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¿Y AHORA HASTA CUÁNDO?

Antropos

Uno de mis maestros de filosofía, el doctor Arnoldo Mora nos decía con gran sabiduría y acierto en una de las aulas de la Universidad de Costa Rica hace algunos años, que la crisis deberíamos de entenderla como una toma de conciencia para avanzar hacia el futuro superando momentos complejos como los que experimentamos cotidianamente. Y no como un acabamiento. De ahí que todas las crisis son superables. Las estructurales, las de coyuntura, las personales, entre muchas más. 

Y a su vez, afirmaba este profesor, que era desde el pensamiento filosófico como la humanidad se veía iluminada para otear las luces que marcan el camino hacia una mejor condición humana.

Ahora que vivimos un desvanecimiento de la confianza. Un afloramiento del individualismo, así como miedo y temor frente a la agresión de todo tipo, o bien la angustia ante un futuro de incertidumbres, parece ser el momento en el que buscamos asirnos necesariamente a ramas de árboles fuertes que nos acojan ante esta impresionante cabalgata de no saber hacia dónde caminar. Y es por ello qué ahora más que nunca, sentimos la ausencia de las grandes figuras señeras de la humanidad que se convirtieron en paradigmas éticos y morales los que con lucidez fueron quienes bajo circunstancias agudas de peligro, nos orientaron con su ejemplo y palabras. Es preocupante que ahora no logremos verlas y mucho menos sentirlas. Están en la lejanía y nos hacen falta porque estamos abandonados y con un vacío existencial. De ahí que deberíamos ir al encuentro de sus ideas, conocimientos y rectitud para volver a recargar energías que nos lancen hacia un mejor destino.

Lo cierto del caso es que moramos entre ángeles y demonios. Y bajo estas circunstancias buscamos en la cotidianidad cierta certeza para vivir con una relativa dignidad humana. Y es entonces qué a pesar de inmensas dificultades y desconfianzas de los que nos han gobernado engañosamente, curiosamente aunque usted no lo crea, en la praxis política y accionar de los políticos, algunas ideas y propuestas tendientes a superar problemas pertinentes de esta cruda realidad que vive el país. Depositamos en ellos la poca confiabilidad ciudadana que nos queda, convencidos que no harán maravillas, pero al menos existirá orden frente al caos lo cual ya es importante y se traduce como el accionar propio de la naturaleza esencial del Estado. Eso sí, estamos conscientes que la corrupción, enriquecimiento y abuso de poder está a la orden del día de estos personajes, pero de esto, a la nada, al vacío total, al anarquismo de sálvense quien pueda, hay un gran trecho. Esta triste forma de proceder encierra a su vez la necesidad de superar la constante conflictividad social de carácter coyuntural y estructural. Es mejor, pienso, la presencia de los políticos para que logren al menos evitar el desorden que se mece por todos los rincones del país. Porque habrá que entender que somos “seres de carne y hueso”, como dijo don Miguel de Unamuno. Somos seres humanos con aspiraciones de vivir con dignidad bajo circunstancias históricas determinadas. 

Desde mi particular forma de percibir estas realidades caóticas, me parece que no debemos sucumbir ante el desamparo porque poner los ojos sólo en la oscuridad de la noche, no nos conduce a la búsqueda de soluciones bajo la luz plena de un sol brillante. Debemos de entender qué de una crisis de carácter nacional, solo salimos si conjuntamente hacemos esfuerzos comunes sin prejuicios ni sanciones a otras formas de pensar y sentir, habrá que recordar eso sí, que el pensamiento crítico de la ciudadanía siempre debe estar presente para señalar e incidir en mejores formas de gobernanza. Porque es una obviedad que no podemos pedirle peras al olmo. Sin embargo, en algo habrá que ponernos de acuerdo, porque todos amigos míos, queremos ser felices. Si nuestra manera de ser es insistir sólo en el Individualismo y la desacralización, entonces nos alcanzará la infelicidad, porque permanentemente estaremos rumiando al señalar a los otros como culpables. Y la pregunta es, ¿qué hacemos cada uno de nosotros para salir de ese agujero que nos tiene atrapados? 

Porque el tiempo pasa y nos preguntamos ¿hasta cuándo?

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