
Los desafíos de la Universidad de San Carlos
Antropos
La Universidad de San Carlos, en la segunda década del siglo XXI, se enfrenta a múltiples desafíos, entre los que destacan el de la democratización, el desafío del libre juego de ideas en contra de una visión uniforme, el desafío social de los que demandan estudios superiores, el desafío tecnológico para promover nuevas estrategias de desarrollo socioeconómico, el desafío de la innovación tecnológica y su impronta en los nuevos procesos de aprendizaje, el desafío de romper con los esquemas tradicionales de la gestión académico-burocrática, el desafío de ofrecer a través de la investigación nuevos conocimientos, el desafío de formar ciudadanía y conciencias críticas, el desafío de formar el gusto por aprender y leer, el desafío de promover la sensibilidad social de los estudiantes, el desafío de luchar contra la corrupción y el desafío de asumir el paradigma de “la sociedad del aprendizaje”.
Ahora es el caso de analizar lo que acontece en la única universidad pública de Guatemala, como es la USAC. Recientemente hubo elecciones a rector, y como en otras ocasiones, hoy no fuimos testigos de un debate académico entre los candidatos a este proceso eleccionario como que si el oficialismo se escondiera de asumir públicamente sus ideas, programas y conceptos. Anteriormente fui testigo de eventos de análisis y reflexión de los que aspiraban a ser rectores. Hoy, el remolino de la ausencia de diálogo y amistad para tratar asuntos tan profundos y graves, como es el destino de la Universidad de San Carlos, no fueron abordados, a no ser la respuesta de la oposición qué si ha vertido algunas ideas en torno a la autonomía universitaria, a la docencia, a la investigación y a una gestión académico administrativo de cara a la transparencia.
De ahí que afirmemos que la USAC vive una crisis política que se debate lamentablemente en los tribunales de justicia en torno a la veracidad de los datos del reciente proceso eleccionario. Habrá que señalar además la complejidad de la elección de un funcionario en esta universidad. De ahí que aun personalmente no tengo claro porque los legisladores universitarios en las décadas pasadas tomaron miméticamente el modelo electoral de los Estados Unidos. Similar error fue proporcionarle a la institución el poder de participar de manera directa en asuntos de la administración estatal bajo el criterio que esta universidad era la “conciencia moral” de la sociedad, lo cual no es verdad, dado que ahora más que nunca fluyen los “intereses creados” que tuercen el papel que le designaron algunos juristas.
Según mi criterio, el proceso electoral de la USAC no es democrático, porque sólo pueden votar los profesores titulares. Dejan por fuera a los interinos y a todo el personal administrativo, con el agregado que hoy, han manejado el recién proceso electoral a rectoría con manipuleos, ofertas electoreras, amenazas y argucias de algunos abogados. Por ello planteo que uno de los grandes desafíos de la universidad es la democratización que ojalá se pueda promover en el futuro cercano. Además, los centros regionales no tienen ni voz, ni voto, sólo son utilizados como brazos del trabajo de algunas facultades que llevan a la práctica carreras profesionales bajo el amparo y principio del verticalismo que permea a la institución. Sin embargo, si le dan preeminencia equivocadamente, a los miembros de los colegios profesionales quienes esencialmente ya no están vinculados de manera directa con la USAC. Podrían ser consejeros, pero no sujetos activos del quehacer interno de la institución.
De tal suerte que llevar un proceso eleccionario de la USAC a los tribunales por falta de transparencia en el proceso, demuestra que la democracia no ha entrado a esta institución que por años ha luchado hasta con gotas de sangre, por la democracia en el país.
O sea, se lucha hacia fuera contra los genocidas, los autoritarios, los explotadores, los discriminadores, los corruptos, los politiqueros, los antidemocráticos y a favor de la clase trabajadora por su dignidad humana. Pero al interior de la USAC, no hay democracia, ni una lucha franca y sostenida para lograrla. La gestión académico administrativo es de carácter verticalista. Del rector hacia abajo. No hay respeto a la diversidad de ideas, sino sanciones a quien se oponga al oficialismo. Y esto es una práctica de largos años, que en algún momento se debe romper. De lo contrario, no presumamos que tenemos universidad pública de más de trescientos años. O hay democracia universitaria, o no hay universidad. Ese es el gran desafío de nuestra USAC.




