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Perspectiva venezolana

Teorema

Lo difícil de hacer un pronóstico sobre el panorama de Venezuela para los próximos meses, y aún semanas, es que el juicio basado en la razón se contamina con la emoción que causa ver a esas multitudes que gritan ¡Libertad! La presión interna e internacional es intensa, enorme, posiblemente la más grande en la historia de la humanidad.

Aquellos que se preguntan ¿cuánto tiempo puede aguantar Maduro tan enorme presión? hacen la interrogante equivocada. La cuestión debiera ser ¿Cuánto tiempo pueden los venezolanos y el mundo entero mantener la presión actual? Es una observación pesimista, por la que ofrezco disculpas. Pero tengo poca confianza en la duración de tan intensa, fervorosa y solidaria actitud. Temo que los magníficos líderes de la resistencia, poco a poco se irán quedando solos.

Maduro, el déspota, cuenta con la asesoría del régimen cubano que, después de 65 años en el poder y de superar todo tipo de protestas, amenazas, boicots y bloqueos, mucho habrá aprendido. Ellos lo saben todo, en comparación, los venezolanos así como los demás pueblos del mundo, podemos ser muy solidarios, pero poco o nada conocemos de mantener un régimen autocrático contra los deseos de la población y del mundo. ¿O me equivoco?

Las principales posibilidades para el futuro político, con sus efectos correspondientes en la vida social y económica de los venezolanos, en mi modesta opinión, creo que incluyen las siguientes:

Primero: Que no pase nada, que el régimen de Maduro se consolide y dentro de unos meses todo siga como a principios de este año. Este podría ser el peor escenario.

Segundo: Que haya una salida negociada y que tanto Maduro como su extensa camarilla de funcionarios cómplices salgan del país a un exilio dorado, dejando una ley que prohíba la persecución penal nacional e internacional a él y esas personas durante los siguientes 25 años o algo parecido. Entiendo que Maduro (y muchos cómplices suyos), tiene dinero, más que suficiente, para vivir tanto él, como sus descendientes, durante varias generaciones sin tener que generar nuevos ingresos. Nada mal para un camionero que nunca dejó de serlo.

Tercero: Podría acontecer una revolución popular exitosa. No creo que llegue a darse, no con éxito. Se trata de un régimen asesino que ha demostrado ser capaz de matar ciudadanos a sangre fría, en las calles, con y sin uniformes oficiales. Dos hombres en una moto, uno la conduce, el otro dispara al que encuentren, sin discriminar por edad o sexo, solo asesinan. Tales sicarios existen ya y son numerosos. Se dice que, además de venezolanos, hay cubanos. Ellos pueden conseguir que salir a la calle, aún para ir a la tienda, y regresar con vida, sea un acto de heroísmo. Un escenario así no deja espacio para una revolución popular.

Cuarto: Algunas personas piensan que podría haber alguna solución a través de la OEA, la ONU, Los Cascos Azules otras instancias así. Creo que se equivocan. La ONU solo actúa en países pequeños y débiles como Haití, República Centroafricana, Mali, Sudán del Sur, Congo, Darfur, Kosovo, Sáhara Occidental, Líbano, Chipre… En países grandes o que gozan del respaldo de alguna potencia no se meten. En Ucrania, por ejemplo, el señor Antonio Guterres ha tomado su postura favorita, hacerse el papo, ver hacia otro lado y sonreír. La OEA no pasa de hacer discursos.

Quinto: Estados Unidos, bajo la mirada de halcón del señor Biden, lanzó, en nombre del poderoso gobierno que dirige, un tremendo ultimátum conminatorio: Usted tiene que dejar el poder antes del 5 de noviembre, de lo contrario usted irá a la cárcel. Es difícil imaginar la reacción de Maduro. Pienso que debió ser como la de aquel jovencito que golpeaba a la hermanita de solo dos años y fue sorprendido por su padre, quien en vez de darle una buena e inmediata zurra le dijo: “Si lo vuelves a hacer, te castigo dentro de tres meses”.

Sexto: Estados Unidos llama a una Fuerza multinacional de ocupación para invadir Venezuela, en un proceso parecido al utilizado en marzo de 2003 previo a invadir Irak. El discurso para convocar a los aliados ofrecería deponer a Maduro, crear un ambiente de paz y seguridad, convocar a elecciones libres, entregar el gobierno al ganador y abandonar el país inmediatamente después. Todo, sin interés en los recursos naturales de Venezuela, como su petróleo. A diferencia de lo acontecido hace 21 años, ahora tendría total apoyo popular, tanto en Venezuela como en el resto del mundo. Pero en otros aspectos podría ser peligrosamente parecido.

En 2003 solo consiguió el apoyo del Reino Unido y de España. Más tarde se unió Australia y Polonia. Sólo cuando el ejército iraquí estaba ya por capitular, la diplomacia norteamericana consiguió que entraran muchos países y que la ONU pasara, de denunciar ilegalidad en las acciones, a figurar como líder internacional del movimiento. Fugado, Sadam Hussein fue capturado a fines de ese mismo año, puesto en prisión, juzgado, condenado a muerte y ejecutado en diciembre de 2006, cinco años después de su captura. Excepto por los iraquíes, del petróleo en su país se beneficiaron todos, la corrupta ONU fue de las principales. La guerra se dio oficialmente concluida hasta en 2021 (habían pasado 17 años desde que concluyeran los enfrentamientos). Aún hoy, Estados Unidos mantiene un ejército de ocupación en Irak. El país que fuera la cuna de la civilización y el centro del poder mundial durante catorce siglos lo convirtieron en ruinas y escombros.

Séptimo: La muerte de Maduro es posiblemente un deseo común a millones de personas en el mundo. Quizá las buenas personas desean que un síncope u otra forma de muerte natural, acabe con él. Otros, sin ser malvados, consideran el magnicidio. Para conseguirlo, quizá baste el sacrificio de pocas vidas. En el mejor de los casos, solo la vida de quien lo ejecute será la que se pierda, la posibilidad de éxito es baja y el riesgo de morir en el intento es alto. Maduro debe contar con un nivel de seguridad difícil de imaginar para los ciudadanos comunes y aun para los expertos. Llegar hasta él y asesinarlo debe ser casi imposible.

Además, algo en el fondo de los hombres de bien, cuando sobreponen la razón a la emoción, les hace repudiar el asesinato. No importa que la víctima sea archi criminal, su asesinato causa rechazo. Es diferente cuando media una sentencia judicial, en una guerra o en defensa personal o familiar. Aún la labor de un francotirador es polémica.

Octavo: El golpe de Estado es una opción siempre presente. Algunas personas de ortodoxia constitucional exacerbada lo condenan bajo cualquier circunstancia. Ciertamente, existe una Constitución Política formalmente en vigor en Venezuela. En la práctica diaria, empero, los derechos de los ciudadanos son inexistentes, hay incumplimiento de las obligaciones del Estado, la separación de poderes es vulnerada y los procedimientos establecidos no son observados. Aquí sucede lo mismo, pero en un grado menor, mucho menor. En Guatemala también, la vida constitucional y el imperio de la ley son aspiraciones, a veces solo fantasía. En fin, pienso que el mundo entero vería con buenos ojos un golpe de Estado contra Maduro. Personalmente me inclino, sin remilgos, a favor de esa solución. Este, incluso, podría no ser cruento, como en Guatemala, cuando los militares sacaron del poder a Lucas o a Serrano.

Un golpe de Estado exige la participación de una facción militar que se propone remover al régimen, en oposición a otra que lo defiende. En el grupo golpista hay militares idealistas, principalmente jóvenes que responden a un llamado popular, lo ven como un deber más alto que la legislación que los rige. El grupo que defiende al gobierno es acomodaticio, tiene prerrogativas que desea preservar, se escuda en su concepción del deber. Tiene a su disposición el armamento y las instalaciones militares, lo que le proporciona ventaja en su capacidad bélica. Su debilidad, eventualmente, es su conciencia ciudadana. Les han ordenado reprimir las manifestaciones civiles usando la fuerza. Lo han hecho, y hacerlo les habrá dejado heridas.

En Venezuela, Vladimir Padrino López, Ministro de la Defensa, tiene a su cargo evitar cualquier intento de sublevación militar. Padrino ha sido denunciado de participar en actividades de narcotráfico, y delitos más graves, en calidad de socio con Maduro y otros altos funcionarios de ese gobierno. Cientos, quizá miles, de militares de alto rango han sido involucrados en estos crímenes. Alguien habrá dicho “Si yo caigo, caemos todos”. Así, gran parte de la élite militar, al apoyar a Maduro, también está luchando por su propia libertad y bienestar personal, lo que da mucha fuerza al régimen. Los militares patriotas, previamente identificados como dirigentes naturales, les han permitido desarrollar su liderazgo. Pero en momentos críticos como el actual, son separados de sus cargos, dejando a la tropa sin cabecillas que puedan amenazar la estructura de poder.

Hay militares dignos en todos los rangos, son valiosas y plausibles excepciones. Algunos vídeos muestran a militares jóvenes que se muestran dispuestos a luchar por la libertad de su Patria. Supongo que lo hacen desde otro país o desde un lugar seguro, lejos de los principales núcleos de enfrentamiento. Son pocos y cada uno con su propio liderazgo. Tendrían que ser muchos y subordinarse todos a un líder único. ¿La señora Machado?

Resumo: La cúpula militar venezolana está en manos de delincuentes y un golpe de Estado no es cosa de criminales. Es asunto de héroes, de patriotas valiosos y valientes. Los criminales no dan golpes de Estado. Revise usted la historia y terminará dándome la razón. La narrativa es distinta, ha creado la imagen de un militar gordo con una chaqueta llena de banderitas e insignias, es coronel o general, fuma puros, hombre grosero, sin preparación, corrupto, déspota, ambicioso en extremo que busca poder y riqueza.

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José Fernando García Molina

Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista.Tiene una licenciatura en ingeniería eléctrica de la Universidad de San Carlos, una licenciatura en ingeniería industrial de la Universidad Rafael Landívar –URL–, una maestría en economía en la Universidad Francisco Marroquín –UFM–-, estudios de especialización en ingeniería pentaconta en la ITTLS de España.

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