
Cinco meses de gobierno del señor Arévalo: ¿éxito o fracaso?
Logos
El señor Bernardo Arévalo ha gobernado durante cinco meses, que equivalen a casi 10% del número total de meses del período presidencial. En ese número de meses, ¿ha tenido éxito o ha fracasado? Presumo, empero, que algunos opinan que todavía no puede juzgarse sobre éxito o fracaso del señor Arévalo, porque su misión es grandiosa y sus tareas son infinitas y, por consiguiente, puede tener éxito, no en una miserable temporalidad, sino en una sublime eternidad. Por supuesto, no comparto esa opinión. Creo que hasta puede ser juzgado diariamente.
Plantéase esta cuestión: ¿cuáles criterios elegir para juzgar sobre ese éxito o ese fracaso? Los criterios que he elegido son los propósitos que explícita o implícitamente el mismo señor Arévalo anunció en el discurso que pronunció el 15 de enero del año 2024, en el balcón presidencial del Palacio Nacional, dirigido a ciudadanos congregados en la Plaza de la Constitución. Son propósitos ricos en abstracción o pobres en concreción; pero sugieren, con tolerable ambigüedad, el género de sucesos que tendrían que ocurrir para lograrlos, o comenzar a lograrlos. Extraigo, de aquel discurso, tres propósitos.
Primero. Comenzar un ciclo de transformación. Dijo el señor Arévalo: «Esta transformación no solo nos engrandece como individuos, sino que también nos brinda esperanza y nos proyecta hacia un futuro lleno de oportunidades. Este nuevo ciclo… trasciende las expectativas de nuestro pasado. Se abre hacia un horizonte donde anidan sueños de una Guatemala rebosante de alegría, repleta de oportunidades, y orgullosa de los logros de su gente.» Dijo también: «Este es el ciclo que todos estamos iniciando con una inmensa fe en nuestro porvenir, porque estamos abriendo senderos para ese futuro que nos aguarda.»
No compruebo, ni observo, ni atisbo que, durante los primeros cinco meses de gobierno del señor Arévalo, haya comenzado tal ciclo de transformación, en cualquier esfera de competencia del órgano ejecutivo del Estado. Sucede lo opuesto: compruebo, observo y atisbo una continuación del ciclo que, según el señor Arévalo, finalizó en aquel día 15 de enero.
Si había esperanza, conjeturo que se ha extinguido, o se extingue. Si había expectación de un futuro «lleno de oportunidades», conjeturo que ese futuro se ha vaciado o se vacía. Y no surgió un horizonte en el que residían sueños de una Guatemala «rebosante de alegría y repleta de oportunidades». E intento encontrar algún indicio de que ha sido construido, o ha comenzado a ser construido, algún sendero que conduzca a ese «futuro que nos aguarda». No lo he encontrado.
En las pasadas elecciones, según el señor Arévalo, los guatemaltecos provocaron, con su voto, la germinación de la semilla de la transformación, o la «semilla del cambio». Dijo: «Es la semilla que se abriga en nuestra querida tierra; que se abre camino y brota hacia el cielo para recibir la luz del amanecer.» Evidentemente, aludía al nombre del partido que propuso su candidatura presidencial: el partido Movimiento Semilla, que está legalmente suspendido.
No compruebo, ni observo ni atisbo que, durante los primeros cinco meses de gobierno del señor Arévalo, haya brotado, de esa presunta semilla germinada, una planta que asciende hacia el cielo, para encontrar, finalmente, «la luz del amanecer». Creo que los ciudadanos que votaron por el señor Arévalo no provocaron la germinación de la semilla, sino tuvieron la esperanza de que germinaría; pero ignoraban que era una semilla estéril, es decir, no tenía un embrión apto para desarrollarse. Su infecundidad se ha manifestado durante los primeros cinco meses de gobierno.
Según el propósito de transformación o de cambio, el gobierno del señor Arévalo ha fracasado.
Segundo. Ser responsable ante los desafíos del presente. Dijo el señor Arévalo: «Sin embargo, no podemos limitarnos a soñar con el futuro o aferrarnos al pasado. Debemos asumir la responsabilidad del presente; y el presente, en Guatemala, nos presenta desafíos tremendos que no podemos ignorar. Es necesario enfrentarlos con determinación y con un compromiso renovado con el bienestar de todos y cada una de las guatemaltecas y los guatemaltecos.»
