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Superemos Guatemala

Petardo

Un tema que interesa es la comparación de desafíos en educación y desarrollo social entre Guatemala y otros países centroamericanos, como la desnutrición crónica infantil, la desigualdad educativa y la migración forzada por la violencia, que se presentan de forma similar en la región, pero con matices propios en cada país.

Otro tema es el impacto del cambio climático y la gestión de desastres naturales, ya que Guatemala, al igual que otros países de Centroamérica, enfrenta pérdidas por fenómenos climáticos adversos y conflictos socioambientales relacionados con la explotación de recursos.

Guatemala, con su rica herencia cultural y paisajes impresionantes, es un país que alberga una diversidad inigualable. Sin embargo, detrás de su belleza natural y su rica tradición, se esconden desafíos significativos en el ámbito social.

Desde la desnutrición infantil hasta la falta de acceso a la educación, estos problemas sociales en Guatemala afectan a miles de guatemaltecos cada día, limitando su potencial y sus oportunidades para conseguir un futuro mejor.

Los partidos políticos en Guatemala afectan la democracia a través de la fragmentación del sistema, lo que fomenta campañas clientelares y de corto plazo en lugar de propuestas programáticas. Esto debilita la representación y la legitimidad, ya que los votantes a menudo eligen quién ofrece más en el corto plazo en lugar de proyectos de país. 

Además, la corrupción, el clientelismo y el narcotráfico influyen en el poder de los partidos y debilitan las instituciones.  Siendo que la debilidad más grave del sistema político es la falta de representatividad y legitimidad, resulta inaceptable que la reforma aprobada por el Congreso y pendiente de opinión de la CC incluya una fórmula de asignar escaños que aleja a los votantes de sus representantes, cuando lo que se necesita es un método de voto de tipo nominal, combinado 1/2 con la creación de su distritos de magnitudes adecuadas para que exista vinculación entre el elector y el representante, atendiendo el mandato constitucional de criterio poblacional.

La democracia en Guatemala es joven y frágil. La república –el imperio de la ley– y sus instituciones son débiles y vulnerables. Un ambiente así es adverso al desarrollo de la actividad económica, de la expresión cultural y del intercambio social.

Publicados la semana pasada, los resultados del Barómetro de las Américas para Guatemala indican que el apoyo a la democracia en 2017 no solo es el más bajo de todos los países de la región (apenas el 48 por ciento de la población guatemalteca la apoya), sino que ha venido disminuyendo (en 2006 la apoyaba el 71 por ciento). Los problemas políticos en Guatemala incluyen la crisis de la democracia, la corrupción endémica y la tensión entre el Poder Ejecutivo y Judicial, especialmente en lo que respecta a la anulación de partidos políticos.

Estos problemas se manifiestan en intentos de socavar procesos electorales, la desconfianza en el sistema político, la desigualdad social y la discriminación racial.  Según el PNUD, entre los países latinoamericanos, Guatemala presenta uno de los índices de desarrollo humano más bajos, solamente por encima de Honduras y Nicaragua. Según la Red de Pobreza Multidimensional MPPN, el 61.6 por ciento de las personas viven en pobreza multidimensional. Si apuntamos la atención específicamente sobre las mujeres, vemos que, si bien representan el 51.3% de la población, debido a los roles tradicionales de género y a las estructuras desiguales de poder, se encuentran en desventaja, en cuanto a oportunidades, frente a los hombres.

Según ONU sólo el 40% de las mujeres en Guatemala es población económicamente activa y la mayoría trabaja en actividades informales, sin protección social. El 80% de las mismas son mujeres indígenas. Ahora que se aproximan elecciones de nuevas autoridades es responsabilidad de cada guatemalteco que mejoremos Guatemala.

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Leonel Guerra Saravia

Médico y cirujano con maestrías de ciencias sociales, política, relaciones internacionales y filosofía.

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