
No hay que hacer leña…
Vocación de Libertad
No hay que hacer leña del árbol caído es de esas sabias expresiones de los abuelos y sobre la cual es mi interés construir argumentos y razones que buscan en verdad, aunque parezca extraño, fortalecer la actuación del ciudadano Presidente en torno a la evidente torpeza de sus asesores en el proceso de aprobación de una ampliación presupuestaria que se concibió muerta, se gestó muerta y vino a parar muerta porque simplemente una de dos, o por ineptitud o por soberbia, se intentó, a saber a qué costo económico y que nivel de corrupción, aprobar un decreto ley en un proceso amañado, corrupto y doloso.
Bien hace la Corte de Constitucionalidad en no entrar a conocer el asunto, porque ha existido una más que evidente falta de cumplimiento de la ley en el proceso legislativo. ¿Será que el amigo Presidente ya viene acostumbrado a este nivel de violaciones, desde que intentaron tener un partido organizado y no poder hacerlo por la vía legal puesto que ya ha sido expulsado del sistema de partidos políticos?
No, Señor Presidente, no pretendo hacer leña de su gestión, pero si señalar con meridiana claridad y voy agregar a ahora, profunda preocupación sobre su personal estado mental, puesto que luce desorientado y peor aún, orientado por los asesores que hasta ahora como se dice en el lenguaje popular, no dan pie con bola. Sentido común le llaman los abuelos sabios, a esa intuición que nos alerta cuando algo no anda bien y de verdad, déjeme decirle que hoy por hoy en Guatemala, nada en la gestión de su gobierno parece andar bien, excepto aquello que los miembros de la comunidad internacional, amigos suyos, pueden, también torpemente, ver bien.
“Para un poco más de ilustración, este proverbio, el de no hacer leña del árbol caído, tan recurrente en nuestra cultura, nació hace más de 2.000 años, sobrevivió en el latín medieval y se expandió en las lenguas modernas.
“Hacer leña del árbol caído» es una expresión cuyo significado, según el Diccionario de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, es «criticar con dureza a alguien que ha tenido un fracaso o una desgracia». Como se describe en el refranero del Instituto Cervantes, la frase se emplea «cuando alguien pierde su autoridad, sufre alguna contrariedad o queda sin protección» y «los demás tratan de sacar provecho de esta circunstancia».
Seguramente mi estimado Señor Presidente, habrán ahora sobradas razones para augurar cualquier cantidad de nubarrones para su gestión, pero desde mi punto de vista, lo responsable es llamarle al orden, pedirle que concentre su talento y trabaje para gobernar dentro del marco de la ley. Busque buenos guatemaltecos, talentos de verdad y no viejos amigos de la subversión armada para gobernar. No se siga equivocando y dejándose obnubilar por su evidente “odio jarocho” en contra de la fiscal general. La ira no es buena consejera.
La metáfora ilustra bien el significado: talar un árbol para hacer leña es un trabajo duro; sin embargo, uno que se ha venido abajo, sin que sus raíces lo fijen fuertemente al suelo, a causa del viento u otra circunstancia, está mucho más expuesto a ser cortado y a que los trozos sean usados para hacer fuego. Algo similar le ocurre a la persona derrotada, abatida, ya que habrá oportunistas que aprovecharán su debilidad para criticar o beneficiarse, algo que no harían en caso de que el caído siguiera en pie.
La humanidad lleva más de 2.000 años con el proverbio del árbol caído y sirva en esta oportunidad para alentar a nuestros lectores para que en aras de salvaguardar nuestra cada vez más precaria Democracia Republicana y Constitucional, busquemos esquemas de orden y dialogo institucional que puedan llevarnos en orden al momento institucional de hacer cambios. Estos momentos pueden prestarse para que el Crimen Organizado, más organizado que la realidad de nuestra vida institucional, puede querer sacar provecho de hacer leña del árbol caído.

Le invitamos a leer más del autor:



