
Ante la ausencia de acuerdos, la desacreditación aflora
Antropos
Por algunos años tuve la hermosa experiencia de acompañar algunos movimientos sociales con pancarta en mano, que reflejaban mi posición sensible y consciente de las agudas dificultades que sufrían los sectores desposeídos de la sociedad. Se pregono en aquellos momentos, reivindicaciones concretas como era el caso de lograr una mejor educación. A su vez, siendo organizaciones populares y estudiantiles, también estaba presente denunciar problemáticas de la vida nacional, que por cierto, para el caso de Guatemala, son abundantes, porque abundantes son las injusticias que han marcado la historia dramática de nuestro país.
Desde los tiempos que viví en ese remolino de luchas sociales, estuvo lamentablemente presente la desacreditación de los otros, simplemente porque no compartían los mismos procedimientos de lucha. Recuerdo de cómo en la USAC, existieron dos fuerzas políticas a nivel estudiantil. Unos más radicales que los otros. Pero era evidente que respecto a los problemas de fondo, se trataba de lo mismo. Nunca logré entender el por qué de la división. Hoy veo en retrospectiva que captaron mal el fenómeno central y no lograron aclararse quien era el enemigo común y esta división, sin sentido, los debilito.
En la vida nacional también logre observar ese divisionismo y desacreditación del otro, hasta que después de lamentables experiencias, comprendieron que era necesario unir esfuerzos para enfrentar al enemigo común. Obvio que antes de este acuerdo, el señalamiento negativo del otro llegó incluso hasta el asesinato que estas fuerzas llamaban, ajusticiamiento político.
Vale la pena recordar la pujanza del liderazgo de Manuel Colom Argueta, que a pesar de la fuerza de su discurso coherente, algunos sectores de la izquierda no entendieron los movimientos políticos que hacía, a fin de facilitar el camino hacia el poder gubernamental.
En fin, sólo aporto estos antecedentes, aunque de hecho hay otros que también son importantes en el relato que hago.
Hoy, de nuevo estamos ante un proceso electoral plagado de irregularidades de todo tipo, pero esencialmente, de anarquía y de una desconfianza total acerca de este hecho político. Se nota de cómo el poder económico no se ensucia las manos en peleas electorales, pero deciden con su financiamiento quien será el nuevo gerente de la silla presidencial, aunque llegue a suceder que por desorden imperante no se concreten las elecciones.
Lamentable es, qué con tantos años de experiencia política fallida de las fuerzas democráticas, no han logrado entender que el enemigo al igual que el frío, no está en las cobijas. Escuché por ejemplo unas palabras de Bernardo Arévalo en contra de Manuel Villacorta. Esto no daña a Villacorta, sino a la posibilidad de lograr un gobierno de unidad nacional.
Las fuerzas democráticas deberían de entender que no deben jugar con las mismas armas de desacreditación personal que hacen los partidos tradicionales. Esto es parte del terreno fértil de los políticos de derecha que se regodean con difamar a diestra y siniestra utilizando a sus corifeos para hacer el trabajo sucio, los cuales, claro está son financiados.
La desacreditación que hoy aflora, no es sino, la ausencia de acuerdos para ordenar adecuadamente a un país que vive entre la desconfianza y el anarquismo.

Le invitamos a leer más del autor:




Pingback: Guatemala necesita un remezón educativo - El Siglo