OpiniónColumnas

LOS MILITARES Y EL PUNDONOR

Del Escritorio del General

“En la guerra, todo es cuestión de moral.”
—Napoleón Bonaparte

La vida militar está intrínsecamente vinculada al pundonor, entendido como el respeto profundo a la dignidad personal y profesional, que constituye un pilar esencial de la moral, la ética, el liderazgo y, sobre todo, de la responsabilidad en la defensa de la patria. La moral castrense es el fundamento que da sentido a la entrega profesional del militar. Esta nace del liderazgo auténtico, del amor incondicional a la nación, del respeto absoluto a las leyes y de la vocación de servicio total.

Si bien todos los ciudadanos estamos llamados a servir a nuestra patria, los militares poseen un mandato superior, establecido en la Constitución Política de la República de Guatemala, que los define como defensores de la soberanía, guardianes del territorio y custodios del honor nacional. Esta misión requiere de quienes integran las filas del Ejército una formación sólida en principios, una conducta irreprochable y un compromiso inquebrantable con la nación.

La Carta Magna, además, otorga al Presidente de la República el título de Comandante General del Ejército, y le encomienda el deber de defender la Constitución y las leyes del país. Este mandato reviste una dimensión patriótica fundamental: el pueblo deposita su confianza en un presidente por un período determinado, durante el cual se convierte en el símbolo de respeto al orden constitucional y legal. Al concluir su mandato, vuelve a ser un ciudadano más, y solo su conducta y legado determinarán si merece figurar en las páginas gloriosas de la historia nacional.

De igual forma, los ministros, funcionarios públicos y miembros del alto mando militar están llamados a servir con responsabilidad, integridad, sabiduría y decoro. Quienes así lo hagan, pasarán a la historia como verdaderos servidores de la patria, no por sus cargos, sino por su ejemplo.

El servicio a la nación no se limita a las armas. También se ejerce desde el hogar, en la formación de nuevas generaciones; en la docencia, iluminando las mentes del futuro; en la medicina, cuidando la salud del pueblo; en la política, formulando leyes justas. Todos los ciudadanos somos constructores del Estado. La patria no se edifica desde el poder, sino desde la virtud y el trabajo de cada guatemalteco.

Por ello, las leyes deben ser respetadas como el marco supremo que rige nuestra convivencia. Ciudadanos o militares que transgreden la ley traicionan la confianza del pueblo. Su responsabilidad no debe ser evadida ni maquillada. Quien quebranta la norma, deshonra la investidura que le fue conferida.

Ayer 30 de junio, celebramos el Día del Ejército de Guatemala, fecha que rememora la gesta revolucionaria encabezada por los Generales de División Justo Rufino Barrios y Miguel García Granados, héroes del siglo XIX que enfrentaron al conservadurismo y trazaron la ruta del liberalismo como camino del progreso nacional. Fundaron instituciones clave para la consolidación del Estado moderno, como el Ejército Nacional y la Escuela Politécnica, alma mater de los oficiales que han servido a la patria con valor y disciplina.

Esta fecha invita a la reflexión. La preservación de la patria descansa sobre dos columnas fundamentales: la moral nacional y el respeto a la ley. Sin ellas, se desmoronan los pilares de la institucionalidad. El pundonor no es una palabra vacía: es un modo de vida basado en el honor, la coherencia, la lealtad y el patriotismo. Quien no es íntegro consigo mismo, con sus superiores o con sus subordinados, no es digno de liderar, ni de gobernar, ni de portar el uniforme de la patria.

La carrera militar exige una entrega total. En nuestras aulas, desde la Escuela Politécnica, se nos inculcan valores sagrados que resumen nuestra misión, contenidos en ocho palabras inscritas en la bandera que nos cobija:

Honor, Lealtad, Unión, Deber, Virtud, Valor, Ciencia y Fuerza.

Estos principios deben guiar cada acción del militar y ser faro moral para toda la sociedad.

Es imprescindible recordar que el Ejército no debe involucrarse en política. Su función es patriótica, no partidaria. Su accionar está enmarcado en la Constitución, y debe ser respetado sin excepción, desde el presidente hasta el último soldado. No puede tolerarse la violación del orden constitucional ni el menoscabo de la institucionalidad nacional. El servicio a la patria exige legalidad, abnegación y, si fuese necesario, el sacrificio supremo: la vida misma.

No hay excusa válida para deshonrar estos valores. Ninguna ambición personal, ningún interés político, puede justificar la traición a la patria. Por eso, hoy más que nunca, convoco a mis compatriotas —militares y civiles— a levantar la bandera del pundonor y la legalidad. La patria no se negocia, no se entrega, no se abandona:

¡Se defiende, se honra y se muere por ella si es preciso!

Area de Opinión
Libre emisión del pensamiento.

Le invitamos a leer o escuchar más del autor:


Descubre más desde El Siglo

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Francisco Bermudez Amado

General de División ex Ministro de la Defensa, Analista político.

Descubre más desde El Siglo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo