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El termino conducta, nos conduce al análisis del comportamiento de una persona durante su vida y ante las acciones que puedan surgir a lo largo de la misma, planificadas o imprevistas. Por supuesto que ligado o vinculado a este término solemos asociarlos a un adjetivo calificativo: bueno o malo, calificativos extremos sin medias tintas.
¿Acaso no tenemos arraigados de años, preguntar sobre la conducta, de cómo se comportan en la escuela, nuestros hijos? Y que en el momento que lo hacemos, la profesora, traga en seco, su rostro manifiesta preocupación y responde: “Bien”, que difícilmente podrá decir mal, porque ¿quién no se porta mal, cuando niño o niña?
Obviamente, a mayor edad, lo lógico, si es que el alumno, el estudiante, su entorno es estable, sus padres lo apoyan, lo orientan, se preocupan por su educación la posibilidad de pasar a mejor nota (bien o bueno, siempre en conducta) será mayor; claro está que una buena conducta, debe conducir a resultados halagadores en la escuela o instituto, si valoramos que la educación que recibe desde el hogar es complementada por la que recibe en la institución educativa y no al revés.
De haber acercamiento hogar – escuela mucho mejor, como hemos señalado en otras ocasiones. Pero, ¿y cuando somos mayores, que somos independientes o que ya hay quienes dependen de nosotros, como debemos comportarnos? La respuesta estará en la madurez que tengamos, para asumir con responsabilidad lo que se presente, planificado o no. ¿Y ello podría estar ligado a las profesiones?, ¿Una conducta en el centro de trabajo y otra fuera de él?
Piense usted en cualquier profesión, cualquiera, imagínese en este momento a un compañero de trabajo suyo, persona conservadora, seria, responsable, poco comunicativo con el colectivo y que en una noche, como puede ser un viernes, en que solemos compartir inclusive con nuestros compañeros y compañeras de trabajo más allegados y de pronto por allá ve al que poco habla, en una sola, bailando al compás de la marimba, o no dependiendo de los grados de alcohol que circulen en ese momento junto al torrente sanguíneo.
¿Cuál sería su reacción?, ¿Asombro, risas, molestias?, ¿podrá aguantarse hasta el siguiente lunes, para divulgar el “descubrimiento”? o ¿respetará la conducta de cada cual, y en este caso del bailador, que quien sabe si recordara esa noche alegre, al día siguiente?
De las interrogantes anteriores, podrán surgir diferentes opiniones, diversas, pero como en este mundo es todo es relativo (que no es total, ni es absoluto y que depende de una serie de factores, elementos o circunstancias) y hay espacio para cada cosa. ¿Qué sería lo ideal? Que nos manifestemos como somos, evidenciando los mejores valores, que tenemos y no con una doble moral.
Que, si usted desea brincar, bailar, hágalo en su casa o en el grupo, donde todos brincan y todos bailan. Que si sabe que unos tragos – siempre con medida – lo ponen alegre, pero es día quiere ser el más alegre del planeta Tierra, hágalo y dígale a otra persona que maneje. ¿Coincide usted con mi valoración?

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