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Democracia borrascosa

Sueños…

Estas anotaciones -y da lo mismo que tengan por base mucho o poco de sucesos reales son un intento de vencer la gran enfermedad de la época no con medios indirectos ni paliativos, sino procurando hacer a la misma enfermedad el objeto de la exposición…”

(Hermann Hess)

Las elecciones generales en Guatemala, de los oscuros meses de junio y agosto han generado un caos y una parafernalia que es el mayor de los ridículos de las naciones proclamadas como democráticas. Por un lado, surgen los que llaman a defender la democracia, otros afirman que en Guatemala nunca ha existido esa forma de organización política. Otros aprueban un régimen dictatorial de mano dura. Otros aspiran a un cambio milagroso, que con un nuevo y efímero liderazgo, le devuelva la vida a un Estado fallido. En fin, por primera vez el tema se está discutiendo fuertemente en el país. Ese ha sido el mejor producto de todo este maremágnum de acciones estrafalarias en torno a la aceptación o el rechazo de un resultado irreversible en su realidad, pero posible con el uso de la fuerza.

El Estado guatemalteco está entre la espada y la pared. O reconoce el resultado electoral de la segunda vuelta, o ilegaliza a su propio TSE (tribunal Supremo Electoral), elimina a semilla, revive escuadrones para eliminar opositores y se declara un Estado autoritario, para el que la ley es innecesaria. Si un rayo de luz iluminara al ejecutivo y al MP y al ejército, se podría tener un panorama claro. Que significaría cuatro años de luchas intestinas horribles, como diría en un TicTok, Ale Colom. Semilla, según esa fuente de cordura empresarial inteligente, sería el cordero de sacrificio. Pues se prestaría a una enorme ingobernabilidad, pero con el apoyo de sectores de derecha que quieren un cambio cosmético en la sociedad para seguir existiendo como empresarios.

Según Ale Colom, espero que ese sea su digno nombre, ella espera que el sector empresarial logre influir en aceptar el binomio Semilla, para paliar o reducir el desmadre de la corrupción, la desorganización y la ineficiencia en que cayó el gobierno de Guatemala. Lo que todos esperamos es un pequeño paso para iniciar la construcción de un sistema democrático en esta famélica república. Como dice Ale, éxitos rotundos y contundentes no hay que esperar. Nos reafirma que hay que salir del abismo del atraso, la corrupción y la incompetencia. Confirma que los pasos de un semilla gobernando son indispensables para la derecha, que aspira a un pequeño respiro de cuatro años para reorientar y reorganizar más ideológicamente sus partidos y darles una estrategia más moderna. Existe la expectativa de que los oportunistas y vividores que se logren montar al trencito de semilla confirmen ante el electorado la visión de que la izquierda no sabe gobernar.

A no dudar, aceptar el triunfo de Semilla es un argumento que fortalece el sistema actual. Ya que permite un balance de forma en que el ejecutivo se enfrenta a una correlación de fuerzas desfavorable para cambios profundos. El congreso y el poder judicial están en manos del pacto. Que con sus acciones de fuerza está desperdiciando su caudal político. La derecha más estratégica ve que el cambio es de forma y no de contenido. Y que las formas, la ilusión de democracia ante el pueblo y ante el mundo le dan un respiro para generar nuevas estrategias, mientras que romper el proceso electivo rompe el sistema y lo deja en el limbo, en la incertidumbre completa.

Para los que defienden el sistema, continuar extrayendo enormes ganancias frente al hambre, el analfabetismo, el racismo, el machismo, pero que aceptan unas mínimas reformas para salvarse aceptar el resultado electoral, con tiempos para reformar el proyecto conservador son importantes. Está el otro lado, que mide el costo de perder enormes masas de dinero fácil basado en la corrupción y que tendría que detenerse o minimizarse. Por primera vez la derecha está tan dividida como la izquierda ante un evento real y de corto plazo.

Tenemos que mencionar que muchos países han sufrido largos períodos históricos de gobiernos autoritarios, conservadores a ultranza que se han opuesto a cualquier mínima reforma social o económica. Que limitan en última instancia la libertad y creatividad de la población. En Guatemala la posible construcción de la democracia cuenta con obstáculos que reducen los derechos de las personas. Podemos mencionar grupos de poder muy cerrados, enormes concentraciones de riqueza y pobreza en polos opuestos, falta de educación y salud de la mayoría, así como poca experiencia política que permita conocer y ejercer los deberes y derechos de los ciudadanos.

La falta de la democracia conduce hacia grupos autoritarios insensibles al cambio, eliminando la posibilidad de procesos gerenciales ágiles y participativos. La poca cultura democrática afecta a los sectores productivos del país en varios sentidos:

Por un lado, en lo nacional, la existencia de argollas de influencia política en la asignación de los recursos desde instituciones públicas orientan a las empresas a buscar la rentabilidad basados en cortejar a los grupos y círculos políticos antes que en mejorar la eficiencia productiva; la democracia participativa limitada en la escogencia de los dirigentes de las instituciones públicas y sociales que no se basan en la sana competencia en procesos electorales abiertos y participativos, sino que están diseñados para que pequeños grupos se enquisten en el poder (no hay procesos electorales obligatorios y que eliminen la reelección en sindicatos, cámaras patronales, asociaciones solidaristas, partidos políticos, cooperativas y otras instituciones de interés público); la falta de transparencia y el caudillismo fomenta un espíritu conservador y de padrinazgo que no da lugar a la competencia y a la participación activa de las mayorías.

En lo regional, estos pequeños países se ven afectados en sus procesos de modernización y organización para la eficiencia, en la medida en que los países con los que mantiene lazos geográficos, culturales y económicos mantienen regímenes autoritarios que se desgarran en continuas luchas intestinas y que provocan inestabilidad, para la región y condiciones de vida para sus pobladores de enfermedad, ignorancia y desempleo, los cuales finalmente repercuten al interior el sistema nacional.

Los retos son grandes: promover tecnologías limpias: aplicaciones científicas a la producción que no provoquen un excesivo efecto contaminador. Usar recursos financieros sanos: recursos en condiciones adecuadas para ser invertidos en inversión real. No recursos atados a programas de pago de deuda, ni condicionalidades puramente financieras que atan el desarrollo.

Estos Estados fuertes en la coerción son Estados débiles para formular políticas estables en el tiempo, institucionalizadas y de acatamiento por la población civil. Las características de muchos Estados es que son altamente centralizados y poco cumplidores de las leyes por ellos mismos emitidas o distorsionadas. En lo nacional, el estado es cuestionado por su crecimiento poco operativo y sin rumbo en cuanto a un diseño integral de política económica y social. Estamos ante el inicio de una reforma del estado que tiene que orientarse hacia la redefinición de las funciones del mismo y su papel como órgano estratégico de la sociedad.

No olvidemos que la humanidad es consciente de su enorme poder. Ya el ser humano culminó su lucha por el control de la tierra y sus fuerzas. La ciencia y la publicidad controlan las causas y las consecuencias de todos los fenómenos que ocurren en el mundo.

Para un proyecto de república democrática, tienen que colaborar distintas fuerzas, ya sean llamadas de izquierda, derecha o centro, al final todas son lo mismo. Ya que es el momento de diseñarse estrategias para lograr un mundo en donde los seres humanos puedan convivir, realizando todas sus aspiraciones, y simultáneamente, dejar existir al resto de especies para

disfrutar de la creación en forma creativa.

Para alcanzar una utopía de convivencia con la naturaleza, es necesario un movimiento humano que se distinga por destacar los intereses comunes a todos los seres humanos, por sobre las disputas nacionales, étnicas y de clase, representando los intereses del planeta en su conjunto.

Guatemala está en el vórtice, inicia las reformas o se hunde en la anarquía del país y el repudio de la comunidad internacional. Este movimiento tiene que ser el más resuelto para impulsar las reformas progresistas, el que impulse hacia adelante a los demás; tiene la tarea histórica de prepararse ideológicamente y transmitir una clara visión de las condiciones existentes en la sociedad y en el planeta con el fin de promover cambios positivos, en un ambiente de paz y democracia.

Para que el país se salve, en forma humanamente auténtica, las banderas a levantar no se basan en ideas mesiánicas, ni en la pretensión de algún reformador social iluminado, no sencillamente deben ser la expresión de conjunto de las condiciones reales de vida social y ecológica del planeta, deben ser el reflejo y resultado de las reales condiciones del movimiento histórico que se está desarrollando ante nuestros ojos.

El capital tiene que mantener incentivos a la propiedad. Para ser eficiente y productivo el capital necesita el incentivo de la libertad, de la propiedad individual. Con ello logra su gran objetivo, producir todos los bienes que la sociedad necesita, y generar nuevos e innovados procesos productivos para satisfacer las necesidades futuras, hasta para inventar necesidades futuras. Ser empresario es una posición beneficiosa a la sociedad.

La cultura empresarial promueve el progreso y el avance social. Pero, logra un resultado no deseable, también, la exclusión de la mayoría de la propiedad, al acrecentar la brecha entre ricos y pobres. Para mantener el beneficio social que significa la propiedad privada y sus incentivos, es indispensable comprender que el ser empresario significa ocupar no sólo una posición puramente personal en la producción, sino también una posición social.

La empresa capitalista es un producto colectivo; no puede ser puesta en movimiento sino por la actividad conjunta de todos los miembros de la sociedad. La empresa capitalista es una fuerza social. Para convertirla en una fuerza beneficiosa para todos los miembros de la sociedad y en consonancia con la naturaleza, es indispensable, además, que exista una regulación social, un Estado estratégico, a la manera de Alemania, Reino Unido, Francia, Japón, China, Estados Unidos, que actúan en función de la defensa de grandes principios ideológicos nacionales, provocando la seguridad y defensa nacional, simultáneamente con la defensa a ultranza de la democracia, la racionalidad y las libertades individuales.

En la sociedad democrática, representativa y en convivencia con la naturaleza, el capital acumulado, el capital físico y financiero no deben ser más que un medio de ampliar, enriquecer y hacer más fácil la vida de todos los ciudadanos, los empresarios deben ser vistos como ciudadanos ejemplares, los trabajadores como ciudadanos dignos de una vida digna.

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Cristobal Pérez-Jerez

Economista, con maestría en política económica y relaciones internacionales. Académico de la Universidad Nacional de Costa Rica. Analista de problemas estratégicos, con una visión liberal democrática.

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