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¿A quién protege Arévalo? 

Kidon 

El país se debate entre la discusión que se generó hace unos días, con relación a si se debe o no permitir, la instalación de una base militar de los Estados Unidos de América, para colaborar en las tareas de defensa regional, enfocadas especialmente en desarticular y eliminar por medio de la fuerza, a las organizaciones terroristas dedicadas al narcotráfico. 

La negativa del presidente generó diversos comentarios, en su mayoría criticando el rechazo de la ayuda ofrecida, pues, no es un secreto que, en el país, a diario se cometen una serie de crímenes de grave impacto social, que están íntimamente relacionados con esa actividad ilegal, y que impactan directamente en contra de la población, los cuales en su mayoría quedan impunes.

De esa cuenta, salta la pregunta si el objeto del gobierno es realmente atacar y combatir a estos grupos criminales o si, por el contrario, desea buscarles alguna protección y con ello, someter al país a la dictadura de un narcoestado, típico de regímenes como Venezuela, Colombia, Nicaragua y Cuba, países con los que Bernardo, comparte la misma ideología comunista. 

La definición de narcoestado se asemeja mucho a nuestra realidad, pues, es de conocimiento general por ejemplo como durante el régimen del socialista Bernardo Arévalo, los crímenes cometidos en contra de la vida e integridad, lograron registrar un aumento desmedido en la tasa de homicidios, asesinatos y secuestros. O, como el fenómeno extorsivo, logró afectar a gran parte de la sociedad, limitando no solo su locomoción, sino que además su capacidad de producción.

Y qué decir de las continuas incursiones en las fronteras del país, por parte de ejércitos de narcotraficantes fuertemente armados, o el robo de un centenar de fusiles y granadas de un comando militar, a plena luz del día y sin levantar sospecha alguna, así como la fuga de una veintena de pandilleros calificados como terroristas con la ayuda del propio Estado, lo cual nos lleva a la conclusión de que en efecto estamos en presencia de un narcoestado. 

Tampoco es un secreto como en el país, ha proliferado la siembra de coca y mariguana, así como la creación e implementación de narco laboratorios, en casi toda la región, y como Guatemala de ser un país utilizado como puente del narcotráfico, durante la gestión de Arévalo, pasó a ser uno de los principales productores de drogas incluso sintéticas y a liderar diferentes bandas de tráfico nacional e internacional de este producto.

Por ello, se hace necesario, la utilización de la fuerza extrema para erradicar de una vez por todas, este fenómeno delincuencial, y eso se logra únicamente mediante utilización de operaciones militares de gran magnitud, destinadas a bombardear con tecnología especial las posiciones tomadas por el narcotráfico, así como los medios de producción y de transporte que utilizan, sin importar el daño colateral que se pueda ocasionar. 

Pretender invocar el principio de no intromisión, no es más, que un burdo truco gubernamental, enfocado en buscar protección en favor de algún grupo especial, pues el enemigo a derrotar no es el ejército extranjero que nos viene a ayudar, sino el interno perfectamente individualizado y también organizado al servicio de narcotráfico. 

Pero el jalón de orejas del norte llegó, y junto con él la visita del jefe del Comando Sur, quien ratificó la necesidad de bombardear y destruir por cualquier medio militar, cuanta posición tomada por el narcotráfico sea necesaria sin importar su ubicación territorial, aérea o marítima, ni la nacionalidad de los infractores.

Al final, Bernardo nuevamente tuvo que recular, y no le quedará más, que permitir la ayuda militar y las operaciones de seguridad nacional que muy pronto se implementaran en el territorio nacional, pero su negativa a colaborar quedó anotada y con toda seguridad le pasará factura en su momento. 

A un año de la primera vuelta electoral tocará evaluar el reemplazo de la figura presidencial, mientras Bernardo, muy pronto dejará de mandar, quedará solo al haber perdido el poco apoyo popular e internacional, y sus allegados designados en diferentes entidades del poder estatal, buscarán un nuevo puerto donde atracar. Muerto el rey, viva el rey. 

A días de tener un nuevo inquilino en Cayalá. 

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Raúl Falla

Abogado y notario

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