
Vendrá una nueva crisis de la deuda
Sueños…
El cuento del equilibrio económico eterno
Al finalizar la II guerra mundial, Estados Unidos emergió como el gran triunfador económico y político. Yanquilandia producía un exagerado 60% del PIB mundial, era el sistema económico hegemónico. La URSS era la segunda potencia, pero con un capitalismo de Estado no competitivo que anunciaba su imparable final.
Como ganadores los anglosajones diseñaron el sistema perfecto para generar estabilidad a sistema financiero y comercial que les concedía el control mundial. En una localidad lejana, Bretton Woods, crearon el sistema oro-dólar, o sistema Bretton Woods, garantizando, según la euforia del momento un tipo de cambio fijo, estable, eterno. El mito no duró ni 30 años. El mismo gobierno yanqui lo rompió 27 años después. En agosto de 1971 el presidente Richard M. Nixon, en cadena nacional de radio y televisión declaró que EE.UU. estaba fuera del arreglo de tipos de cambio fijos, y que ya no se vendería dólares a nadie al precio fijado de $36 la onza de oro troy, inmediatamente los Europeos se dieron por aludidos y diseñaron su estrategia del “túnel de la serpiente”, aceptando devaluar y revaluar de acuerdo a necesidades estratégicas.
Se le llamó el túnel de la serpiente porque en esencia buscaba competir con adversarios económicos fuera de la comunidad europea devaluando y revaluando, pero manteniendo una escasa dispersión entre los tipos de cambio europeos. Es decir, el compromiso era que todos los europeos, en la medida de lo posible, iban a seguir los tipos de cambio líderes, si bajaban todos bajaban, sí subían todos subían, con el fin de competir con foráneos y no atacarse entre sí.
Los japoneses, por el contrario decidieron que su respuesta no sería entrar en los retos del tipo de cambio, cada vez que Europa o EE.UU. devaluaran la respuesta deJapón sería acelerar la inversión en investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, para mantenerse en la punta de la competitividad basados en el cambio tecnológico, la disminución de costos promedios y auge de la calidad.
Los latinoamericanos nunca se dieron por enterados de que ya existía una guerra de tipos de cambio. La fuerte rivalidad entre la tríada, la pérdida de competitividad de EE.UU., la emergencia como superpotencias económicas de los temidos Japón y Alemania, y el aparecimiento de un cartel poderoso de países subdesarrollados, la OPEP, cambiaron el panorama mundial, desde mediados de los 70 y hasta principios de los 80 aumentaron tanto los tipos de interés como la cotización del dólar, lo que significó una ruptura no esperada, sobrevino la crisis de la deuda y las estructuras socioeconómicas de los países inmersos en una sustitución de importaciones subsidiada sufrieron una fuerte sacudida.
Comenzó el ciclo sin fin del endeudamiento público
El auge del endeudamiento viene acompañado, del incremento del déficit y el auge de pagos por intereses, no por capital de los gobiernos a la poderosa banca internacional, que desde Wall Street dirige una sola nación, o mejor, un solo cartel nacional. Al finalizar los años 70 el pago del servicio de la deuda exigía un gran volumen de divisas por parte de los países que habían implementado la industrialización por sustitución de importaciones y eso era algo que el modelo difícilmente podía generar; la protección había originado un sesgo antiexportador y la producción nacional no era competitiva fuera de los mercados protegidos.

