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Las moscas

Teorema

Sentada en la última grada del portal del comercio sobre la séptima avenida, una mujer ya entrada en años, obesa, harapienta, de aspecto descuidado, exhibía una rodilla desnuda, infectada. Sobre la herida revoloteaba una multitud de moscas, al tiempo que otras posaban sobre la llaga, alimentándose con el pus verduzco que derramaba. Aquel espectáculo horrendo motivaba a la gente sencilla a dejar alguna moneda dentro de la roja palangana de plástico que tenía a su lado.

Un joven de corbata, posiblemente oficinista, con un periódico bajo el brazo, al pasar a su lado y observar espantado aquel espectáculo dantesco, agitó su periódico por encima de la rodilla, consiguiendo espantar a las moscas.

Ella se volvió hacia él diciendo ¡Insensato! ¿Qué ha hecho? No se da cuenta de que las moscas que estaban aquí ya estaban llenitas y gordas. Ahora que las ahuyentó vendrán nuevas moscas a saciar su hambre y me causarán más daño y dolor. Como si no fuera suficiente con lo que ya me hicieron las que ahuyentó, y las anteriores y las que habían llegado antes. ¿No ve que, desde cuando me lastimaron por primera vez, hace siglos, vienen nuevas moscas, cada vez más voraces a lastimarme e insaciables me causan más daño?

El año entrante tendremos un nuevo gobierno. Como una maldición posiblemente Giammattei diga: ¡Algún día me van a extrañar! Y podría tener razón, a pesar de que su gobierno no hizo nada positivo digno de ser mencionado. Por lo contrario, su círculo más cercano, particularmente el íntimo, fue acusado de enriquecimiento ilícito muchas veces. Se aseguró que, en su nombre, hubo corrupción en la compra de vacunas, mascarillas y pruebas de PCR y antígenos de covid. Los torpes encierros durante la pandemia causaron pobreza y falta de alimentos llegando a que, en mayo 2020, hubiera protestas en Los Encuentros, Sololá. Además, endeudó a Guatemala como ningún gobierno lo había hecho antes.

Hubo malversación, contratación de personal innecesario, soborno a diputados y dirigentes, sobre sueldos, cobro por favores, “comisiones”… Las acusaciones sobre su gestión cubren un espectro amplio. Empero, logramos sobrevivir. El gobierno de Giammattei entregará el país como lo recibió o un poco peor. Pero pudimos subsistir. La pujanza del sector productivo consiguió que los mercados mantengan la oferta de productos y servicios. No hubo escasez significativa y gracias a las remesas de los migrantes tuvimos algún crecimiento. La gente, la población civil lo hizo bien. El Gobierno falló.

Los próximos cuatro años, no habrán de ser distintos de los cuatro anteriores en cuanto a corrupción de los gobernantes, pero sí podrían traer males mayores a la economía, a la familia y a la sociedad. Podría sucedernos como pasó a Chile, que dejó de ser el país más próspero de América. O como a Colombia que antes recibía refugiados venezolanos y ahora son sus ciudadanos los que empiezan a emigrar. Hay que reconocer que los migrantes guatemaltecos se van en busca de mejores ingresos, de mayor prosperidad. En cambio, los venezolanos lo hacen con el estómago vacío, buscando escapar de la miseria.

En agosto de 2010 la infame persecución política encauzada por la CICIG contra Alejandro Giammattei, lo llevó a la prisión de Mariscal Zavala. Su condición parapléjica aumentó el tormento hasta hacerlo entrar en huelga de hambre. Algunos pensamos que esa experiencia haría de él un presidente que combatiría la corrupción y rescataría a Guatemala de la herencia tremenda dejada por sus antecesores. Quienes así pensamos, pronto supimos que nos habíamos equivocado rotundamente.

El poderoso discurso de toma de posesión de Giammattei frente a su hija ¿fue fingido? Sigo pensando que tendría que haber sido un gran actor para no sentir las palabras de amor patrio y fervor religioso que entonces pronunció. Las primeras semanas demostró determinación, arrojo y deseo de hacer bien las cosas. Aún si su intención inicial fue real , pronto sucumbió.

Maldonado y Giammattei son los dos presidentes con mayor experiencia política que hemos tenido. Giammattei venía de perder cinco elecciones, dos municipales y tres presidenciales. En marzo 2020 esa experiencia política fue empleada, pero no a favor de Guatemala sino para liderar a los políticos corruptos.

