberación Nacional –FSLN- Daniel y Humberto Ortega Saavedra, había dirigido en el mes de Febrero de 1978 la insurrección de un fuerte grupo de terroristas sandinistas que acompañados por las milicias locales se habían hecho temporalmente del control de esa ciudad.
No fue por casualidad que esa insurrección fuera dirigida también por los curas marxistas de apellidos Vásquez y Pacheco, y estos a su vez por el cura español Gaspar García Laviana (Comandante Martin), ni tampoco que ambos, Ortega y García Laviana, fueran los “responsables”, o sea, quienes protegían y apoyaban en ese país a los curas españoles Javier Gurriarán, Luis Gurriarán (Comandante Julio), y al cura jesuita guatemalteco Ricardo Falla Sánchez (Comandante Marcos), responsables en Nicaragua del aparato de propaganda internacional del autodenominado Ejército Guerrillero de Los Pobres –EGP- la facción más sanguinaria de las cuatro que integraron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca -URNG-; aparato de propaganda denominada para la población en general “Iglesia guatemalteca en el Exilio”- IGE-.
Ambos, Ortega y García Laviana, murieron en combate, por lo que años más tarde en homenaje a sus “responsables” y compañeros internacionalistas, Ricardo Falla, miembro e ideólogo de la Dirección Nacional del EGP quien se encontraba en el campamento Monimbó y logró huir cuando fue tomado por el Ejército, lo bautizó de esa manera. Siguiendo esa línea de acción y compromiso con sus pares internacionalistas que los entrenaron en Vietnam, la región en donde se ubicaba el Campamento Monimbò fue bautizada como “Indochina” para congraciarse con los vietnamitas que entrenaron al EGP; y el frente guerrillero al que pertenecía dicha región llevaba le fue impuesto el nombre del “Comandante Ernesto Guevara” para satisfacer a los cubanos, otros de sus aliados estratégicos.
Al finalizar el combate se incautó en el campamento el pasaporte del Jesuita Ricardo Falla y pruebas irrefutables de su responsabilidad al retener en gran parte en contra su voluntad a grandes cantidades de campesinos -indígenas en su mayoría-, responsabilidad compartida con Luis Gurriarán al aglutinarlos en dos grandes grupos denominados -como objeto de propaganda- “Comunidades de Población en Resistencia” –CPR- , de “La Selva” bajo el control de Ricardo Falla, y “de la Sierra”, bajo el control de Luis Gurriarán.
A la vez se pudo constatar la manipulación demagógica y perversa realizada por Ricardo Falla al “fabricar” entrevistas y supuestas cifras fruto de manipulados “testimonios” orientados a poner en boca de sus propias bases de apoyo (pobladores que habían sido obligados a participar en el EGP y a acompañarlos a la montaña para mantenerlos bajo control y eran utilizados como operarios de sus sembradíos), la narrativa perversa utilizada para la elaboración del libro de Ricardo Falla “Masacres en la selva”, texto utilizado actualmente en casos espurios fabricados en contra de nuestros veteranos militares.
Para quienes deseen profundizar en el tema, mis libros “Las Batallas por Guatemala” poseen vasta documentación sobre lo descrito anteriormente, y manifiesto en aras de la verdad histórica, que en forma repetitiva he invitado al Jesuita Ricardo Falla (Comandante Marcos) a sostener un debate público en los medios televisivos, -en directo para que no pueda ser editado-, y a someterse a un peritaje grafológico para cotejar la letra encontrada en los documentos hallados en el Campamento Monimbò expuestos en mis libros, si se atreviera a desmentir lo expuesto en este y muchos artículos sobre la verdad de lo sucedido en esa época.
Es muy importante dar a conocer que de su puño y letra quedaron expuestos los planes de venganza y lucha política orientada a la destrucción paulatina del Ejército de Guatemala, para posteriormente hacerse del poder mediante acciones de agitación y guerra psicológica y cultural.
Utilizar las negociaciones de paz como una estrategia orientada a fortalecer las organizaciones de masas luego del retorno “organizado” de sus bases de apoyo refugiadas en México, (facilitado por Álvaro Colom y su hermana Yolanda Colom -Comandante Lucia-, en contubernio y bajo la dirección de Gustavo Adolfo Meoño Brenner -Comandante Manolo-, quien manipuló antojadizamente el denominado “Archivo de la Policía Nacional” y proporcionó “las pruebas”, mediante las que se está persiguiendo penalmente a los militares guatemaltecos para utilizar los “acuerdos de paz” como instrumento de agitación político social, y penetrar -para luego manipular-, las instituciones del sistema de nacional de justicia (CC, MP, CSJ) es la senda trazada para la venganza que estamos presenciando.
Ahora que se encuentra en Guatemala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos –CIDH- realizando su 195 periodo de sesiones es propicia la ocasión para darles a conocer esta manipulación histórica convertida en instrumento de venganza en contra de quienes fuimos leales servidores de nuestra Patrias y combatimos a la ola marxista que recorrió ensangrentando nuestra sociedades toda la región, y lo hicimos con la Constitución de cada una de nuestra Repúblicas en una mano, y el arma puesta bajo nuestra custodia por el Estado, en la otra.
Es necesario honorables Comisionados de la CIHD profundizar en lo verdaderamente sucedido durante las décadas de lamentables enfrentamientos armados internos que se suscitaron en la región. En cárceles publicas languidecen y han muerto miles de servidores del Estado defensores de la libertad sacrificados en forma perversa sin derecho a defensa real y objetiva, sindicados en forma espuria mediante tribunales adhoc a los intereses de la izquierda internacional, por haber servido durante muchos años a nuestras naciones. El momento histórico para revisar lo actuado a la fecha, ha llegado.

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