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Los bloqueos como expresión popular en la democracia 

Barataria

Los bloqueos de carreteras y calles en nuestro país no es nada nuevo, desde hace muchos años se han utilizado como un medio de demostrar el descontento de las masas.    Anteriormente las marchas y las protestas constituían un medio de expresión popular a través del cual se hacían oír las demandas del pueblo. Las marchas iniciaban en un punto y recorrían por lo regular calles de la ciudad hasta terminar frente  al edificio del poder que en la mayoría de casos era el Palacio Nacional.

Allí en medio de lo que era el Parque Central y posteriormente la Plaza Central se congregaban muchos grupos y se hacían discursos gritando las consignas que les hacía sentido a los manifestantes. Muchos de estos discursos eran muy bien estructurados, en tanto que otros eran en realidad fruto de la efervescencia del momento.  A pesar de que existían gobiernos militares dictadores y sin libertades muchos de los líderes de los manifestantes se expusieron tanto que fueron encarcelados y muchos otros perdieron sus vidas exponiendo el desastre del gobierno de turno como el caso de María Chinchilla (ya quisiéramos que Joviel una pulgada de lo que fue esta maestra) y Oliverio Castañeda de León (quizá revolcándose en su tumba al ver la clase de estudiantes vendidos que hay en la USAC hoy en día). 

Poco a poco, las manifestaciones y concentraciones, pasaros a barricadas en diversas calles de la ciudad, luego de las barricadas llegamos a los famosos bloqueos de carreteras. Que hoy en día son el pan diario de los guatemaltecos que sufren porque a varios grupos muchos de ellos gente pagada bloquean diversas carreteras con el objeto de supuestamente hacerse oír, aunque hemos visto de todo. Desde reivindicaciones legítimas hasta bloqueos que buscan cambios que en realidad o ya están o no se pueden dar.

El grave problema resulta ser si los bloqueos son una manifestación legítima del pueblo o simplemente son grupos que han sido pagados por los poderes fácticos para caldear el ambiente y crear la inestabilidad, restándole normalidad al país.   ¿Qué tan legítimo puede ser un grupo que cierra una carretera impidiendo el libre transito de TODAS las personas incluso del guatemalteco sencillo que necesita ir a su trabajo, o del ciudadano enfermo que debe madrugar para ir al hospital mas cercano para que le atiendan o aquel que va a una entrevista de trabajo porque ha pasado los últimos cinco meses desempleados o de aquel estudiante que apenas tiene el pasaje de ida y vuelta para el instituto y que necesita llegar a estudiar?   En realidad, no tiene nada de popular, mucho menos de legítimo.

Los grupos que protestan bajo cierre de calles por lo general no son una expresión popular, son grupos bajo ciertos liderazgos que son pagados, reciben su pago por el día de bloqueo.  Esto se ha comprobado con preguntarle a los manifestantes ¿Por qué bloquean las carreteras? Muchos de ellos no saben el motivo, solo que les interesa que no pasen.  Seguro que hablar de esto no me va a hacer mas popular y quizá me relacionen con esferas del gobierno pero nada que ver, en realidad es lo que se ve y lo que se ha demostrado a lo largo de años que tenemos de ver bloqueos y manifestaciones, tanto así que en muchos casos les llevan su comida al lugar ¿Quién es el que paga esto? ¿Con qué dinero le pagan el día a quienes se encuentran todo el día bloqueando?

Algo que parece ser cierto es que quienes son líderes de los bloqueos han terminado en esferas de poder.  Eso sucedió con los ya famosos Luis Pacheco y Pedro Chaclán. En el caso de Pacheo alcanzó ser viceministro de Desarrollo Rural en el actual gobierno luego de que liderara una de los bloqueos.  Así es que quien diga que los bloqueos nacen de la conciencia social y del pueblo en realidad miente como un bellaco. 

Hoy en día el gobierno del señor Bernardo Arévalo no parece ser tan popular como aquel que ganó la elección en 2023 y que fue objeto de “apoyo popular” por medio de una serie de bloqueos que cerraron el país casi un mes completo. Todos fuimos víctimas de esos bloqueos, tanto así que algunos perdieron trabajos, negocios y otras muchas cosas porque pasamos días completos sin poder pasar y cuando lo hacían eran por periodos muy cortos.  Recuerdo que en octubre 2023 en un bloqueo mientras esperaba pasar me puse a hablar con una pareja de jóvenes muy amables con quienes luego de platicar diversos temas les pregunté a secas: ¿Y ustedes dos no están trabajando porque seguro no pueden estar aquí día y noche?  Su respuesta me dejó helado.  Me dijeron que no tenían trabajo pero que les pagaban por lo que estaban haciendo (bloquear las carreteras) y tenían promesa de un empleo al llegar al poder Arévalo. No había mas que hablar pero eso me dio la pauta que necesitaba para opinar con mayor convicción.

Así las cosas, la Colonia Bethania es muy famosa por la ruta que bloquean que es un importante sector de la Ciudad de Guatemala por el Anillo Periférico.  En 2023, la Bethania era ejemplo de “lucha por la democracia” eso en palabras del mismo Arévalo y otros tantos secuaces que tiene siguiéndolo aún.  Ahora, en 2026, la Bethania es  un grupo de revoltosos pagados los que exigen la renuncia del actual gobernante. 

En realidad, no ha cambiado nada, lo de 2023 y lo de 2026 no tiene un matiz diferente los que protestan y bloquean son los mismos.  La diferencia radica en quienes son los que los están instrumentalizando, los que los utilizan y que también les pagan. Hoy pueden protestar para pedir la renuncia de Arévalo y hace cuatro años protestaban para que el susodicho accedieran al poder.  Mañana pueden bloquear por el alza a la energía eléctrica y dentro de un mes pueden protestar por la falta de medicinas en los hospitales.  Dentro de seis meses pueden protestar contra el CACIF y dentro de ocho meses pueden protestar por la desnutrición, porque los diputados renuncien o porque la selección de futbol vaya al mundial sin jugar ningún partido eliminatorio.  No hay legitimidad en sus planteamientos porque los poderes fácticos solo les interesa el caos que causa y la zozobra de inseguridad que provee el tipo de bloqueos porque toda la población lo sentirá.  

El derecho a manifestar es constitucional, tan constitucional como el derecho a la libertad de locomoción, darle preeminencia a uno sobre otro es una verdadera aberración que bien merece la pena regular sin tergiversarlo. En lo personal he estado en favor de las protestas, de alzar la voz exigiendo que tanto idiota en el poder renuncie, pero siempre estaré en contra de los bloqueos o de las barricadas. Protestas que lleven una marcha y finalización en una plaza para plantear medidas, exigencias y también para exponer temas con legitimidad son válidas, pero hacer que todo el pueblo que ya ha sufrido demasiado con tanto gobierno sinvergüenza, corrupto y ladrón que hemos tenido y que además de ello sufra un bloqueo porque al gobierno no se le puede cercar es un problema serio.

Si un grupo de manifestantes quiere hacerse notar ente el presidente Arévalo ¿Por qué no va a bloquearle la salida de su residencia? Así se da cuenta que hay descontento. O si es contra el Congreso o el Poder Judicial, ¿Por qué no bloquearle la salida por una noche para que se den cuenta que hay descontento?  Pero seguramente eso no lo harán porque quizá quienes arman los bloqueos sean parte de los mismos poderes del Estado.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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