No compruebo, ni observo, ni atisbo que, durante los primeros cinco meses de gobierno del señor Arévalo, él haya asumido «la responsabilidad del presente» ante «desafíos tremendos». No encuentro algún indicio de que el señor Arévalo «enfrente» esos desafíos «con determinación y con un compromiso renovado con el bienestar de todos». Mi impresión es que esos desafíos persisten inalterables.
Según el propósito de responsabilidad ante los desafíos del presente, el gobierno del señor Arévalo ha fracasado.
Tercero. Finalizar un presente doloroso. Dijo el señor Arévalo: «Nuestro presente está marcado por el dolor. Guatemala ha sufrido heridas profundas que requieren sanación.» Dijo: «la pobreza que enfrentamos no está bien» (como si alguien opinara que está bien que haya pobreza); y «es especialmente doloroso observar el sufrimiento de nuestros niños; y eso no está bien» (como si alguien opinara que está bien que los niños sufran). Dijo: el presente «es tan desolador, que muchos de ustedes, hermanos y hermanas, han derramado lágrimas por tanto sufrimiento. Yo también he llorado y también me he sentido abrumado por la tristeza. Sin embargo, no podemos seguir viviendo de esta manera.»
No compruebo, ni observo ni atisbo que, durante los primeros cinco meses de gobierno, se haya iniciado algún proceso de finalización de ese «presente doloroso»; o algún proceso de sanación de aquellas «heridas profundas», y de cese de la pobreza y del sufrimiento de los niños, y del llanto y la tristeza de «muchos de ustedes» y del mismo señor Arévalo. No encuentro algún indicio de que el presente doloroso está convirtiéndose en futuro placentero. Persiste ese «presente doloroso»; y quizá, aunque se muestre sonriente y alegre, secretamente el señor Arévalo continúa lloroso y triste.
Según el propósito de finalizar un presente doloroso, el gobierno del señor Arévalo ha fracasado.
No puede pretenderse que, en cinco meses, el gobierno del señor Arévalo haya tenido éxito total, según sus propósitos; pero podía haber iniciado inequívocamente el logro de esos propósitos. Entonces los ciudadanos que votaron por él hubieran celebrado su acierto, y los que no votaron por él, hubieran lamentado su desacierto. Empero, presumo que, durante los cinco meses de gobierno, no todos aquellos que votaron persisten en creer que acertaron; y no todos aquellos que no votaron por él, persisten en creer que desacertaron.
Los propósitos de gobierno del señor Arévalo son criterios relativos de éxito o de fracaso, porque no necesariamente debía tener tales propósitos. Hasta podía desistir de ellos. En este caso, ya no podrían ser criterios para juzgar sobre su éxito o fracaso. Empero, hay criterios absolutos, que consisten en las funciones que la Constitución Política adjudica a quien gobierna, es decir, a quien ejerce la Presidencia de la República. Esas funciones son criterios absolutos, porque necesariamente tienen que ser ejercidas.
Las primeras funciones son cumplir y obligar a cumplir las leyes; ocuparse de la defensa y la seguridad de la nación, y de la conservación del orden público, y ejercer el mando de toda la fuerza pública. Son funciones adjudicadas al gobernante para que brinde seguridad civil, es decir, garantía de ejercicio del derecho a la libertad, la vida y la propiedad de bienes.
Según estos criterios, ¿ha fracasado o ha sido exitoso el gobierno del señor Arévalo, durante sus primeros cinco meses? Ha fracasado. La criminalidad que amenaza la libertad, la vida y la propiedad, ha prosperado arrogante, como si estuviera legalmente autorizada.
Ese fracaso no es casual. Precisamente en el discurso de aquel día 15 de enero, pronunciado en el balcón presidencial, el señor Arévalo exclamó: «¡No más desigualdad, ni discriminación, ni exclusión»! No exclamó: «¡No más asesinato, secuestro, robo y extorsión!» Cualquier tópico sobre seguridad civil estuvo excluido de ese discurso, como si, en aquel mismo día en que él, el señor Arévalo, fue declarado oficialmente presidente electo, la criminalidad hubiera huido espantada, temerosa de ser urgentemente objeto predilecto del odio, el coraje y la furia de él, y ser combatida por él, con «responsabilidad», «determinación» y «compromiso».
Post scriptum. El fracaso del gobierno del señor Arévalo según criterios relativos, me importa, porque puede ser deseable fracaso en lograr propósitos que atentan contra el bien de la patria. El fracaso según criterios absolutos me importa, porque es indeseable fracaso en ejercer el poder presidencial para garantizar el ejercicio del derecho a la libertad, la vida y la propiedad de bienes.

Le invitamos a leer más del autor:



