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PUMA KUNPU

Editado Para La Historia

Una de las cosas que no he hecho en mi vida es visitar, como se merece, América del Sur. ¡Hay tanto que ver! Lugares que algunos visitan con los ojos y otros que visitan con la imaginación. Pues bien, desde hace años he escuchado historias tan extravagantes sobre el sitio que llegué a preguntarme cuánto de cierto había en todas estas historias. Algunos aseguran que había sido construido por gigantes. Otros afirman que era obra de extraterrestres. Había quienes hablaban de tecnologías perdidas, civilizaciones desaparecidas o conocimientos imposibles. Sin embargo, como suele ocurrir, la realidad terminó resultando mucho más interesante que las fantasías.

Puma Punku se encuentra en el altiplano boliviano, cerca de Tiwanaku, a más de 3800 metros sobre el nivel del mar. Tampoco puedo llegar a esas alturas, la altura de la Ciudad de México, mucho menor, le hace daño a mi salud. El paisaje que rodea a Puma Punku tiene algo de escenario teatral. La primera impresión de Puma Punku es desconcertante. En lugar de encontrar enormes edificios intactos, el visitante ve bloques de piedra dispersos, algunos de ellos gigantescos. Estos bloques parecen un lego colosal, abandonado por alguien que nunca regresó para terminarlo. Hay piedras perfectamente talladas, ángulos precisos, superficies lisas y cortes que parecen desafiar la rudeza del material. Fue precisamente esa apariencia la que alimentó durante décadas toda clase de teorías extravagantes.

Recuerdo haber leído alguna vez que ciertos autores sostenían que aquellas piedras no podían haber sido trabajadas con herramientas antiguas. Según ellos, la única explicación posible era la intervención de una civilización tecnológicamente superior. Es una idea atractiva porque convierte el pasado en una novela de ciencia ficción. Ahora bien, la evidencia arqueológica cuenta una historia diferente.

Los investigadores han demostrado que Puma Punku formaba parte de la cultura de Tiwanaku, una de las civilizaciones más importantes de los Andes precolombinos. Su desarrollo alcanzó su apogeo aproximadamente entre los siglos VI y X después de Cristo. Lejos de ser una cultura misteriosa llegada de otro planeta, era una sociedad humana extraordinariamente organizada, capaz de movilizar mano de obra, conocimientos técnicos y recursos a gran escala.

Al ser conscientes de lo que podían hacer nuestros antepasados, nos damos cuenta de que tenemos tendencia a subestimarlos. Cuando vemos una obra impresionante, buscamos explicaciones sobrenaturales porque nos cuesta aceptar que seres humanos sin maquinaria moderna pudieran realizar semejantes construcciones.

Las piedras de Puma Punku fueron trabajadas principalmente con herramientas de piedra más dura, abrasivos y una enorme cantidad de paciencia. No había rayos láser ni otras máquinas con las que podemos contar hoy. Lo que sí había era artesanos expertos que dedicaban años de su vida a perfeccionar técnicas transmitidas de generación en generación.

Una de las características más famosas del sitio son los llamados bloques en forma de H. Cuando uno los observa, comprende inmediatamente por qué han despertado tanta curiosidad. Parecen piezas diseñadas para encajar con precisión geométrica. Algunos visitantes los comparan con componentes industriales modernos.

Las leyendas locales también han contribuido a la fama del lugar. Algunas tradiciones andinas cuentan que la región fue escenario de acontecimientos relacionados con los dioses creadores. En ciertos relatos aparece la figura de Viracocha, el gran creador del mundo en muchas tradiciones andinas. Se decía que podía levantar ciudades con una sola palabra y transformar la realidad si así lo deseaba. Cuando los primeros cronistas españoles escucharon estas historias, las registraron con fascinación, añadiendo una nueva capa de misterio al lugar.

No resulta difícil entender por qué surgieron tales relatos. Imaginen a una persona contemplando aquellos enormes bloques dispersos por el altiplano. Sin conocer los detalles arqueológicos, la escena parece casi sobrenatural. Las piedras más grandes pesan decenas de toneladas. Algunas fueron transportadas desde canteras situadas a varios kilómetros de distancia. Es así como nace la pregunta: ¿cómo lo hicieron?

Puma Punku lo levantaron los antiguos Tiwanaku con organización… conocimiento práctico. Miles de personas trabajando juntas pueden lograr resultados que parecen imposibles cuando se observan siglos después.

No conocemos los nombres de los artesanos de Puma Punku. Ignoramos sus rostros, sus historias personales y sus sueños. Pero su trabajo sigue allí, resistiendo el viento, el sol, el paso del tiempo… y nuestros comentarios.

A medida que los arqueólogos han estudiado el sitio, también han descubierto que Puma Punku probablemente tenía una profunda importancia ceremonial. No era simplemente una construcción monumental hecha para impresionar. Formaba parte de un complejo religioso y político donde se expresaban ideas sobre el orden del universo, el poder y la relación entre los seres humanos y lo sagrado. Cuando pienso en Puma Punku veo nuestra tendencia moderna de buscar explicaciones extraordinarias para aquello que simplemente refleja la extraordinaria capacidad humana.

El misterio de Puma Punku no es si realmente fueron extraterrestres los que lo construyeron. El verdadero misterio es cómo los seres humanos, armados únicamente con ingenio, perseverancia y cooperación, fueron capaces de crear obras que todavía nos obligan a detenernos, mirar y asombrarnos.

Franck Antonio Fernández Estrada

traductor, intérprete, filólogo ([email protected])

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