Además, las pocas divisas que obtenían las economías eran destinadas a las importaciones de bienes intermedios y de capital, necesarios para generar la producción sustitutiva, que era esencialmente de bienes de consumo.
La deuda hoy en nuestros países
El mundo moderno es el mundo dominado por el sector financiero. El poder del banco central y de los bancos comerciales oscurece la mente de los analistas. El sistema de mercado tiene la tendencia de generar períodos de calma y florecimiento, en donde el endeudamiento del gobierno genera rentas para sus funcionarios y transferencias para los pobres. Luego vienen los períodos de estancamiento, recesión y crisis. En esos períodos el sistema genera ajustes, conscientes o espontáneos y orienta a la sociedad hacia una nueva etapa de calma y estabilidad.
El último informe del Banco Mundial es rotundo “Los pagos por concepto de deuda de los países en desarrollo alcanzaron el nivel más alto de los últimos 50 años durante 2022-24”.
No es la hora de llorar porque no nos perdonan la deuda. Es la hora de señalar a los que nos endeudaron y que den cuenta de qué hicieron con ese dinero. Si se lo robaron o lo utilizaron en forma ineficiente tiene que pagar su daño a la sociedad.

Si, los organismos internacionales indican que el peso del pago de la ominosa deuda sobre los hombros del pueblo es aplastante. “Los países en desarrollo pagaron USD 741 000 millones más en concepto de capital e intereses de su deuda externa de lo que recibieron en nuevo financiamiento entre 2022 y 2024”.
Los países del istmo, como todos los del tercer mundo, son esclavos del capital internacional. Como diría Trump, pueden quemar sus banderas y escudos, no tienen soberanía, MAGA los hará entrar en razón y agachar la cabeza, sean de izquierda, derecha, centro o difuminados. La principal meta de estos gobiernos de colonias y semicolonias es mantener a raya el riesgo de cesación de pagos y reestructurar su deuda. Disminuir la pobreza, eliminar desigualdades invertir en calidad de educación y salud es secundario. Pagar deuda externa y privilegios de la burocracia es todo lo que queda de los sueños de independencia y progreso.
La contabilidad es monstruosa. Ni a Víctor Frankestein se le ocurriría. Si los países no pagan, o no se arrodillan, reestructuran sus pagos de deuda no habrá capitales nuevos. El año 2024 los países en desarrollo reestructuraron USD 90 000 millones de deuda externa. Los inversionistas en bonos de los centros financieros felices. Al tener de rodillas a las naciones que marchan ignorantes el día de la patria, decidieron aportar USD 80 000 millones más en nuevo financiamiento de lo que recibieron en reembolsos de capital e intereses. Al tener garantías, siguen endeudando, hasta el colapso final que les permitirá tomar el control directo de los países que tengan materias primas esenciales.
“La situación financiera mundial podría estar mejorando, pero los países en desarrollo no deberían engañarse: no están fuera de peligro”, dijo Indermit Gill, economista en jefe y vicepresidente sénior de Economía del Desarrollo del Grupo del Banco Mundial.
“Su acumulación de deuda continúa, a veces de formas nuevas y perjudiciales. Los responsables de formular políticas de todo el mundo deberían aprovechar al máximo el margen de maniobra que existe hoy para poner sus finanzas públicas en orden, en lugar de volver de prisa a los mercados de deuda externa”.

“En 2024, el saldo combinado de deuda externa de los países de ingreso bajo y mediano alcanzó un máximo histórico de USD 8,9 billones, con una cifra récord de USD 1,2 billones adeudados por los 78 países, principalmente de ingreso bajo.
Son países pobres o de medianos ingresos, pero que representan pagos de USD 415 000 millones tan solo en intereses, recursos que podrían haberlos destinado a educación, atención primaria de la salud e infraestructura esencial. “Por ejemplo, un promedio de una de cada dos personas en los países más endeudados no pudo asumir el costo de la dieta diaria mínima necesaria para tener una buena salud a largo plazo.”
Conclusiones
- Los gobiernos debieran endeudarse únicamente para invertir, no para pagar deuda, ni privilegios de la burocracia, ni para corrupción.
- Los grandes bancos hacen alianzas con empresarios nacionales para usar o crear nuevos bancos que se beneficiarán de financiar “internamente” a los gobiernos inermes.
- El fin del endeudamiento de los gobiernos sería el inicio de un crack de los Estados.
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