Cuando Jimmy Morales asumió la presidencia sucedió algo parecido. También llegó con “buenas intenciones”. De su sueldo de enero 2016, cobró Q. 70 mil y donó Q40 mil cumpliendo una promesa de campaña (había ofrecido ceder la mitad de su sueldo a entidades de ayuda social). Después no se supo más de tal cumplimiento. Ni de esa ni de otras promesas suyas. La embajada de EU designó a sus funcionarios y el DoS cogobernó la mayor parte de su período. Prorrogó el mandato de la CICIG y esta, lo acosó con un juicio infame sobre su familia. Hubo corrupción en su gobierno, pero menos que en otros. Fue un gobierno tan débil e inútil que Arzú acudió a rescatarlo de la CICIG. Antes el Nuncio había hecho lo mismo pero con el cuerpo diplomático y el infame Robinson. En la elección anterior Morales no consiguió el escaño que buscaba en el Congreso y su partido quedó cancelado. Posiblemente en 2027, “Vamos”, el partido de Giammattei correrá la misma suerte.

De Otto Pérez y Roxana Baldetti no es necesario agregar nada. La suya es una historia pública plagada de ignominia. Desde el abrupto fin de su gobierno en 2015, ambos guardan prisión por los crímenes cometidos durante su gestión. Recibieron una sentencia de 16 años de encarcelamiento. Pérez recuperará la libertad cuando tenga 81 años y Baldetti abandonará Santa Teresa cuando haya cumplido 69.

Álvaro Colom fue presidente entre 2008 y 2012, después de ser candidato en 1999 con la URNG y otros dos partidos de la izquierda violenta y en 2003 con la UNE, partido que él fundó y con el que ganó la elección en 2007, asumiendo en 2008. Su imagen era de honradez, pero nombró como “operadores políticos” a Gustavo Alejos, Gloria Torres y Obdulio Solórzano cuya reputación, entonces ya era terrible, dejando al descubierto las intenciones ocultas de Colom. Solórzano fue asesinado en 2010 después de que le dispararon cerca de cien veces, supuestamente por asuntos de narcotráfico. Alejos y Torres han estado en prisión.

En febrero de 2018, Álvaro Colom fue arrestado bajo cargos de fraude y malversación en el caso “Transurbano”. Fue inculpado por la misma CICIG que ocho años antes lo había defendido por cargos públicos como autor intelectual de la muerte de Rodrigo Rosemberg. La CICIG desarrolló la peculiar tesis de que Rosemberg había ordenado su propio asesinato. Además, puso una cortina de humo sobre el caso de Khalil y Marjorie Musa, asesinatos que siguen impunes. Durante el gobierno de Colom hubo un importante incremento del narcotráfico cuando el poderoso cartel mexicano de los Zetas llegó a nuestro país. Los enfrentamientos con bandas locales por los territorios elevaron el número de muertos a 18 personas diarias. El contubernio entre narcotraficantes y autoridades fue evidente.

Esos gobiernos fueron bandas de delincuentes, pero es el de Alfonso Portillo el que se lleva las palmas siendo, quizá, el presidente más nefasto que ha tenido Guatemala. Recibió un país en posición para despegar y cuatro años después, lo entregó embarrancado. Estuvo en prisión tanto en EU como en Guatemala. La libertad que ahora disfruta proviene de sobornos. Portillo, hay que reconocerlo, posee simpatía y habilidad persuasiva como ningún otro. Tiene una amplia cultura literaria y es casi tan hábil, conocedor e inteligente en temas políticos como Gustavo Porras. Ha sido inhabilitado, con plena razón, para optar a cargos de elección popular. Portillo es el único presidente que pudo estar a la altura de Bukele. Pero aquel está empleando sus habilidades en favor de los salvadoreños mientras que este sacrificó la prosperidad que pudo crear para los guatemaltecos, a cambio de actos en su propio beneficio y el de sus amigos y placeres.

Con tantos y tan graves antecedentes ¿Cómo esperar que los cuatro años siguientes todo cambiará? ¿Acaso no hay ingenuidad extrema en creer que todos seremos prósperos y felices? Que la educación, la salud y las carreteras funcionarán como debiera ser ¿Por qué hemos de pensar que, a diferencia de los 23 años anteriores en los siguientes cuatro habrá abundancia de medicinas a precios razonables? ¿Podemos siquiera esperar que los mercados, tiendas y supermercados sigan teniendo suficiente producto y que no conozcamos la escasez?

En balotajes anteriores hubo una pequeñísima rendija que permitía filtrarse a un tenue rayo de luz. Esta vez no. Esta vez solo hay oscuridad. Quizá, como Giammattei, debamos decir

¡Que Dios salve a Guatemala―agregando― del próximo Gobierno!

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José Fernando García Molina

Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista.Tiene una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de San Carlos, una licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Rafael Landívar –URL–, una maestría en economía en la Universidad Francisco Marroquín –UFM–-, estudios de especialización en ingeniería pentaconta en la ITTLS de España.

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